Dicen que la Bayer enterró tóxicos. Y que todavía están allí, y nadie ha dicho nada nunca. Así me lo comentaron y en esos términos lo charlamos con Norberto Masso, en la Redacción del diario La Mañana del Sur. Era 1996, el diario venía bien, y estábamos empeñado en mejorar, en lo posible, saliendo de la agenda y encontrando temas fuertes.
El otro diario no va a tocar este tema. Lo podría haber hecho antes y no lo hizo, le dije a Masso. ¿Te hacés cargo de la investigación?, le propuse. La propuesta fue aceptada rápidamente. Y allí empezó a viajar Masso, a Roca, y a El Cuy, en busca del misterioso enterratorio, que se decía que estaba por allí, pero que nunca se había comprobado.
No sabíamos la magnitud que tendría, ni si lo encontraríamos. Era una investigación que sólo podría tener fuerza si la fosa era encontrada, abierta y mostrada. De otra manera, seguiríamos en la incertidumbre de si era o no cierto lo que se comentaba entre los pobladores más antiguos.
Masso empezó a encontrar testimonios. Uno era clave. Nada menos que la persona que había recibido la orden de enterrar los tóxicos: drogas, plaguicidas, en gran cantidad.
Sigamos. Necesitamos encontrar el lugar. Y ver qué hay allí, le dije al ansioso investigador periodístico, ante la pregunta de si ya podíamos publicar algo.
Y Masso siguió. Infatigable. Iba y venía. Buscaba. Llamaba por teléfono. Avanzaba en contactos. Hasta que un día dijo: Tengo el lugar. Lo único que hay que hacer es cavar.
Movió contactos, influencias, y la cartera ambiental del gobierno rionegrino se prendió. Se pusieron máquinas en el lugar marcado por Alberto Benatti, el ex empleado de la multinacional. Las máquinas cavaron.
Así, en julio de 1996, pudimos publicar la primera nota. Fue el día antes de que se desenterraran los tóxicos. Sabíamos que ya estaba, y podíamos hacer el anticipo con la certeza de confirmarlo al otro día.
Y así lo hicimos, el 24 de julio: “Técnicos del Gobierno hallaron el basurero químico en El Cuy”, fue el título, con una volanta que resaltaba “Se confirmó la investigación de este diario”.
La confirmación indicó que la empresa Bayer había enterrado entre 10 y 12 toneladas de residuos químicos y agroquímicos en El Cuy, en la provincia de Río Negro. Los desechos tóxicos, que principalmente eran plaguicidas vencidos, se habían sepultado entre 1970 y 1972.
Durante años, nadie había dicho nada.
Benatti, el ex empleado encontrado por el periodista Masso, declaró ante la Justicia que habían sido directivos de la empresa quienes le habían ordenado enterrar los tambores con agrotóxicos, en esa zona desértica, en la vasta meseta patagónica.
Después de abrir la fosa y de la repercusión que tuvo el hecho, el gobierno de Río Negro, y los entonces diputados nacionales Carlos Soria, y Miguel Ángel Pichetto, denunciaron penalmente a la filial argentina de Bayer, por violar las leyes de residuos peligrosos.
El Juzgado Federal de General Roca dictó una medida precautoria, que impidió a Bayer manipular el terreno o llevarse muestras sin supervisión oficial.
El caso, publicado por nuestra iniciativa y consecuencia de la investigación, tuvo repercusión nacional e internacional. La organización ecologista Greenpeace Argentina lideró las protestas, aportó antecedentes de manejo irregular de plaguicidas, y exigió el saneamiento total del área.
En marzo de 1997, un peritaje oficial determinó que los tóxicos alojados en el suelo no habían llegado a contaminar las napas subterráneas de la zona. Bayer asumió el costo del desentierro y trasladó los residuos tóxicos de regreso a Alemania, para su disposición final, y posterior destrucción.
Lindo quilombo, armaron. Pero estuvo bien. La Bayer no me pudo decir nada, me dijo, después, Julio Ramos, el dueño del diario, tras publicar la investigación de La Mañana del Sur en Ámbito Financiero, que, por esos años, era uno de los diarios más importantes de Buenos Aires.
Cada tanto, con Masso, nos acordamos de los viejos tiempos. Y de cómo dos pelagatos, desde Neuquén, le armaron un lío bárbaro a una de las multinacionales más grandes del mundo.