En Neuquén, donde el viento parece empujar todo hacia adelante, hay historias que crecen en silencio, lejos del ruido de los grandes centros. La de Kiran Sharbis es una de esas. Actor, músico y realizador audiovisual, su recorrido no responde a fórmulas ni atajos: es, más bien, una construcción paciente, atravesada por decisiones firmes, intuición y una obstinación que nunca negoció con la distancia.
Invitado al programa Entretiempo por AM550, Sharbis abrió su historia como quien despliega un mapa íntimo: desde sus primeros contactos con el arte hasta su presente en producciones de alcance internacional.
“Empezó muy temprano, en la primaria”, cuenta. Y no exagera. Su formación artística nació en un modelo educativo que hoy parece lejano: integral, diverso, abierto. “En la Escuela Superior de Bellas Artes teníamos pintura, folclore, música, expresión corporal. Ahí aparecieron las primeras conexiones con las notas musicales”, recuerda.
Pero no todo fue aula. Hubo también territorio.
Su infancia transcurrió entre la ciudad de Neuquén y Chos Malal, en un paisaje que hoy evoca como una aventura permanente. “Vivíamos en Confluencia rural, era otro mundo. Iba a la primaria en la Escuela 136. Salíamos en canoa al río, explorábamos, era una expedición constante. Yo era el nene más feliz del mundo”, dice.
Ese universo cambió cuando se trasladó al norte neuquino. En Chos Malal llegó como “el nuevo”, cargando incluso con una rivalidad histórica: “Me decían cosas por el tema de la capital, hubo algo de bullying al principio”, reconoce. Pero también fue el lugar donde algo hizo clic. “Ahí tuve el primer contacto con el teatro. Y ya no lo solté más”.
Entre dificultades y contención —“familias que me daban de comer, que me alojaban porque mi madre trabajaba mucho”—, Sharbis empezó a construir no solo su identidad personal, sino también artística. Su madre se desempeñaba como maestra rural en la comunidad mapuche Mellao Morales en el paraje Cajón del Manzano,
En 2011 hizo una publicidad que tuvo como protagonista a Juan Román Riquelme. El encuentro con el actual presidente de Boca lo sorprendió.
El teatro como punto de partida
De regreso en Neuquén, encontró en los talleres municipales un espacio clave. “Antes era más integral, entrenabas fuerte y conocías mucha gente. Esa formación todavía hoy me sirve”, asegura. Sin embargo, durante años el teatro fue un territorio de exploración más que un destino profesional. Hasta que en 2008 ocurrió el quiebre.
“Vi un documental sobre Tom Cruise y me conmovió. Esa noche no dormí. Al otro día fui a la librería Libracos y me compré todos los libros de actuación que encontré”, cuenta entre risas. No fue un impulso pasajero. Fue un plan.
“Me anoté todo en un cuaderno: qué tenía que hacer para convertirme en actor de cine y televisión. Y empecé a cumplir cada paso de manera frenética”, explica.
En Neuquén, tomó clases con Lala Vega y Elsa Hernández y se propuso transformarse en un actor profesional y llegar al cine y la televisión.
Desde Neuquén, el camino hacia la industria audiovisual parecía cuesta arriba. Pero Sharbis no lo vio así. O, al menos, no dejó que eso lo frenara. “Estaba con el cuchillo entre los dientes. No evaluaba si era difícil o no. Iba”.
Armó su propio material, gestionó contactos, buscó castings y empezó a viajar. Muchas veces sin garantías. “Dormí en aeropuertos, viajé con muy poca plata. Era casi kamikaze, pero quería estar”.
Y los resultados llegaron rápido. “En los primeros meses ya estaba trabajando”, recuerda. Participó en producciones internacionales y entendió que algo estaba funcionando: “Que una directora de casting importante te elija, algo te está diciendo”.
Su aparición con Francella haciendo de una persona en situación de calle en la segunda temporada de "El Encargado".
Cine, formación y mirada integral
Lejos de quedarse solo en la actuación, Sharbis amplió su campo. Estudió guion, montaje, fotografía y producción audiovisual. “No fue que un día dije ‘ahora dirijo’. Me fui formando desde siempre”, explica.
Esa mirada integral lo llevó a generar sus propios proyectos. “Esto es un trabajo. Tenés que producir, organizar, financiar. No es solo actuar o tocar música”.
En ese recorrido, una película marcó un punto clave: El azote, dirigida por José Campusano. “Me cambió la forma de ver las cosas. No fue un salto mágico en la carrera, pero me mantuvo en la órbita”. La película se estrenó en 2017 y obtuvo la Competencia Mejor Película Argentina en el 32° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Narra la historia de Carlos Agustín Fuentes (personaje de Kiran) un asistente social responsable de un centro asistencial para menores judicializados, ubicado en la zona del alto de Bariloche. La historia se basa en hechos reales que ocurrieron durante cinco años en esa institución.
