Dormir poco, usar pantallas antes de acostarse y mantener hábitos alimentarios poco saludables son algunas de las conductas que pueden afectar la salud de niños y niñas. Un estudio realizado en Bariloche por investigadores de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) analizó estos factores y sus vínculos con la malnutrición infantil.
La investigación fue realizada en el Centro Patagónico Interdisciplinario de Investigaciones en Salud (CEPIIES), con un equipo Interdisciplinario entre los que se encuentra la codirectora Paola D’Adamo. El trabajo se centró en infancias de la ciudad y reunió información sobre hábitos de sueño, alimentación y niveles de estrés, con el objetivo de comprender cómo influyen estos factores en el bienestar de los chicos y chicas de la región.
Un estudio con más de mil chicos de Bariloche
El relevamiento se llevó adelante entre 2019 y 2024 en escuelas primarias de la ciudad, en articulación con el Programa de Salud Escolar. El trabajo incluyó a estudiantes de primer y séptimo grado de 31 escuelas primarias de San Carlos de Bariloche.
“Se realizó un relevamiento con cuestionarios para padres y para niños, y también utilizamos información proveniente del Programa de Salud Escolar”, explica Paola. El estudio abordó diferentes dimensiones de la vida cotidiana de los chicos: hábitos alimentarios, rutinas de sueño y niveles de estrés.
En total participaron 1188 niños y niñas de nivel preescolar, primer grado y séptimo grado de diversas escuelas públicas de la ciudad. A partir de ese trabajo, los investigadores pudieron identificar patrones que permiten comprender mejor cómo se relacionan los estilos de vida con la salud infantil en el contexto de la Patagonia andina.
Equipo interdisciplinario y patagónico
El estudio fue desarrollado desde el Centro Patagónico Interdisciplinario de Investigaciones en Salud (CEPIIES), un espacio que reúne especialistas de distintas disciplinas vinculadas al campo de la salud.
“El equipo está conformado de modo interdisciplinario: aunque mayoritariamente por médicos, también hay profesionales de las ciencias biológicas, de la sociología, de las ciencias físicas, nutricionistas y acompañantes terapéuticos”, detalló Paola.
Además del CEPIIES, en el proyecto participaron investigadores de otras instituciones académicas y científicas, entre ellas la Universidad Nacional del Comahue, el INIBIOMA y personal del Hospital Zonal Bariloche.
Por su parte, Paola es doctora en Ciencias Biológicas, investigadora del CONICET y forma parte del equipo científico que desde Bariloche impulsa investigaciones sobre salud infantil y estilos de vida, con especial atención a las condiciones ambientales y sociales de la región cordillerana.
Lo que reveló el estudio y las recomendaciones
Uno de los datos que más llamó la atención de los investigadores es la magnitud de los problemas vinculados a la malnutrición. “Observamos que casi la mitad de los niños y niñas evaluados presentó sobrepeso u obesidad”, explica la investigadora.
El análisis también mostró que esta situación se vuelve más frecuente con la edad: el porcentaje de estudiantes con sobrepeso u obesidad fue mayor en séptimo grado que en primer grado, lo que sugiere que el problema tiende a incrementarse durante la escuela primaria.
El estudio también detectó hábitos que influyen en la salud infantil. Entre ellos, un menor consumo de alimentos considerados protectores —como verduras, cereales y yogur— y un mayor consumo de carnes y golosinas. Además, casi la mitad de los chicos reportó comer con frecuencia frente al televisor.
En relación con el descanso, los resultados muestran que dos de cada diez niños no duermen lo suficiente, más de la mitad no mantiene horarios regulares entre semana y fines de semana, y ocho de cada diez usan pantallas antes de dormir.
La doctora tambien menciona otras investigaciones que sugieren que “en regiones con menor duración de luz diurna y climas fríos, como la zona cordillerana, las infancias tienden a pasar más tiempo en interiores, lo que suele asociarse con mayor uso de pantallas y menor exposición a luz natural, factores que pueden retrasar los ritmos circadianos y afectar la duración y calidad del sueño”.
Frente a este panorama, los investigadores recomiendan fortalecer algunos hábitos cotidianos. “Los niños y niñas de entre 4 y 12 años necesitan dormir entre 9 y 10 horas por día. Dormir bien es fundamental para su crecimiento y desarrollo”, señala Paola.
También sugieren mantener horarios regulares de descanso, reducir el uso de pantallas antes de acostarse, promover el juego al aire libre y priorizar alimentos naturales por sobre los ultraprocesados. “No se trata de seguir recetas rígidas —concluye— sino de ir reconociendo qué hábitos de la vida cotidiana pueden estar afectando nuestro bienestar y comenzar a transformarlos gradualmente”.
Por último, agrega: “algo muy significativo, y al mismo tiempo al alcance de todos, sea poder introducir pequeños momentos de pausa en el ritmo cotidiano: detenernos, respirar y prestar atención a cómo estamos y a cómo se siente nuestro cuerpo, reconectando con nosotros mismos y con nuestro entorno. Estar más en sintonía con nosotros y con lo que nos rodea puede ser un primer paso para elegir modos de vida que favorezcan nuestra salud y bienestar”.