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No una cruz: toda la iglesia se cayó sobre los fieles en la misa

Fue en el barrio de La Boca, en Buenos Aires, y el hecho pasó a la historia como el “Día de la Prueba”

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En estos días en los que está tristemente vigente el video de una escena impactante en una iglesia, la de la cruz cayendo sobre un sacerdote que oficiaba la misa, cabe la recordación de cuando el techo y la cúpula de la Parroquia San Juan Evangelista, en el barrio de La Boca, en Buenos Aires, se derrumbó sobre unos 400 fieles, justo en el Día de la Madre.

La misa principal había comenzado a las 9 de ese 21 de octubre de 1951.  Apenas unos minutos después, el techo y la estructura de la cúpula central cedieron por completo.

El impacto levantó una densa nube de polvo y escombros. Los rezos se volvieron gritos de pánico y desesperación. La mayoría quedó atrapada en el edificio en ruinas, y muchos -mujeres, niños- bajo los escombros.

El barrio se movilizó enseguida. Vecinos y bomberos acudieron a remover los pesados bloques de mampostería, y rescatar a las personas atrapadas. Las crónicas de la época apuntaron, algunas, nueve muertos; otras, once. Hubo, además, una veintena de heridos.

Después del espanto inicial, que incluyó connotaciones místicas y religiosas, como ha ocurrido ahora con la cruz y el cura de Ecuador, se elaboraron las explicaciones científicas del caso.

Se apuntó que La Boca es una zona ribereña con un terreno sumamente húmedo, debido a la cercanía del río y las constantes inundaciones de entonces, producidas por las sudestadas.

También, que el templo se había edificado sobre pilotes de madera de quebracho, material que al cabo de los años cedió ante la humedad y las vibraciones del transporte.

Hubo además falta de mantenimiento. El periodismo señaló historias que indicaban que existían grietas previas al colapso, en la cúpula, que no fueron atendidas.

El día trágico pasó a la historia como "Día de la Prueba". Los años pasaron, y esa denominación se fue diluyendo, junto a su carga admonitoria.

Lo cierto fue que, durante casi dos años, las misas tuvieron que trasladarse a un salón del colegio contiguo, mientras se realizaban las complejas tareas de reconstrucción.

Para evitar un nuevo derrumbe, las obras incluyeron una obra de ingeniería imponente para la época: se excavaron 110 pozos romanos para reemplazar los viejos pilotes de madera por columnas de hormigón firmes.

El templo, restaurado, fue reinaugurado el 24 de mayo de 1953. Hoy sigue en pie, y está catalogado como un Bien de Interés Histórico.

Pocos recuerdan aquella tragedia.

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