Las ola de frío polar que afecta a gran parte del país, en especial a distintas localidades de la Patagonia, entre la noche del miércoles y la madrugada de este jueves dejaron muestras de distintos fenómenos naturales que, a menudo, las personas suelen confundir. Sin embargo, no es lo mismo hablar de nieve, aguanieve o granizo.
A raíz de la masa de aire antártico que ingresó a la Argentina, en general; y a la región patagónica, en particular, surge una duda que se repite invierno tras invierno: cuál es la diferencia entre nieve, aguanieve, granizo y qué dice la ciencia al respecto.
La lluvia y la nieve son las formas de precipitación más conocidas por la población. Sin embargo, durante el invierno suelen registrarse otros fenómenos que generan dudas y hasta confusiones entre quienes los observan. La aguanieve, el granizo, el graupel e incluso la lluvia helada tienen características propias y se producen bajo condiciones atmosféricas muy específicas.
De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la diferencia principal entre estos fenómenos está relacionada con la temperatura de las nubes y de las distintas capas de aire que atraviesa la precipitación antes de llegar al suelo.
Cuando el cielo se viste de blanco: cómo se forma la nieve
La nieve nace en nubes donde las temperaturas son muy bajas. En esas condiciones, las gotas de agua se transforman en pequeños cristales de hielo que se unen para formar los característicos copos. Si durante todo su recorrido hacia la superficie el aire permanece por debajo de los 0 °C, esos copos llegan intactos al suelo y se produce una nevada. En cambio, si atraviesan capas de aire más cálidas, comienzan a derretirse y pueden transformarse en lluvia antes de tocar tierra.
La nieve es uno de los fenómenos más esperados del invierno, especialmente en las zonas cordilleranas, donde forma parte del paisaje y de la vida cotidiana de miles de personas..
A mitad de camino: qué es la aguanieve
La aguanieve, como su nombre lo indica, aparece en una situación intermedia entre la lluvia y la nieve. Ocurre cuando existe una capa de aire más cálida entre la nube y el suelo, pero esa franja no tiene suficiente espesor para derretir completamente todos los copos. Como resultado, algunos se transforman en gotas de agua mientras otros continúan cayendo como nieve.
Por eso, durante un episodio de aguanieve es posible observar simultáneamente copos y gotas, un fenómeno frecuente durante los cambios bruscos de temperatura.
Bolas de hielo desde las nubes: el origen del granizo
Aunque muchas veces se lo asocia con la nieve, el granizo tiene un proceso de formación completamente diferente. Está compuesto por que se desarrollan dentro de nubes convectivas, donde existen fuertes corrientes ascendentes de aire. Estas corrientes impulsan repetidamente las partículas de hielo hacia zonas más frías de la nube, permitiendo que acumulen nuevas capas hasta alcanzar un tamaño suficiente para caer.
A diferencia de los copos de nieve, el granizo tiene una estructura compacta y suele estar asociado a tormentas intensas.
El fenómeno menos conocido: qué es el graupel
Entre las precipitaciones invernales existe una que suele sorprender incluso a quienes siguen de cerca los fenómenos meteorológicos: el graupel. Se trata de pequeños granos de hielo blanco, conocidos también como granizo blando o granizo menudo, cuyo diámetro puede alcanzar hasta cinco milímetros. A simple vista puede parecer nieve, pero su composición es diferente.
Según explica el SMN, se forma cuando gotas de agua muy frías se congelan alrededor de cristales de hielo, creando pequeñas bolitas de escarcha. Su caída suele ser irregular y menos compacta que la del granizo tradicional.
Para que aparezca el graupel deben coincidir varias condiciones poco frecuentes: aire muy frío tanto en superficie como en altura, suficiente humedad y movimientos verticales dentro de las nubes que favorezcan la formación de cristales de hielo.
La lluvia que se congela al tocar el suelo
Otro fenómeno singular es la lluvia helada o engelante. En este caso, las gotas permanecen en estado líquido aunque su temperatura sea inferior a los 0 °C, una condición conocida como agua sobreenfriada. Cuando impactan contra el suelo, vehículos, árboles o tendidos eléctricos, se congelan de manera instantánea.
El resultado es una capa de hielo transparente y muy resbaladiza que puede generar complicaciones en caminos, rutas y áreas urbanas.
Comprender cómo se forman estos fenómenos permite interpretar mejor los alertas meteorológicos y valorar la complejidad de los procesos atmosféricos que ocurren sobre nuestras cabezas, especialmente durante los meses más fríos del año.