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Ilha Grande: el paraíso brasileño que sorprende con su naturaleza y tranquilidad

Contrario a lo esperado, Ilha Grande ofrece un refugio auténtico con playas vírgenes, un pueblo encantador y una rica biodiversidad en medio del Bosque Atlántico, lejos del turismo masivo.

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Ilha Grande, una isla brasileña que muchos imaginan abarrotada y urbanizada, se revela como un destino auténtico y tranquilo. Al llegar a Abrão, su pequeña capital, la sorpresa es inmediata: un pueblo de casas bajas, caminos de tierra y un ambiente relajado que invita a recorrerlo a pie.

Los visitantes encuentran que la oferta gastronómica es sencilla pero genuina, con pescados frescos, plátanos fritos y cerveza fría servidos en bares y restaurantes informales junto a la playa. La experiencia es tan natural como el entorno, sin cartas plastificadas ni precios inflados.

El viaje a Ilha Grande puede comenzar de forma inesperada, como ocurrió tras la celebración de Año Nuevo en Río de Janeiro. El puerto de Angra dos Reis, punto de partida hacia la isla, se encontraba saturado por la gran afluencia de personas, con temperaturas que superaban los 40 grados. Sin embargo, la ayuda de un pescador local permitió escapar del caos y llegar rápidamente a un entorno paradisíaco.

Naturaleza, mar increíble y un santuario ecológico

Una vez en la isla, el contacto con la naturaleza es impactante. El mar muestra un tono azul verdoso intenso y la frescura del agua alivia el calor. El encuentro con una tortuga marina que nada tranquilamente cerca del bañista es solo una muestra de la riqueza marina que ofrece Ilha Grande.

Ilha Grande es mucho más que playas: es un santuario ecológico que forma parte del Bosque Atlántico, uno de los ecosistemas más ricos y amenazados del mundo. La vegetación exuberante incluye árboles gigantes, helechos, bromelias y orquídeas, mientras que la fauna local muestra monos aulladores, titíes, aves variadas y serpientes. En el agua, es común observar peces de colores y tortugas marinas.

Desde la década de 1990, gran parte de la isla está protegida, lo que impide grandes construcciones, carreteras y la presencia de vehículos motorizados, preservando su autenticidad. No obstante, llama la atención la persistencia del uso de plásticos desechables en vasos y pajitas, un aspecto que contrasta con la conciencia ecológica del lugar.

Históricamente, Ilha Grande tuvo un pasado oscuro como colonia penal donde se alojaban presos comunes y políticos. La prisión, ubicada en Dois Rios, fue demolida en 1994, permitiendo que la naturaleza recuperara su espacio y transformando la isla en un destino turístico respetuoso con el medio ambiente.

Entre las excursiones más destacadas está la visita a la playa Lopes Mendes, accesible tras una caminata de unos 40 minutos por un bosque lleno de vida silvestre. Esta playa ofrece arena blanca, aguas cristalinas y olas fuertes, un entorno salvaje que recompensa el esfuerzo de llegar caminando.

Una experiencia única en Ilha Grande es hospedarse en O Sítio Ilha Grande, una posada con ocho habitaciones en un jardín frente al mar, ubicada en Abraaozinho, una zona tranquila cercana a la capital. Creada por Tania y su hija Julia, este lugar combina un ambiente místico con comodidades selectas, desde muebles elegidos con gusto hasta kayaks para explorar la costa y cenas bajo la luna llena.

La isla enamora por su combinación de naturaleza, historia y gente. Los brasileños que habitan Ilha Grande destacan por su amabilidad y alegría, reflejando el espíritu de un lugar donde, como dicen en Brasil, “devagar se vai ao longe”: despacio también se llega lejos.

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