Claudia Sobrero tiene 21 años, y un propósito. Quiere plata, y sabe cómo obtenerla. Su ex novio le dejó una llave. Ese pequeño adminículo metálico abre la puerta del departamento donde vive el abuelo. El abuelo tiene guita: es un dibujante famoso.
Claudia tiene un problemita. Se droga. Se droga y necesita plata, porque la droga, en 1984, en Buenos Aires, no se consigue tan fácil, y suele ser cara. Por eso, ahora, Claudia planifica. Ya tiene los socios para la aventura. Oscar Odín González Muñoz, su actual pareja, ya le dijo que la acompañará. Y le consiguió un amigo, Pablo Zapata, a quien le gusta, cada tanto, salir de fierros.
En el departamento vive Lino Palacio. Es el creador de Don Fulgencio, de Avivato, ilustrador de las tapas de Billiken. Don Fulgencio es el hombre que no tuvo infancia. Varias generaciones de argentinos disfrutaron de tales ingenuidades arquetípicas. Vive con su esposa, Cecilia Pardo Tavera. Los dos tienen ya 80 años. Salen poco. Son felices.
Claudia y sus compinches abren la puerta del departamento en la noche del 14 de septiembre. Llegaron caminando por las veredas oscuras. Es Recoleta, ahí viven los tilingos con guita. Abren la puerta, y se topan enseguida con Lino y Cecilia.
Los viejos se sorprenden. ¿Qué hacés acá? Pregunta Lino. Conoció enseguida a quien había sido pareja de su nieto, a quien era la madre de su biznieta. Claudia se sorprende y se calienta: deberían haber estado dormidos, la gran puta.
Hay confusión, hay gritos. La violencia nace con naturalidad, como si fuera parte de una película muda, la violencia se torna rápidamente silenciosa.
Cecilia Pardo recibe 16 puñaladas. Lino Palacio, 27. Ya desatados del todo, le aplastan la cabeza con una plancha. El departamento de Recoleta queda pintado de sangre. Claudia y sus compinches se miran. “Rápido. Hay que rajar”, dice uno.
Abren la caja fuerte. Allí hay unos 4 mil dólares, y algunas joyas. Manotean con ansiedad, y se van, corriendo.
El departamento de Recoleta queda en un espeso silencio. Los cuerpos de Lino y Cecilia, cómo títeres desarmados, yacen en el piso tapizado de manchas rojas, también espesas.
Pasa una semana. El 20 de septiembre, Claudia Sobrero es arrestada en Tucumán. Está vestida con jeans y lleva un sombrero vaquero. Al otro día, un diario titula: "La asesina del sombrero de cowboy".
La cárcel
En 1990, Sobrero es condenada a reclusión perpetua, más la accesoria por tiempo indeterminado. La sentencia la convierte en la mujer más joven -para esos años- en recibir esa condena.
La llevan al Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza. Allí, termina sus estudios secundarios, cursa materias de la carrera de Sociología, coordina talleres culturales, funda un taller de serigrafía.
En 2006, le otorgan la libertad condicional. Pero, un año después, vuelve a ser detenida, en el barrio de Belgrano en Buenos Aires, tras un robo callejero.
La libertad
La justicia revoca sus beneficios. Claudia Sobrero vuelve a prisión. Completa los 27 años de encierro efectivo. En 2012, sale en libertad.
Da entrevistas, que se reúnen para la realización del documental "Claudia". Publica una biografía, que titula, con simpleza, "Así murió Lino Palacios".
Ya pocos recuerdan esta historia. Y pocos, en las nuevas generaciones, han conocido al maestro de la ingenuidad inteligente argentina, aquel talentoso Lino Palacio.
Todo ha quedado manchado de sangre. Así es la cosa, en este país al sur de la desgracia.