La escena es difícil de asimilar: un adolescente de 15 años entra armado a su escuela y dispara contra sus compañeros. Un chico de 13 años muere. Otros dos resultan heridos. Todo ocurre en minutos, en un patio escolar, mientras se preparaban para iniciar la jornada.
El hecho, ocurrido este lunes en la escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal, en Santa Fe, no solo generó conmoción por su violencia, sino por la pregunta que deja flotando: ¿cómo se llega a esto?
Para el psiquiatra José Lumerman, no se trata de un episodio aislado ni imprevisible. “Esto no aparece de un día para el otro. No fue detectado y se llenó de odio”, advirtió. Y fue más allá: “No hay chico que no dé señales antes de una cosa como esta”, sostuvo en una entrevista en AM550.
Según explicó, estos hechos obligan a mirar más allá del caso puntual y entender un fenómeno más amplio. “Esto es una situación que nos muestra lo que nos está pasando como sociedad. Los chicos vienen mal hace mucho tiempo”, señaló.
Lumerman puso el foco en el bullying como uno de los factores centrales, aunque no el único. “El bullying produce odio, sobre todo cuando es impune, cuando no hay a quién acudir. Está basado en la crueldad y la humillación”, explicó.
“Esto es una situación que nos muestra lo que nos está pasando como sociedad. Los chicos vienen mal hace mucho tiempo”, dijo Lumerman.
Pero también cuestionó la falta de adultos presentes. “Los chicos están solos. Lo que aparece con claridad es que no se sienten vistos, mirados. Y eso es gravísimo”, sostuvo. En ese sentido, sintetizó el problema en una frase contundente: “No es que les falten cosas materiales. Lo que dicen es: ‘me faltás vos’”.
El especialista también advirtió que este tipo de hechos tienen una dimensión más profunda, incluso ligada a lo emocional y lo social. “Esto es una forma de suicidio. Hay un proceso previo, largo, que no se ve o se niega”, afirmó.
“El bullying produce odio, sobre todo cuando es impune, cuando no hay a quién acudir. Está basado en la crueldad y la humillación”, explicó Lumerman.
Por su parte, la psicóloga forense Cecilia Albamonte coincidió en que no hay una única causa que explique lo ocurrido. “Es un fenómeno multifactorial. No podemos pensar en una sola razón que haya llevado a este chico a cometer el delito”, explicó.
Desde su mirada, el mayor problema es que las señales estuvieron, pero no se interpretaron a tiempo. “Hubo alarmas que se minimizaron o no se tuvieron en cuenta. Eso es lo más preocupante: no verlo venir”, señaló.
Albamonte planteó además una falla estructural: “El sistema llega tarde. Y cuando hablamos de sistema, hablamos de la familia, la escuela, la salud y la comunidad. Acá fallaron todos”.
En esa línea, remarcó la importancia de la prevención y la capacitación. “No se trata de convertir a los docentes en psicólogos, pero sí de darles herramientas para detectar situaciones que no son las típicas de un adolescente”, explicó.
“El sistema llega tarde. Y cuando hablamos de sistema, hablamos de la familia, la escuela, la salud y la comunidad. Acá fallaron todos”, sostuvo Albamonte.
Otro de los puntos que analizó fue el contexto actual, atravesado por la exposición constante a la violencia. “Hay un mensaje implícito que se transmite. La tecnología y las redes amplifican conductas de riesgo. No es que se copie, pero sí influye en ciertos perfiles vulnerables”, advirtió.
Además, alertó sobre el riesgo de simplificar el caso bajo la idea de un “brote”. “Puede haber un componente psiquiátrico, pero eso no explica todo. Hay antecedentes, hay historia, hay intentos previos, hay señales”, indicó.
Para la especialista, entender lo ocurrido es clave para evitar que se repita. “No se trata de justificar, sino de comprender cómo se llegó. Porque si no entendemos, no podemos prevenir”, afirmó.
“No se trata de convertir a los docentes en psicólogos, pero sí de darles herramientas para detectar situaciones que no son las típicas de un adolescente”, apuntó la psicóloga forense.
El caso vuelve a poner en discusión un tema incómodo pero urgente: la salud mental de los adolescentes y la responsabilidad compartida de los adultos.
Como resumió Lumerman, con crudeza: “Esto existe, es real, y hay que ocuparse”.
Mientras tanto, en San Cristóbal, una comunidad entera intenta procesar lo ocurrido. Y una familia llora a Ian Cabrera, el chico de 13 años que ya no volvió a casa.
La entrevista al psiquiatra José Lumerman
La entrevista a Cecilia Albamonte