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El mariscal que inspiró un cuento con atrocidades cometidas contra niños

La historia de Gille de Rais es uno de los capítulos más impactantes de la crueldad humana de todos los tiempos

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Dicen que el cuento “Barba Azul”, de Charles Perrault, se basó en una historia y un personaje real, del siglo XV, que se llamó Gille de Rais: un hombre de la nobleza, que fue encontrado culpable de la desaparición, tortura, y muerte, de unos 200 niños, un episodio tremendo en la saga de la crueldad humana, que tristemente encuentra cultores en todas las épocas.

Gille de Rais fue uno de los hombres más ricos, y más poderosos, de Europa. Combatió codo a codo junto a la mítica Juana de Arco, en la guerra de los Cien Años; y lideró las tropas que liberaron Orleans, en 1429.

Fue reconocido, por esas hazañas, con el título de Mariscal de Francia.

Pero, tras su retiro, a edad temprana (la gente vivía muy intensamente, y sus vidas eran cortas), refugiado en sus castillos, entró de lleno en derroches, lujos extravagantes e incursiones en la alquimia y la magia negra.

Fue así que sus sirvientes, y especialmente una corte integrada por mujeres ancianas, que oficiaban de reclutadoras, atraían a niños muy pobres, de las aldeas locales, hacia los castillos, con promesas de empleo, o limosnas, o simplemente, comida.

Los chicos eran encerrados, torturados, violados y asesinados. El modo utilizado era, habitualmente, el degollamiento, o directamente la decapitación.

Los cuerpos de las pequeñas víctimas eran quemados, en las grandes chimeneas de los castillos de Gille de Rais. Así, se completaba la desaparición, y el consecuente misterio, sobre el destino real de los niños.

Esto ocurrió durante años, y, aunque los rumores sobre la desaparición de niños crecían, Rais era intocable, por su estatus: no era fácil meterse con un Mariscal de Francia.

Sin embargo, el poderoso noble cometió un error político, cuando, en mayo de 1440, secuestró a un clérigo, en medio de una disputa por tierras. Entrar en conflicto con la Iglesia, en aquella época, no era aconsejable, ni siquiera para los mariscales.

El Obispo de Nantes, y el Duque de Bretaña, ordenaron iniciar una investigación formal. No fue necesario profundizar ni esperar demasiado: enseguida salieron a la luz decenas de crímenes, con niños como víctimas.

Gilles de Rais había caído en desgracia.

Ante la inminencia de la tortura, que le había sido anunciada por una combinación de pesquisas e inquisidores de la Santa Iglesia, y tras los abrumadores testimonios de decenas de padres, y de sus propios criados, el otrora Mariscal de Francia, ya sin títulos, confesó públicamente sus crímenes.

Un tribunal lo condenó a morir, en la horca, y a ser quemado.

Por quien había sido, y frente a una demostración pública de arrepentimiento religioso, se le concedió el privilegio de ser estrangulado en la horca, primero, para que su cuerpo cayera al fuego ya sin vida, evitando el sufrimiento de las llamas en la carne viva.

Así ocurrió, según los documentos rescatados por los historiadores, en las praderas de Biesse, Nantes, Ducado de Bretaña, actualmente territorio francés.

Allí fue ejecutado Gilles de Rais, quien tenía, se estimó, unos 35 años; y sus dos principales sirvientes y cómplices, Henriet Griart y Étienne Corrillaut.

El tribunal imputó formalmente unas 140 desapariciones, pero los historiadores y testimonios de la época estiman que las víctimas oscilaron entre 80 y más de 200 niños, principalmente varones, hijos de humildes campesinos.

Así fue cómo la figura histórica de Gilles de Rais, se mezcló con el folclore y la imaginación popular, lo que sirvió de inspiración para Charles Perrault, y su cuento, escrito, y publicado, en el siglo XVII.

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