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Una madre asesina fue el primer caso esclarecido por la huella dactilar

El método desarrollado por Juan Vucetich se usó judicialmente por primera vez en el horrendo caso de una mujer que mató a sus hijos.

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Era el invierno de 1892, cuando un crimen horroroso sacudió a los pobladores de Necochea, en la costa de la provincia de Buenos Aires. Los dos hijos de una mujer llamada Francisca Rojas, de 6 y 4 años, fueron encontrados asesinados a puñaladas en su cama. La denunciante, Francisca, de 27 años, presentaba solo una herida leve en la garganta.

La mujer acusó inmediatamente a su vecino, Ramón Velázquez, un hombre ya entrado en años, que supuestamente quería ser su pareja. Dijo que Velázquez los había atacado, por despecho, al ser rechazado.

La policía local detuvo a Velázquez de inmediato. El hombre negó los cargos de manera rotunda, pese a los intensos, y brutales, interrogatorios. La policía golpeó y torturó a Velázquez durante días para forzar una confesión, y llegó a atarlo a los cadáveres de los niños, en el cementerio.

Pero Velázquez siguió proclamando su inocencia. Ante el estancamiento del caso, sin una confesión, el jefe de la policía bonaerense envió al inspector Eduardo Álvarez, desde La Plata. Álvarez había sido entrenado personalmente por el antropólogo Juan Vucetich, en el flamante laboratorio dactiloscópico que éste había montado.

Álvarez revisó minuciosamente la escena del crimen, un rancho de adobe y paja. Descubrió una mancha de sangre, incompleta, en el marco de una puerta de madera, y, al observarla de cerca, distinguió las líneas de una huella de un dedo pulgar derecho.

El investigador cortó el pedazo de madera del marco y lo preservó como evidencia. Después, procedió a tomar las impresiones digitales de los sospechosos, y de la propia madre, para compararlas con la muestra.

Las huellas de Ramón Velázquez no coincidían con la marca de la puerta, pero sí las del pulgar derecho de Francisca Rojas.

Al ser confrontada con la evidencia científica, el 8 de julio de 1892, Francisca se desmoronó. Confesó haber matado a sus propios hijos, porque su amante no quería hacerse cargo de ellos. Fue condenada a prisión perpetua.

Fue el primer caso concreto que demostró la infalibilidad de la dactiloscopia, en un contexto de métodos imprecisos a los que acudía el sistema penal de la época.

El método había sido descubierto por el antropólogo y policía Juan Vucetich, quien el 1 de septiembre de 1891, fundó, en la ciudad de La Plata, el primer laboratorio de identificación dactiloscópica del mundo, inicialmente llamado Oficina de Identificación Antropométrica, con el fichaje inicial de 23 procesados.

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