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¿Mito o realidad? La hora de las brujas en los bebés

Muchas familias la conocen bien: llega el atardecer y el bebé parece más inquieto, llora más y nada parece alcanzarle para calmarse. Aunque durante años se atribuyó a los cólicos o los gases, hoy las investigaciones ofrecen otras explicaciones. 

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Jueves, 29 de octubre de 2026 a las 09:46
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Es una escena repetida en miles de hogares: después de una jornada aparentemente tranquila, llega la tarde y el bebé comienza a mostrarse irritable, demanda más brazos, busca el pecho con mayor frecuencia y tiene dificultades para relajarse. Popularmente se conoce como "la hora de las brujas", una expresión que suele generar dudas, preocupación y hasta sensación de fracaso en madres y padres primerizos.

Sin embargo, lejos de tratarse de un problema de crianza, los especialistas coinciden en que se trata de un fenómeno habitual durante los primeros meses de vida.

Un patrón que se repite en muchos bebés

La Técnica Puericultora y Doula Laura Zurzolo explica que la llamada "hora de las brujas" no es un diagnóstico médico, pero sí una situación ampliamente observada por quienes trabajan con familias y recién nacidos.

"Es un nombre popular que se utiliza para describir un patrón bastante frecuente: bebés que al final de la tarde o durante las primeras horas de la noche lloran más, están más irritables y tienen mayores dificultades para calmarse", señala.

Según explica, las investigaciones sobre el llanto infantil muestran que existe una tendencia natural a que las manifestaciones de incomodidad se concentren justamente en esas horas del día, especialmente durante los primeros meses de vida.

Un cerebro que trabajó todo el día

Uno de los factores más importantes está relacionado con la inmadurez del sistema nervioso.

Durante las primeras semanas de vida, cada sonido, movimiento, luz o rostro representa una enorme cantidad de información nueva para el bebé. A diferencia de los adultos, todavía no cuenta con mecanismos desarrollados para procesar y regular todos esos estímulos.

"Lo que para nosotros puede parecer una jornada normal, para un recién nacido implica un enorme trabajo de adaptación. Hacia el final del día esa carga sensorial se acumula y puede aparecer una especie de saturación que se expresa a través del llanto o la irritabilidad", explica Zurzolo.

¿Son los gases o los cólicos?

Durante años, la explicación más habitual apuntó directamente a los cólicos o a los gases. Sin embargo, hoy los especialistas consideran que el fenómeno es mucho más complejo.

Si bien las molestias digestivas pueden existir, no alcanzan para explicar por sí solas lo que ocurre en esas horas.

"La evidencia actual nos invita a mirar el problema de una manera más amplia, considerando también la maduración cerebral, los ritmos biológicos y la capacidad de regulación emocional del bebé", sostiene la puericultora.

El reloj biológico todavía está aprendiendo

Otra de las explicaciones proviene de cómo funcionan las hormonas relacionadas con el sueño y la vigilia.

Al nacer, los bebés aún no tienen completamente desarrollado su sistema circadiano, es decir, el mecanismo interno que ayuda al organismo a distinguir claramente entre el día y la noche.

Mientras que en los adultos existe una coordinación estable entre hormonas como la melatonina y el cortisol, en los recién nacidos esos ritmos todavía están en formación.

"El reloj biológico madura progresivamente durante los primeros meses. Por eso algunos bebés pueden presentar una mayor activación fisiológica justamente hacia la tarde o la noche", indica Zurzolo.

Esa activación puede hacer que el pequeño esté cansado pero, paradójicamente, tenga más dificultades para relajarse y dormir.

Cuándo suele ser más intenso

Los especialistas observan que este patrón suele alcanzar su punto máximo entre el primer y el segundo mes de vida.

Luego, a medida que madura el sistema nervioso y se organizan mejor los ciclos de sueño y vigilia, los episodios tienden a disminuir de forma gradual.

Por eso, aunque pueda resultar agotador para quienes cuidan, se trata de una etapa transitoria en la mayoría de los casos.

La importancia de acompañar

Frente a estas situaciones, Zurzolo recomienda cambiar la mirada y entender que no siempre hay un problema que resolver.

"Muchas veces estamos frente a un bebé que necesita regulación más que una solución inmediata", afirma.

Reducir los estímulos al final del día, bajar la intensidad de las luces, evitar ambientes ruidosos, favorecer el contacto corporal, el porteo, la lactancia y los movimientos suaves pueden ayudar a transitar esos momentos con mayor calma.

Un mensaje para las familias

La especialista destaca que la llamada "hora de las brujas" no significa que algo se esté haciendo mal ni que la crianza esté fallando.

"La mayoría de las veces estamos viendo la manifestación de un cerebro que está creciendo y madurando a una velocidad extraordinaria", señala.

Y concluye con un mensaje tranquilizador para madres y padres: "Quizás el desafío no sea lograr que el llanto desaparezca de inmediato, sino comprender qué necesita ese bebé en ese momento y ofrecerle presencia, contención y calma prestada".

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