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Viajar a Buenos Aires: guía completa con precios y tips

Bus turístico, paseos por el Delta, una corbeta histórica en Puerto Madero, La Boca a pleno color y hasta una pasada por Colonia del Sacramento. Una guía pensada para el viajero patagónico que quiere aprovechar cada hora de su escapada a la capital.

Sabado, 09 de mayo de 2026 a las 23:01
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caminito la boca buenos aires

Una escapada porteña con todo: del Delta de Tigre a una corbeta histórica que rescató a una expedición en la Antártida

Bus turístico, paseos por el Delta, una corbeta histórica en Puerto Madero, La Boca a pleno color y hasta una pasada por Colonia del Sacramento. Una guía pensada para el viajero patagónico que quiere aprovechar cada hora de su escapada a la capital.

Buenos Aires nunca duerme, y eso lo sabe cualquier neuquino o rionegrino que alguna vez bajó del avión en Aeroparque o Ezeiza con la lista de pendientes anotada en el celular. El tema es que la ciudad se reinventa todo el tiempo, y lo que hace dos años era el mismo recorrido de siempre, hoy tiene novedades que vale la pena conocer antes de comprar el pasaje. En el último episodio de "Nos vamos", el programa de viajes de 24/7, recorrimos la capital de punta a punta para armar una guía pensada para quienes vienen del sur del país: qué ver, qué comer, cuánto sale y, sobre todo, qué se puede hacer en una escapada de fin de semana sin volver agotado.

La gran novedad del año es que el Obelisco cumplió 90 años, y para festejarlo la Ciudad decidió algo inédito: por primera vez, los turistas pueden subir hasta la cúspide. El monumento fue inaugurado el 23 de mayo de 1936, diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch y levantado en apenas 31 días por más de 150 obreros. Donde hoy está, antes se levantaba la Iglesia San Nicolás de Bari, donde flameó por primera vez la bandera argentina en Buenos Aires, en 1812. La experiencia empieza en la base, donde una guía cuenta toda esa historia, y después un ascensor sube en un minuto. Los últimos 33 escalones por una escalera caracol llevan a las cuatro ventanas con vista panorámica a los cuatro puntos cardinales de la ciudad. Las reservas se hacen en miradorobelisco.com.ar, los turnos son cada 15 minutos de 9 a 21:15 todos los días, suben de a cuatro personas y los precios van desde los $14.500 para chicos de 4 a 12 años y jubilados, $18.000 para adultos argentinos con DNI y $36.000 para extranjeros. Ingresan unas 190 personas por día, así que conviene reservar con varios días de anticipación. Lila Bacigalupo, Directora General de Promoción Turística de la Ciudad, lo resume así: "Es una experiencia deslumbrante, descubrir esa mirada que siempre nos preguntamos de qué se trata estar ahí adentro". Andrea, una de las guías, cuenta una anécdota que pinta el clima de la visita: "El otro día salió un chico y me dijo: hoy soy oficialmente porteño".

Para quienes vienen pocos días, no hay mejor inversión que el Bus Turístico Amarillo. Tiene 27 paradas estratégicas, sistema hop-on hop-off (subís y bajás donde quieras), audioguía en español, inglés, portugués e italiano, y el ticket vale 24 horas desde el primer viaje. Si te queda largo el recorrido, lo podés pausar y seguirlo al día siguiente. El circuito incluye prácticamente todo lo imperdible: Recoleta, 9 de Julio, el Obelisco, Plaza de Mayo, Avenida de Mayo, San Telmo, La Bombonera, Caminito, Puerto Madero, Costanera Sur, Plaza Italia, los bosques de Palermo y el Planetario. La frecuencia es de entre 10 y 20 minutos, opera de 9 a 17 hs, y el sitio buenosairesbus.com permite ver por dónde viene el próximo coche desde el celular. Para una primera visita, es la mejor manera de tener el mapa mental de la ciudad en un solo día.

