¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

La recuperación democrática y aquel diario que financió el MPN

A los dos años de la recuperación democrática en Neuquén, se trabajó en un proyecto de diario. Cómo fue esa historia.

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
PUBLICIDAD

Vamos a hacer un diario a Neuquén, me dijo o propuso, seguro de sí mismo, Juan José Marc. Habían pasado apenas dos años de la recuperación de la democracia. Raúl Alfonsín era el presidente, y en Neuquén, gobernaba, por tercera vez y después de la decisión en su favor de más de 56 por ciento de los neuquinos, Felipe Sapag.

Juan José era periodista, trabajaba, entonces, en Télam, y lo habían contactado desde Neuquén, que no tenía diario local, ya que el único medio gráfico era el Río Negro, con sede en General Roca, Río Negro.

El tema había prendido como tal en el gobierno de Sapag, como una especie de revival de lo que había sido la génesis del diario Sur Argentino, en la década de 1970: tener un medio en la provincia que representara sus intereses, ya que el Río Negro, comandado por el entonces radical Julio Rajneri, oficiaba como vocero de esa provincia, también gobernada por el radicalismo, con el barilochense Osvaldo Álvarez Guerrero.

En la década de 1970 la guerra mediática había sido importante, con el Sur Argentino liderado -era el director- por el senador Elías Sapag.

La idea que me transmitió Marc, en aquellos finales de 1985, fue la de hacer un diario muy profesional, aunque reconociendo que la principal fuente de financiamiento, y la línea política, sería provista por gente que estaba con el gobierno.

Pero vamos a hacer buen periodismo, que es lo único que puede servir, me dijo, entonces. Se refería, entendí entonces, al método: habíamos tenido largas charlas acerca de cómo debían trabajar los periodistas, en cualquier circunstancia y con cualquier gobierno.

La cuestión fue que se armó un directorio, con una empresa que se inscribió como Editora Neuquina. En ese directorio estuvieron, mayormente, empresarios de la construcción, que se comprometieron a aportar el dinero necesario para el proyecto.

El futuro diario tenía sede, pues se conservaba, como propiedad de las empresas de los Sapag, el edificio que había albergado al Sur Argentino, en Fotheringham 445.

A ese lugar llegué el 1 de julio de 1986, para empezar a trabajar en el proyecto del diario. Fui el primero en llegar. Me recibió Lala Etchemaite, quien oficiaba de secretaria ejecutiva de Marc, y era empleada del Estado.

La democracia pisaba fuerte en aquella Neuquén. El ritmo de la construcción era intenso, como la explotación petrolera, y dominaba un discurso de beneficios sociales para la población. La línea que había bajado Sapag en noviembre de 1983, cuando asumió, apuntaba a lo que se conocía todavía como “justicia social”.

“Aspiramos a dejar este gobierno que hoy iniciamos, dando vivienda a los que hoy no la tienen; trabajo a los que no lo encuentran y salud a los que la requieran, además de paz y libertad para todos”, había dicho el gobernador, en aquel discurso ante los diputados de la renovada Legislatura provincial.

El proyecto periodístico, parte de aquella “identidad neuquina” que se quería fortalecer, fue tomando forma. Se instaló una enorme caja fuerte en las oficinas de la planta baja del edificio, y se la llenó de billetes: era necesario mientras se abrían cuentas corrientes bancarias y se tramitaban las formalidades societarias.

En paralelo, se trabajó en la máquina rotativa, que hubo que mudar a un flamante galpón que se levantó en el fondo del terreno; y se empezaron a instalar modernas máquinas para el armado y fotocomposición de las páginas, con un sistema tecnológico que recién empezaba a aplicarse en el país, con un solo diario que ya lo había instalado y probado, que era “la Arena”, de La Pampa.

Ese sistema posibilitaría que la redacción de aquel proyecto de diario instalara -con el trabajo y el conocimiento locales, a cargo del ingeniero José Kucher- una red de computadoras, conectadas entre sí. Fue una de las primeras redacciones periodísticas del país que aplicó esa novedad.

El diario se va a llamar “El Diario”. Y cuando hagamos una revista, se llamará “La Revista”, definió Juan José, con una sonrisa y mordiendo la pipa.

Al poco tiempo, mientras se formaba el equipo, con aportes de periodistas que llegaban de otros lares, y de muchachos/as locales que todavía estudiaban en la Universidad del Comahue, Felipe Sapag visitó la Redacción, todavía en ciernes.

Nos saludó a todos y nos dejó una “sugerencia”. Dijo que estaba cerca de morir un prócer neuquino, Gregorio Álvarez. Y que sería bueno que se preparara un suplemento especial destacando su trayectoria, su vida, su obra.

Gregorio Álvarez murió el 11 de octubre, cuando el diario todavía no estaba listo; pero igual se hizo una publicación, que se distribuyó, ese día, de manera gratuita. Fue un diario antes del diario, que salió a la calle pocos días después, con su primera edición, el 19 de octubre de 1986.

Felipe Sapag cumplió, por primera vez en su vida, el mandato como gobernador. Le pasó el mando de la provincia, en 1987, a Pedro Salvatori. El Diario del Neuquén se mantuvo, a los tumbos, hasta 1991. Sobre sus restos, se erigió La Mañana del Sur, en febrero de 1992.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD