Leer también es encontrarse con otros. Con una historia, con una voz, con una idea, pero también con quienes comparten el mismo libro y hacen de la lectura una experiencia colectiva. En tiempos en los que muchas veces se repite que los jóvenes no leen o que los libros perdieron espacio frente a otras formas de entretenimiento, hay quienes prefieren hacerse otra pregunta: ¿qué estamos haciendo para acercar los libros a las personas?
Esa pregunta adquiere una dimensión especial. Y para Cecilia Bona, creadora de Por qué leer, la respuesta pasa por tender puentes: llevar los libros a las escuelas, las bibliotecas, las casas, las plazas y hasta los vagones del subte. Su proyecto lleva casi ocho años difundiendo literatura, recomendando libros y compartiendo cuentos leídos, pero también impulsando una idea que atraviesa toda su mirada: la lectura no debería ser una obligación ni un territorio reservado para especialistas, sino una posibilidad al alcance de todos.
En esta entrevista en el programa Entretiempo por AM550, Bona habla de la importancia de celebrar la lectura todos los días, de los prejuicios alrededor de los jóvenes y los libros, de los clubes de lectura, de aquella experiencia que reunió a casi 300 personas leyendo en un tren y de los libros que dejaron una marca en su propia historia como lectora.
¿Qué significa para vos celebrar el Día del Lector?
Me lleva a festejar porque, ¿por qué no? Siempre que se pueda festejar, celebrar y abrazarnos me parece que es un hermoso plan. Pero también me hace pensar que un día contra 364 es muy poco. Creo que estaría bueno que hubiera una celebración de la lectura cada día. No digo que tengamos que leer todos, sino que quiero llevar mi trabajo cada vez más hacia hablar de libros y hacer circular el valor de los libros para todos y todas. Que estén en las casas, en las escuelas, que la gente conozca y se acerque a las bibliotecas. También me gusta pensar que el libro puede ser una posibilidad de conversación. Muchas veces hablamos de la serie que estamos viendo, de la película que fuimos a ver o de aquello que nos recomendaron. Me gustaría que el libro también se cuele en nuestras conversaciones. Para eso tiene que haber cada vez más puentes entre las personas y los libros.
¿Por qué es necesario tender esos puentes?
Porque el libro es una de nuestras expresiones artísticas que más necesita mediación. El libro cerrado no funciona. El libro cerrado no genera lo mismo que el libro abierto. Para que uno se sienta, por la forma en la que hemos construido nuestra cultura, merecedor de abrir un libro, tuvo que haber primero otro que tendiera un puente. María Teresa Andruetto, por ejemplo, habla de eso: de alguien que tiende un puente. Y eso es lo que me gusta pensar en un día como hoy. Hoy tendemos un puente y mañana vamos a seguir tendiendo puentes. También tenemos que preguntarnos cómo fortalecerlos y qué reclamarles a nuestras autoridades para que profundicen las políticas públicas relacionadas con el acercamiento de las personas a los libros. La lectura genera nuevas conexiones en nuestro cerebro, nos acerca entre nosotros y, sobre todo, mejora nuestra forma de habitar y relacionarnos con el mundo. Estimula nuestra creatividad y eso es invaluable. Por eso es necesario que haya más libros abiertos y menos libros cerrados. Leer juntos también contagia
"También me gusta pensar que el libro puede ser una posibilidad de conversación. Muchas veces hablamos de la serie que estamos viendo, de la película que fuimos a ver o de aquello que nos recomendaron. Me gustaría que el libro también se cuele en nuestras conversaciones. Para eso tiene que haber cada vez más puentes entre las personas y los libros", dijo Cecilia Bona.
Hace pocos días realizaron una actividad muy particular en Buenos Aires, en un vagón de subte. ¿Cómo fue?
