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No tires de la correa: la razón por la que los perros necesitan detenerse a olfatear durante el paseo

Dicen los especialistas que no permitírselo y tirar de la correa cuando se detiene, es como llevarle a una biblioteca y prohibirle abrir los libros.

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Miércoles, 23 de septiembre de 2026 a las 14:37
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Según los expertos en comportamiento canino, los perros no necesitan caminar grandes distancias para disfrutar de un paseo. Para ellos lo más importante es poder explorar y vivir la experiencia con calma y en éste proceso, olfatear juega un papel clave.

Al olfatear, el animal investiga su entorno de forma natural e instintiva, recopila información sobre otros animales, personas y cualquier cambio que se produzca a su alrededor.

La veterinaria Mariam Martínez Ortega, señala que, para un perro salir a la calle no consiste únicamente en hacer ejercicio o recorrer largas distancias: detenerse, olfatear, explorar y relacionarse con el entorno, forman parte de su manera de entender lo que pasa a su alrededor. Darle ese tiempo puede cambiar por completo la calidad del paseo.



Uno de los errores más habituales de los tutores de los perros durante el paseo, es intentar que los animales mantengan un ritmo constante. Cuando el animal se para, por ejemplo, a olfatear un árbol, la persona que lo acompaña tira de la correa para que siga caminando. Esto puede ser contraproducente, ya que esta actividad le permite conocer y analizar su entorno de forma natural, además satisfacer su curiosidad y liberar parte del estrés acumulado.

El proceso en que los perros perciben los olores, comprende diferentes etapas. Todo comienza en la cavidad nasal, donde los receptores olfativos captan las moléculas que circulan por el aire. Esa información química se convierte en señales nerviosas que son procesadas por el sistema olfativo del animal. Esas señales llegan al bulbo raquídeo y desde allí continúan hacia otras áreas cerebrales encargadas de interpretar los olores. Esta estructura está más desarrollada en los perros que en los seres humanos.

Otro punto importante, señala Martínez Ortega, es la atención que se le presta al animal. Un paseo puede convertirse en una experiencia diferente y grata para ambos, si el tutor deja de mirar su celular y observa lo que hace el perro: dónde se detiene, qué olfatea, qué evita o qué despierta su curiosidad. No se trata de dedicarle horas, diez minutos de atención real bastan para que el paseo resulte gratificante. El animal percibe esa presencia y disfruta con ella, además, observarlo permite detectar cambios en su comportamiento.

Cambiar el recorrido durante los paseos, puede tener un efecto positivo en la estimulación sensorial del animal, ya que a recorrer lugares diferentes, encuentra nuevos rastros y olores, sonidos y paisajes diferentes.

La monotonía es uno de los grandes enemigos del bienestar canino. La falta de estímulos puede generar cambios en su comportamiento, apatía, inquietud o ansiedad.



En un perro, un paseo corto puede convertirse en un paseo de calidad si se le permite olfatear, se evitan los tirones de la correa y se incorporan algunos ejercicios sencillos y positivos.

También ayudan las rutinas tranquilas al volver a casa, un cepillado agradable o unos minutos de juego.

Es importante respetar sus tiempos de descanso y compartir un rato de presencia tranquila.

Y recordemos que “si no dejamos que el perro olfatee durante el paseo, es como llevarle a una biblioteca y prohibirle abrir los libros".

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