MÚSICA y POESÍA

Rafael Otegui: de Alta Barda a la escena musical porteña

“La barda te ofrece una oportunidad para el monólogo interno que no te ofrecen otros escenarios, otras geografías".
jueves, 26 de noviembre de 2020 · 08:39

Rafa Otegui nació en Buenos Aires y a los 5 años ya vivía en el barrio Alta Barda de la ciudad de Neuquén donde transitó su infancia y adolescencia hasta los 18 años. Entre la barda y los vientos de agosto, de la mano de amigos del colegio Don Bosco y de esos con los que salía a “callejear”, y bajo el manto folklórico de las melodías de Los Berbel, forjó sus primeros vínculos con la música.

Hoy, a casi 40 años de aquellos tiempos de infancia entre abrojos y bicicletas en la calle, instaladísimo en Buenos Aires, formó el  dúo musical “Pensé que era viernes” junto al reconocido escritor Pedro Mairal, un proyecto musical minimalista y entrañable, no apto para oídos impacientes. 

Foto: Rafael Otegui y Pedro Mairal forman el dúo musical "Pensé que era Viernes". 
 

Sociólogo, periodista, músico y escritor. ¿Cómo fusionás todas esas áreas temáticas en las cuales te desarrollaste?

Siempre sentí ganas de hacer muchas cosas al mismo tiempo y distintas entre sí. Me recibí de Sociólogo y ejercí durante un tiempo en el ámbito de la consultoría. Después hice una maestría en Periodismo y edité por 7 años un Suplemento sobre Sustentabilidad en el diario La Razón. Pero, de alguna manera, la literatura y la música fueron dos vocaciones que estuvieron en mí desde siempre y hace unos años se convirtieron en vocaciones protagónicas. Son universos que se integran muy bien porque, en el fondo, ambas tienen atrás el deseo de comunicar, de conectar con los demás.

¿Cómo llegaste al oficio de la canción junto con un escritor como Mairal?

Al mundo de la música llegué por el lado de la literatura. Venía de publicar poesía, escribiendo y dando talleres. A Mairal lo conocía del mundillo literario pero nunca habíamos activado algo juntos. Un día él subió unas décimas en Twitter, yo tomé ese poema y le puse música, acordes, se lo mandé y empezamos un intercambio. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma, buscando hacer canciones en soledad. Entonces, nos juntamos una tarde de septiembre de 2017 a ensayar en la cocina de casa y hubo un entendimiento automático, algo que es difícil de explicar pero que cuando sucede es muy interesante. Teníamos una formación y una sensibilidad musical más o menos parecidas y de repente estábamos hablando el mismo idioma. Nuestras voces se entendieron y cuando cantamos juntos sucedió algo muy lindo, muy orgánico, algo más que la suma de las partes. Con Pedro llamamos a eso “la tercera presencia”, como si se hiciera presente algo más que excede la voz mía y la de Pedro. Nuestras voces juntas haciendo armonía generaban algo interesante. Y así empezamos a hacer canciones, de una forma muy rudimentaria, tocando en barcitos y después empezaron las invitaciones a la radio, una presentación importante en Mar del Plata, una invitación a Concordia (Entre Ríos). El proyecto empezó a tomar dirección y empezamos a grabar.

 

Post: Ensayo de la canción La furia, con Pedro Mairal en la cocina de Rafael. 

 

Pedro Mairal es un poeta, músico y escritor argentino distinguido por su poesía. Ha escrito poemarios y distintas novelas como "El año del desierto" o "Una noche con Sabrina Love" (que le valió el premio Clarín de Novela en 1998, y fue llevada al cine en 2000). Escribió para distintos medios de comunicación y en 2007 fue incluido, por el jurado de Bogotá39, entre los mejores escritores jóvenes latinoamericanos.

 

¿Por qué “Pensé que era Viernes”?

