Este viernes murió, a los 78 años, el enólogo francés Michel Rolland, una de las figuras más influyentes de la vitivinicultura mundial y con fuerte vínculo con la Argentina, donde tenía un viñedo en Mendoza.
La noticia fue confirmada por su entorno y por Bodega Rolland, que informó que el fallecimiento se produjo a causa de un infarto fulminante y destacó su trayectoria, marcada por más de cinco décadas de trabajo, viajes internacionales y una intensa actividad en la industria del vino.
El ingeniero agrónomo Marcelo Casazza, asesor de más de 30 bódegas (entre ellas, la neuquina Mabellini Wines), reconstruyó su vínculo profesional con Rolland en una charla con Mejor Informado.
El primer encuentro se produjo en 1996, en la bodega Trapiche Peñaflor, donde Rolland comenzaba a asesorar en Mendoza tras sus primeras experiencias en Cafayate, Salta.
“Yo tenía 26 años y empezábamos a trabajar juntos. Fueron sus primeros pasos en Mendoza”, señaló, quien luego continuó su carrera en Bodega Salentein, donde volvió a coincidir con el enólogo.
El desembarco en Neuquén
La relación profesional entre ambos se consolidó con la llegada a la Patagonia. En 2004, Casazza impulsó la incorporación de Rolland a Bodega del Fin del Mundo, tras gestiones con su entonces titular, Julio Viola.
Durante casi una década, trabajaron en conjunto en Neuquén, donde potenciaron la calidad de los vinos regionales.
“Potencializó todos los vinos de la zona y el Malbec neuquino”, explicó Casazza.
Un referente global del vino
Rolland asesoró a más de 150 bodegas en el mundo y fue considerado uno de los principales “flying winemakers”, con proyectos en países como España, Uruguay y Francia.
Según Casazza, su principal aporte fue técnico y conceptual: “Fue una de las mejores narices del mundo en cortes, blends e identificación de terroirs”.
Un cambio en la vitivinicultura argentina
Cuando llegó al país, a fines de los años 80, Rolland detectó potencial en los viñedos, pero no en los vinos elaborados. En ese contexto, impulsó la revalorización del Malbec, una cepa que no tenía reconocimiento internacional en ese momento.
El enólogo francés introdujo cambios en la elaboración que marcaron un antes y un después en la industria local. “Modernizó los vinos, los hizo más amables, más tomables y con un estilo más accesible”, detalló Casazza.
Más allá de la técnica: una enseñanza de vida
Sobre el 'Michel Rolland persona', Casazza destacó que no solo aportó conocimientos técnicos, sino también oportunidades de formación. En sus inicios, lo envió a trabajar en châteaux en Francia, fortaleciendo su desarrollo profesional. "Una persona muy generosa, dio trabajo a mucha gente. Tenía muy buen humor", agregó.
El vínculo trascendió lo laboral y se transformó en una relación de amistad. Según el ingeniero, una de las principales enseñanzas fue la forma de enfrentar situaciones complejas.
“Siempre pensaba cómo respondería Michel. Tenía una respuesta adecuada para cada situación”, señaló.
Además, remarcó su capacidad para comunicar el valor del vino como producto cultural: “Sabía explicar lo que significa la vitivinicultura y transmitirlo de manera clara”.