Kiran también formó parte del elenco de “Entre hombres” una miniserie coproducida por HBO y Pol-ka en la que se puso en la piel del gitano André, personaje que apareció en tres de los cuatro capítulos de esta producción que se emitió en más de cincuenta países de Latinoamérica. “Me había presentado en castings de varias series, entre ellas la de Monzón, El puntero, entre otras, y quedé para 'Entre hombres', donde hice el papel de un gitano que vende autos, me gustó mucho hacer ese personaje”, comenta. El neuquino formó elenco con grandes nombres del cine y teatro como Norman Brisky, Gabriel Goity, Claudio Rissi entre otros.
Entre el cine independiente y la industria
Durante la entrevista, también reflexionó sobre el crecimiento del audiovisual en Neuquén. Destacó la convivencia de distintos modelos: el cine institucional, el independiente y el comunitario. “Antes era más difícil. Hoy ves salas llenas para producciones locales, hay un público que está creciendo”, señala.
Para Sharbis, ese movimiento es vital: “Que existan esas tres patas le da una amplitud enorme a la cultura”.
De un casting incómodo a compartir escena con Riquelme
Entre las anécdotas más curiosas aparece su participación en 2011 en una publicidad de las marcas Pepsi y Lays con Juan Román Riquelme, en aquel entonces ídolo indiscutido de Boca y actual presidente del xeneize. “Yo soy hincha de River y en el casting me hicieron bardear a River… lo hice con todo. Pensé que me había ido pésimo”, cuenta. Sin embargo, quedó seleccionado. Y el encuentro con Riquelme lo sorprendió.
Sobre Riquelme recordó que fue “muy copado. Llega y saluda a todos, uno por uno. A mí me preguntaba: ‘¿Te están tratando bien?’. Tiene un código muy particular, muy humano”.
"Al principio no entendí muy bien, pero con el correr de las horas en el set de grabación me di cuenta. El es muy copado con la gente más humilde, los laburantes pero a los de arriba se les planta enseguida, no se le mueve un pelo si tiene que defender algo y de forma muy directa, se ve que es una cuestión de códigos que él lleva siempre”, cuenta.
“Mi personaje en El Encargado es alguien en situación de calle que tiene un vínculo con el personaje de Francella. Él baja y le ofrece cosas… pero siempre medio inútiles”, describe con humor.
“El Encargado”: el salto a una serie de alcance global
Uno de los puntos más destacados de su carrera reciente es su participación en El Encargado, la serie protagonizada por Guillermo Francella. Sharbis apareció en la segunda temporada y volvió en la cuarta, estrenada el 30 de abril. “Mi personaje es alguien en situación de calle que tiene un vínculo con el personaje de Francella. Él baja y le ofrece cosas… pero siempre medio inútiles”, describe con humor.
El trabajo actoral implicó una fuerte construcción física: “Laburé mucho desde la corporalidad, desde cómo se mueve alguien que está mal alimentado, que vive en la calle”.
Sobre compartir escena con Francella, es claro: “Es un maestro. Tenés que resolver en pocas tomas y estar a la altura”.
Aunque tuvo una participación modesta, como definió en su cuenta de Facebook, para Sharbis ha sido "para mí importantísima porque costó mucho estar nuevamente ahí". Y agregó "no sé si quise hacerme el actor yanqui de método o porque también no tenía un mango, pero la cuestión es que elegí dormir en la calle todos los días previos al rodaje, abracé el frío y la soledad, quería que la desesperanza imprima en la corporalidad y expresión de mi personaje (un hombre en situación de calle) y que transmita vulnerabilidad con sólo mirarlo. No se si lo logré, pero me queda la tranquilidad de haberlo dado todo".
Recordó también a sus maestros a quienes intentó honrar como así también a sus padres ""que me dieron su apoyo" y a los que confiaron en él. Se siente agradecido de seguir siendo tenido en cuenta, pese a vivir en Neuquén, por las producciones internacionales y sobre todo en este momento complejo que atraviesa el cine y televisión "en los cuales el trabajo es menos que escaso".
El presente: música, dirección y nuevos proyectos
Lejos de detenerse, Sharbis sigue generando contenido. Actualmente trabaja en la postproducción de un videoclip para la banda Monasterio y en el desarrollo de un cortometraje. “Siempre estoy haciendo algo. Es la forma de sostenerse en este oficio”.
También mantiene su vínculo con el cine comunitario y la formación de nuevos actores en la región, convencido de que el crecimiento colectivo es parte del camino.
Kiran Sharbis no romantiza el esfuerzo, pero tampoco lo esquiva. Su historia está hecha de decisiones incómodas, viajes largos y apuestas personales.
Desde aquel chico en Confluencia hasta el actor que hoy comparte pantalla en producciones internacionales, hay un hilo conductor claro: la convicción.
“Si surge la oportunidad, voy a estar ahí”, dice. Y en esa frase, simple y directa, parece resumirse toda su carrera.