Porque en el medio de esas zapadas iniciales, un día estábamos ensayando y era jueves pero estábamos convencidos que era viernes. La música genera ese estado de alienación feliz, por eso es un nombre que nos representa, porque vamos a ese lugar lúdico de la música, un lugar feliz donde nos sentimos en un viernes eterno cuando hacemos canciones.

Foto: Rafael Otegui y Pedro Mairal. "Nuestros temas son chiquitos, minimalistas. No somos músicos virtuosos ni grandes cantantes; somos dos personas que aman la poesía y quieren hacer canciones pero desde un lugar más de poetas que de músicos", dice Rafael. 
 

«Queremos que la palabra tenga un lugar protagónico en nuestra música», dijiste en una entrevista. ¿Cómo se plasma esta intención en este dúo?

Somos un dúo musical y literario, hacemos canciones propias y recitamos poemas propios, y los espectáculos van alternando lecturas con canciones. Es una propuesta profundamente minimalista, somos dos guitarras y dos voces, con pocos adornos porque nos interesa la poesía. Tenemos una preocupación especial por la lírica, por el qué se dice y cómo se dice, por la historia que se cuenta. Nuestra música es de raíz rioplatense, una categoría un poco amplia, pero que incluye esta trova rioplatense que está en ambos lados del Río de la Plata. También hay canciones que tienen raíces más folclóricas, con ritmos como la chacarera, la zamba, siempre aggiornados porque, finalmente, son canciones metabolizadas por dos personas que vienen de la ciudad, entonces también está lo rural y lo urbano procesándose ahí.

¿Qué devolución reciben del público en cada presentación?

Fue todo una sorpresa porque arrancamos con expectativas muy moderadas y la repercusión fue interesantísima. Cada vez que nos presentábamos se agotaban las localidades, con la llegada del “de boca en boca”. Además, Pedro es una figura muy famosa, muy visible, eso también tracciona un montón de gente. Y Buenos Aires es una ciudad que, en este momento, tiene una vida literaria independiente muy activa. Se publica y se escribe mucho y lo nuestro va asociado a esos círculos. 

Foto: Rafael Otegui por Dominique Besanson.

 

¿De qué hablan tus canciones y qué cuentan de vos?

Cada canción es un mundo en sí mismo y cuenta algo acerca de mí y de Pedro, porque el proceso de composición es bastante dinámico. Pedro es extremadamente prolífico, está todo el tiempo sacando cosas de la galera y realmente me deslumbra por su creatividad y su genialidad. A veces yo tiro una línea musical, Pedro la toma y le pone una línea escrita, a veces es al revés. Y las canciones hablan de diferentes cosas. Algunas hablan de amores tormentosos, otras de una trasnochada furiosa, a veces hablamos de héroes caídos como “El vecino de Superman” (autoría de Pedro) que cuenta la historia de un hombre que vive pared de por medio con su vecino y que clavó su capa en un clavito de la pared completamente resignado. Y mis letras tocan una fibra más melancólica, están atravesadas por la sensación de habitar dos mundos, un poco el pasado neuquino y el presente porteño, los amigos de Neuquén y los amigos nuevos de la ciudad, la barda y la Avenida Santa Fe. Y también el tránsito de la mediana edad, esto de cruzar los 40 y sentir que quedó un mundo atrás y que un mundo nuevo comienza.

Pensé que era viernes en Youtube: "El vecino de Superman"
 

Naciste en Buenos Aires, pero pasaste gran parte de tu infancia en Neuquén. ¿Qué de tu cepa patagónica se traspapela en tus canciones?

Mi primer vínculo con la música está geolocalizado en la provincia de Neuquén. Ahí es el comienzo de todo, de la vocación literaria y la musical, mi acercamiento a los ritmos folclóricos tradicionales. Empecé a estudiar bombo en el Instituto Folclórico Argentino (IFA) que coordinaba Hugo Berbel. Con Néstor Berbel y Juanjo Leonfanti, grandes amigos, hacíamos el bombo de las canciones del IFA y acompañé mucho tiempo cantando canciones de Los Berbel, entre otras. De más grandes, teníamos la costumbre de irnos todos los veranos a la cordillera de campamento. Era como un ritual, y en esos viajes siempre había momentos de guitarra, una compañera imprescindible de nuestros viajes.

