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¿Qué pasa con perros y gatos cuando muere su dueño? El protocolo que permite que se despidan

El municipio de Cádiz, en España, a través del Protocolo Haru de Puerto Real, permite a perros y gatos registrar la pérdida de su humano a través del olfato.

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Sabado, 03 de octubre de 2026 a las 11:19
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La normativa permite que los animales de compañía tengan un breve contacto con el cuerpo de su tutor, en un espacio íntimo y bajo la supervisión de personal especializado.

Cuando una persona fallece de manera repentina o tras una hospitalización prolongada, en el hogar se produce un vacío para los animales domésticos. Perros y gatos dejan de ver de forma drástica a esa persona con la que habían construido un vínculo estrecho, se interrumpen las interacciones cotidianas y los olores familiares comienzan a desvanecerse en las habitaciones. Esta situación puede llevar a que el animal interprete que ha sido abandonado. Sin la capacidad de procesar una explicación, esta ausencia imprevista suele desencadenar estados de alerta constante, hipervigilancia ante cada ruido en la puerta de entrada y búsquedas compulsivas por toda la casa.

El Protocolo Haru, ha sido pensado y  puesto en marcha por el Ayuntamiento de Puerto Real en Cádiz, para dar una respuesta a estas situaciones y velar por el bienestar de los animales.

De esta manera se habilita el acceso controlado de perros y gatos, tanto al tanatorio como al cementerio municipal. La normativa permite que los animales de compañía tengan un breve contacto con el cuerpo de su tutor, en un espacio íntimo y bajo la supervisión de personal especializado. Esta medida es avalada por la etología clínica y la medicina veterinaria, ya que aporta al animal una certeza sensorial, capaz de prevenir cuadros graves de estrés por separación y duelo prolongado.

Aunque los profesionales de la salud animal insisten en la importancia de ser cautos en las interpretaciones antropomórficas sobre cómo procesan el final de la vida, la neurobiología confirma que la inspección directa del cuerpo cumple una función biológica determinante.

Los animales, especialmente los cánidos y los felinos, perciben y decodifican su entorno social principalmente a través del olfato.

Al aproximarse al cuerpo, en un ambiente tranquilo, el perro o gato detecta al instante que su tutor no reacciona, no emite estímulos químicos ni tiene capacidad de respuesta. Este proceso es definido por los especialistas como un “cierre operacional”, una pauta etológica donde el animal registra la ausencia de signos vitales y aunque no haga una comprensión filosófica de la muerte, la percepción del estado inerte, clausura de inmediato la expectativa de reencuentro.

Para que una despedida en instalaciones funerarias sea segura y beneficiosa, debe tenerse en cuenta, la voluntad del animal, no se debe forzarlo a acercarse al cuerpo. Es importante respetar su decisión, la distancia que elige y su interacción en un ambiente tranquilo y sin estrés emocional alrededor.

Apenas unos segundos de inspección olfativa bastan para que el animal capte la información biológica necesaria, asimile la ausencia de su tutor y comience su proceso de adaptación.

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