Sí. El sábado pasado, con motivo del Día del Lector y en la Semana del Lector, junto a SUTPE de Buenos Aires y Bibliotecas Públicas de la Ciudad hicimos una actividad que llamamos Colectivo de Lectores, en su edición Vagón de Lectores. Nuestro plan siempre es invitar a la gente a llenar un vagón, pero fuimos casi 300 personas. Entonces llenamos todo el tren, todos los distintos coches de la formación. Cada uno estaba convocado a leer su libro en silencio, pero nos sosteníamos entre todos como una red. Cuando levantás la vista y ves que todo el mundo está leyendo, decís: “Yo también quiero”. O te quedás en la actividad porque sentís que la lectura del otro, el compromiso del otro con su libro, también ayuda a sostener el tuyo. Y esta vez hicimos algo diferente. A diferencia de las otras 27 ediciones que hicimos de este evento, no solamente en el subte sino también en plazas y parques de todo el país, esta fue la primera vez que lo abrimos al público general de toda la Argentina para hacerlo en simultáneo. Tuvimos por lo menos diez réplicas en ciudades como Mar del Plata, Posadas, Comodoro Rivadavia, Puerto Pirámides, Córdoba, Brandsen, Adrogué y Goya. Distintas personas se sumaron con sus grupos de amigos, clubes de lectura o vecinos que quizás no se conocían. Los convocaron por redes sociales y, al mismo tiempo que nosotros leíamos en Buenos Aires, ellos leyeron en esta especie de red telepática de lectura que armamos.
“Es un error decir que los jóvenes no leen”
Muchas veces se escucha que la gente lee cada vez menos. Sin embargo, vemos crecer los clubes de lectura y los espacios de intercambio. ¿Qué está pasando?
Cuando uno consume algún hecho artístico, sea literatura, cine o música, en realidad va a buscar comunidad. Va a buscar estar con otro. Si quiero leer tu libro es porque quiero saber qué me dijiste vos de esa historia que investigaste. Si quiero ir a buscar una voz, quiero ir a buscar una idea. Siempre se trata de la comunidad. Lo que pasa es que desde ciertos lugares de poder, desde micrófonos periodísticos, desde estructuras del Estado o desde las academias, se ha tratado de instalar qué hay que leer. Y si la gente lee otra cosa, no llaman a eso lectura. Ahí se produce un error enorme: decir que los jóvenes no leen cuando las propias editoriales dicen que los libros que más se venden son los de literatura juvenil. ¿Quién compra esos libros? ¿Los adultos solamente? No. Quiere decir que los jóvenes leen y consumen un tipo de literatura que probablemente los adultos o la academia no consideren un libro o una lectura. Por eso me parece que está bueno desarmar esos preconceptos. Cuando me preguntan por qué los jóvenes no leen, estoy siempre a un centímetro de decir: “¿Y vos qué hacés para que lean?” Supongamos que identificaste que el problema es que los jóvenes no leen. ¿Qué hiciste vos en tu vida para que lean?
¿Estás leyendo o estás señalando al que no lee para que no te pregunten a vos?
Señalar a uno que no lee muchas veces funciona como un escudo para no decir que vos tampoco estás leyendo. Entonces me parece un planteo muy egoísta y muy hipócrita. Si detectaste una problemática, estaría bueno que hicieras algo para que eso cambie. Yo creo que la gente lee mucho. Probablemente quisiéramos que leyera más, como también quisiéramos nosotros tener más tiempo para leer. Pero tenemos que pagar facturas, reclamar pagos, trabajar, incluso tener un tercer trabajo. La lectura requiere tiempo, concentración y dedicación. Estamos en un momento donde eso no siempre se propicia. Laura Devetach tiene una frase que me encanta: para sojuzgar a los pueblos, las autoridades declaran que es importante leer, pero después no propician la lectura. Entonces te remarcan que vos no estás haciendo lo que te haría un buen ciudadano y todo el tiempo estás en deuda. A mí no me interesa trabajar con ese concepto. Yo trabajo al revés: hagamos que la lectura circule. Después, si no querés leer, buenísimo. Pero tuviste el derecho de acercarte a la lectura. ¿Alguien te la ofreció?
"Lo que pasa es que desde ciertos lugares de poder, desde micrófonos periodísticos, desde estructuras del Estado o desde las academias, se ha tratado de instalar qué hay que leer. Y si la gente lee otra cosa, no llaman a eso lectura. Ahí se produce un error enorme: decir que los jóvenes no leen cuando las propias editoriales dicen que los libros que más se venden son los de literatura juvenil. ¿Quién compra esos libros? ¿Los adultos solamente? No", explicó la creador de Por qué leer.
¿Qué estás leyendo actualmente?
Estoy leyendo de todo, todo a la vez. Está mal para mí misma porque no es la forma de lectura que más me gusta, pero estoy leyendo. Terminé esta mañana Imprenteros, de Lorena Vega. Es una obra de teatro que ella montó junto a sus hermanos para mostrar lo que pasaba dentro de la imprenta de su familia y que después se convirtió en libro. No solamente está la obra de teatro, sino que también hay material adicional: cosas que cuenta Lorena, biografía, fotos de la familia. La imprenta la tuvieron que cerrar cuando murió el padre de ellos, que era imprentero. Los hermanos se quedaron con el taller gráfico, cerraron con candado y nunca más volvieron al lugar donde se habían criado con su papá. Con ese dolor, Lorena construye una historia que primero fue una obra de teatro y ahora llegó al formato libro. Es un libro precioso como objeto. También estoy leyendo Shunga de Martín Sancia Kawamichi.
¿Recordás cuál fue el primer libro que leíste y que realmente quedó en vos?
Es una buena pregunta porque yo empecé a leer desde que mi mamá decidió que empezara a leer. También está la transmisión oral de historias, la escucha, cuando uno todavía no entiende las letras pero aparece alguien que las interpreta. Lo primero que disfruté mucho leyendo sola fue Yo y mi hermana Clara, de Dimiter Inkiow. Para nadie significa nada, digamos. No es El Principito. No es un libro relevante para la historia de la literatura. Pero a nadie le importa la historia de la literatura si, para la historia personal de la literatura propia, ese libro fue relevante. Yo tengo muchos hermanos, somos seis, y siempre había mucha gente en mi casa. Siempre había mucho ruido y nunca podías jugar sola. Entonces, uno de los momentos en los que estaba permitido estar sola era leyendo. Me sentaba en un sillón o leía antes de dormir. Mi hermana se enojaba porque ella quería dormir con la luz apagada y yo necesitaba la luz prendida. Pero esos eran momentos en los que yo elegía con qué ocupar mi tiempo y era con ese libro. Lo leía una y otra vez. Eran las aventuras de dos hermanitos que hacían travesuras. Eso era todo el libro. Pero como era gordito y tenía una especie de novela por capítulos, yo sentía que era Borges. El libro te da una autonomía que no te dan muchas cosas.
"Yo tengo muchos hermanos, somos seis, y siempre había mucha gente en mi casa. Siempre había mucho ruido y nunca podías jugar sola. Entonces, uno de los momentos en los que estaba permitido estar sola era leyendo. Me sentaba en un sillón o leía antes de dormir. Mi hermana se enojaba porque ella quería dormir con la luz apagada y yo necesitaba la luz prendida. Pero esos eran momentos en los que yo elegía con qué ocupar mi tiempo y era con ese libro", explicó.
Por qué leer: ocho años de historias y recomendaciones
¿Cómo pueden encontrar a Por qué leer quienes todavía no conocen el proyecto?
Por qué leer es @porqueleerok en todas las redes. Estamos especialmente en YouTube e Instagram, pero también en Facebook, X y TikTok. El contenido especial lo hacemos para YouTube e Instagram. Además tenemos una cuenta de audiolibros, Audiolibros Por qué leer, que pueden buscar en YouTube o Spotify. Todas las semanas compartimos un cuento leído. Yo lo grabo, lo editamos y lo subimos. Son cuentos de autores contemporáneos, clásicos de Argentina, Latinoamérica y del mundo, escritos en español o traducidos. Ya tenemos una lista de alrededor de 400 cuentos, porque llevamos casi ocho años de publicaciones semanales. Me encanta que la gente los escuche, que me diga qué le parece y que pueda disfrutarlos. Es una manera de hacer mover las historias por lugares del mundo donde mi voz y mi cuerpo todavía nunca estuvieron.