Mis poemas tocan una fibra más melancólica, están atravesadas por la sensación de habitar dos mundos, un poco el pasado neuquino y el presente porteño, los amigos de Neuquén y los amigos nuevos de la ciudad, la barda y la Avenida Santa Fe.

 

¿Y qué significa Alta Barda en tu vida y tus canciones?  

El barrio Alta Barda está siempre presente, es el verano, andar en bici con los amigos, callejear, salir a caminar, es la soledad y la compañía. Y hay ciertos hábitos muy míos de Neuquén, como hacerme un mate y agarrar la guitarra que sostengo acá en la ciudad. Me siento en la cocina de casa con el mate y, aunque la vista no es tan interesante, tengo esa sensación que estoy de vuelta en Neuquén. Además, tengo un grupo de amigos que sigue intacto.

Post: Rafa compuso una balada sobre el encierro que se llama Adentro!, como el grito del malambo “pero menos optimista”, dice, donde se traspapelan sus raíces patagónicas. 
 
Además de la música, tiene dos libros editados, “Días hábiles” (2008) y “Spam” (2012) editado en España y Chile. Ejerce el periodismo en una sección dominical en la revista Viva (Diario Clarín) y escribe algunas “cositas por ahí sueltas”, dice. Está por publicar el libro “Demoras en General Paz” en el que juega con la idea de “la General Paz como una avenida metafórica, como una especie de bisagra existencial que no sólo divide la provincia de la ciudad sino que divide las aguas en términos existenciales. Hay una vida antes y después de los 40”.

 

Por lo que podemos ver en redes sociales, en la cocina de tu casa se "cocinó" mucho de lo que hay en tu vida: canciones, recuerdos, el vínculo con Pedro y también el vínculo con la gente. ¿No?

Sí, es un espacio de materialización, ahí se cristalizan cosas. El horno es como algo metafórico que integra los elementos y produce cosas, es producción, y está bueno. Yo no concibo la prueba de sonido de lo que hago si no la hago en la cocina de casa (risas). Tiene como una condición uterina, tiene que ver con la gestación. Es el lugar de la casa donde me siento más cómodo, definitivamente.

Neuquén es un pasado mitológico donde está el origen de mi acercamiento a la música y también es una escenografía siempre presente. Tengo recuerdos de largas caminatas en las bardas neuquinas, hablándome a mí mismo. La barda te ofrece una oportunidad para el monólogo interno que no te ofrecen otros escenarios, otras geografías. 

 

¿Qué es lo que más disfrutás de escribir canciones?

Disfruto mucho la instancia de generar algún sacudón emocional en el otro, sentir que puedo conmover con pocos recursos, con la palabra, la melodía. No siempre sale ¿no?, pero cuando sale es adictivo. Y extraño un poco ese diálogo orgánico con el público donde sentís que la propuesta genera una devolución, quizás es el momento de mayor gratificación.

 

¿Hasta dónde te gustaría que llegue lo que estás haciendo hoy?

Me gustaría seguir haciendo canciones y ofreciendo shows en vivo. El 11 de diciembre va a estar subido el primer tema de Pensé en Spotify y tenemos que materializar este primer disco que está a mitad de camino. Y, cuando las cosas vuelvan a la normalidad, presentarlo en Café Vinilo (un espacio emblemático de la escena de la canción porteña) y seguir girando en estos ámbitos dónde sabemos que nuestra propuesta va a encontrar a un público receptivo; porque es artesanal, no es masiva, es un formato que está por fuera de los cánones en muchos sentidos, donde cada canción es un poema recargado, un poema con alas; se pone de pie y camina y hay algo de eso que me fascina.  

 

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