El 1 de abril murió la tigresa Flora en el santuario FELIDA de los Países Bajos, así lo informó la ONG Fowr Paws. El animal había sido rescatado del ex zoo de Luján, donde más de sesenta grandes felinos y otros animales sobrevivieron en condiciones precarias, luego de que cerrara el predio en el año 2020.
Al principio Flora se adaptó bien, le gustó su primera cama de paja y disfrutó de sus siestas al sol.
Sin embargo en el último tiempo el equipo notó signos de dolor y malestar, fue llevada a una clínica especializada y allí una exhaustiva revisión médica reveló que la tigresa padecía una peritonitis aguda con una gran inflamación abdominal.
El equipo veterinario se preparó para una cirugía urgente, hicieron todo lo posible por salvarla, pero Flora falleció inesperadamente. La autopsia confirmó la peritonitis severa.
La directora de programas Fowr Paws comentó que perder a Flora es desgarrador, sobre todo después de haberle podido dar una vida mejor.
Los años de cuidados inadecuados, sin ninguna duda, pueden provocar riesgos mayores, incluso cuando los veterinarios de la ONG los consideren aptos para viajar, el riesgo de que surjan problemas de salud que estaban ocultos, pueden manifestarse durante o después del traslado.
Desde que el predio de Luján fue clausurado definitivamente en al año 2020, la tigresa y el resto de los animales siguieron viviendo en jaulas de tamaño insuficiente, sin controles veterinarios frecuentes, ni dietas balanceadas.
Cuando Flora fue evaluada en profundidad durante el operativo de sanidad de Fowr Paws en noviembre de 2025, los veterinarios descubrieron que las uñas de sus patas delantera estaban tan encarnadas que le impedían caminar con normalidad. A esto se le sumaba un colmillo roto lo que le provocaba dolor crónico y el riesgo de infección. Las condiciones de encierro, la falta de una superficie adecuada para el desgaste natural de las garras y la imposibilidad de moverse libremente, agravaron el cuadro clínico.
La ONG decidió priorizar su traslado al santuario FELIDA, pero antes fue sometida a una intervención, dentro del mismo predio en un quirófano de campaña. Luego de ser sedada, se le extrajeron las uñas dañadas, el colmillo quebrado y sus heridas fueron higienizadas y desinfectadas. Si bien la operación fue exitosa, las secuelas de años de abandono seguían presentes.
Luego de ser preparada para el traslado internacional, junto a los osos Gordo y Florencia, el operativo se planificó en detalle.
Ya en el nuevo destino, Flora se adaptó rápidamente a su entorno. Por primera vez pudo elegir donde descansar y cómo interactuar en su espacio. Disfrutaba en su cama de paja y en la hamaca donde tomaba baños de sol.
El equipo celebraba cada avance de la tigresa. Sin embargo, a finales de marzo, el equipo detectó signos de malestar: se mostró menos activa, disminuyó su apetito y presentó síntomas de dolor abdominal.
Una evaluación urgente confirmó el cuadro de peritonitis severa y a pesar de los esfuerzos por salvarla, Flora falleció el 1 de abril. La autopsia confirmó la gravedad de su estado y se descartaron factores externos.
Ahora, la suerte de los animales que quedan en el ex zoo, sigue siendo incierta. Al menos 61 grandes felinos junto a dromedarios, cebras, monos y un chimpancé, permanecen a la espera de ser trasladados a algún santuario, una operación costosa y lenta, sin embargo la única posibilidad de encontrar aires de libertad y una mejor calidad de vida.