A medida que pasan los días del terrible terremoto que azotó a Venezuela, se van conociendo historias de vida, algunas con final feliz, otras no.
En una nota anterior, contábamos cómo los rescatistas valoraban todo tipo de ser vivo al momento de auxiliar: personas y animales.
Pero también hay animales que ayudan a salvar vidas y entre ellos, se conoció la historia de Tsunami, un perro border collie que fue rescatado del maltrato y que después fue entrenado para actuar en situación de catástrofes naturales.
Tsunami tiene 9 años y en las últimas horas ha realizado 30 rescates en Caracas, entre ellos, el de un hombre de 60 años, con vida, bajo los escombros de las Residencias Rita, en la urbanización San Bernardino de Caracas.
Pero él es solo uno de los tantos canes que llegan junto a sus adiestradores desde otros países. Halley, Kenai, Balam y Orly, de México, se suman a las tareas de rescate.
Argentina también ha enviado su Agrupación perros de guerra de la Armada Argentina para participar de tareas de búsqueda.
Son aproximadamente 18 los canes que trabajan incansablemente en la búsqueda de sobrevivientes.
Los perros de rescate tienen un papel fundamental en la respuesta a situaciones de emergencia como terremotos, incendios o accidentes. Éstos animales, especialmente entrenados, pueden localizar a personas atrapadas bajo los escombros o en otras condiciones peligrosas.
El entrenamiento es una tarea compleja que requiere un alto nivel de conocimiento y experiencia. Se deben comprender las necesidades de cada perro y las técnicas de adiestramiento más efectivas.
Como las personas, cada perro es único y tiene sus particularidades. Hay algunas razas más adecuadas para situaciones de crisis: Pasto alemán, San Bernardo, Pastor belga, Golden Retriever o e Border Collie, como Tsunami. Su físico debe ser óptimo: perros medianos, atléticos y con buen desplazamiento, además de un buen instinto.
Estos héroes, no son sólo compañeros, son profesionales altamente capacitados que junto a sus guías se enfrentan a desafíos extremos para salvar vidas.
Hay algunos que pueden trabajar con cualquier guía, pero por lo general trabajan en binomio con el suyo. De hecho, uno vez que a los animales los jubilan, se quedan con su adiestrador hasta el fin de sus días.