Era la 1,30 de una tranquila madrugada de noviembre. La comunidad universitaria del Toccoa Falls College, en Georgia, Estados Unidos, una institución privada de orientación cristiana, dormía en sus remolques o cabañas, ubicados en el valle, al amparo de la represa Kelly Barnes, cuando la tragedia golpeó como un mazazo inesperado.
Hacia varios días que llovía intensamente, y esa noche no había sido la excepción. Un poco por costumbre, y otro poco por el mal tiempo, la mayoría de profesores y estudiantes que vivían en el campus, se había ido a dormir temprano.
Hubo 39 muertos. Una masa de agua de hasta 9 metros de altura, pasó como la exhalación de una bestia que de pronto despertara. La represa había colapsado.
La represa Kelly Barnes era una estructura de tierra compactada, originalmente construida, a finales del siglo 19, para generar energía en un aserradero. Después, se había modificado para producir electricidad en mayor cantidad y abastecer a la comunidad.
El embalse estaba justo por encima de un cañón donde se había levantado el Toccoa Falls College. Muchos de los estudiantes, y profesores, con sus familias, vivían en el valle, directamente en la trayectoria natural del agua, que la represa había interrumpido.
En la madrugada del 6 de noviembre, la sección central de la represa cedió por completo. Millones de litros de agua acumulada se liberaron de golpe. Una masa de agua de entre 6 y 9 metros de altura bajó, rugiendo, por el cañadón, hacia el campus universitario, a gran velocidad.
Destruyó, a su paso, todo lo que había.
El torrente cobró la vida de estudiantes universitarios, profesores, y niños pequeños de la comunidad educativa. El agua arrastró casas móviles, destruyó vehículos, derribó edificios del campus e inundó las áreas bajas.
Todo ocurrió en pocos minutos.
Después, las investigaciones posteriores realizadas por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos no pudieron determinar una única causa para el fallo. La fuerza del agua había borrado gran parte de la estructura.
Igual, se indicaron algunas causas probables. Por ejemplo, que la represa había sufrido modificaciones caseras a lo largo de las décadas, que incluyeron la aplicación de capas sucesivas de tierra, sin la ingeniería adecuada.
Se señaló también la ausencia de aliviaderos eficientes. El sistema no dio abasto para liberar el exceso de agua provocado por las intensas tormentas.
Lo cierto fue que la tragedia de la represa Kelly Barnes expuso la falta de regulaciones estrictas sobre represas privadas de propiedad local; y fue por ese desastre, que el entonces presidente Jimmy Carter (quien había sido gobernador de Georgia) ordenó la inspección inmediata de miles de represas no federales de alto riesgo, en todo el país.
Esa revisión originó nuevas leyes de seguridad de presas en los Estados Unidos.
Hoy, un monumento en el campus de Toccoa Falls recuerda los nombres de las 39 personas que murieron aquella madrugada de noviembre de 1977.