Hay barrios que entran por los ojos. La Boca entra por todos los sentidos. El humo de las parrillas en la vereda, los balcones de chapa pintados de azul, amarillo, rojo y verde, el bandoneón en alguna esquina, una pareja bailando tango para los turistas que hablan en inglés, francés o portugués. Caminito es la postal obligada: más que una calle, un museo a cielo abierto. La estética nació de pura necesidad porque los inmigrantes (sobre todo genoveses) pintaban sus casas con los restos de pintura que conseguían en el puerto, y como nunca alcanzaba para una sola tonalidad, mezclaban colores. Así, casi por casualidad, se inventó la marca registrada del barrio. Benito Quinquela Martín fue el gran impulsor de esa identidad cromática que hoy es patrimonio cultural. A pocas cuadras está La Bombonera, parada obligada incluso para los que no son hinchas de Boca: su forma única, con las tribunas pegadas y la verticalidad pronunciada, la convirtió en uno de los estadios más fotografiados del mundo. Y para comer ahí mismo, la recomendación es La Parrilla de Beto, una fonda de barrio en la esquina de Olavarría y el Pasaje Pollis, a dos cuadras de Caminito. Javier, el parrillero, lo definió perfecto: "Acá somos una familia y cocinamos como en casa". Bondiola, vacío, hamburguesa-chori, morrón relleno y papas a la brasa. Sin servicio de mesa cobrado aparte, sin trampa. Cuando juega Boca, abren las 24 horas.

puerto madero buenos aires

De Puerto Madero al Delta y un cruce a Uruguay

En Puerto Madero, muy cerca del Puente de la Mujer, hay una joya escondida que pocos conocen: la Corbeta ARA Uruguay, hoy convertida en museo. Construida en astilleros ingleses y llegada al país en 1874, fue buque escuela y formó parte de la legendaria escuadra Sarmiento. Pero su gran página de gloria llegó a comienzos del siglo XX: una expedición científica sueca quedó atrapada en los hielos de la Antártida, y el viejo barco partió al rescate sin GPS, sin satélites, solo con brújula, conocimiento naval y coraje. Los encontró, los rescató con vida, y la operación recorrió el mundo entero. Subir a bordo es caminar por la madera que cruje, los mástiles, los camarotes mínimos, la sala de máquinas, los bronces. La entrada cuesta apenas $1.000 y, sinceramente, vale cada peso.

A pocos minutos del centro, Tigre ofrece exactamente lo opuesto al ritmo porteño. Llegar es fácil: se puede ir en auto, en colectivo, o en el Tren de la Costa, que va bordeando el río y atraviesa barrios pintorescos como Olivos. Una vez ahí, la propuesta es el agua: lanchas colectivas que funcionan como transporte cotidiano, casas sobre pilotes, paseos náuticos, vegetación exuberante y silencio. El Puerto de Frutos es el clásico imperdible, con artesanías, diseño, gastronomía y deco, pero también vale recorrer los clubes de remo históricos y los restaurantes a la vera del río. Para los más aventureros, hay un serpentario con reptiles y arácnidos. Para un patagónico acostumbrado a la naturaleza, Tigre tiene algo familiar: la sensación de que el tiempo afloja.

Si hay un día libre y ganas de aprovecharlo a full, vale la pena cruzar a Colonia del Sacramento, en Uruguay. Buquebus opera desde la terminal de Puerto Madero y permite ir y volver en el día, o pernoctar. Colonia es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1995, y recibe unos 2 millones de turistas por año. Su casco histórico, con calles empedradas, faroles antiguos y casas bajas con tejados coloniales, conserva la huella de las múltiples disputas entre Portugal y España por su control. La famosa Calle de los Suspiros es la postal obligada, y el muelle al atardecer es uno de esos lugares donde uno se queda sin hacer nada, solo mirando.

La ciudad gastronómica es enorme y hay opciones para todos los gustos. Abra Cultural combina arte, patrimonio y cocina del sur de Italia, con una pizza napolitana cocinada en un horno traído directamente desde Nápoles, y funciona también como galería de arte. Aire Libre, en pleno Palermo, es un oasis verde en plena ciudad con una cocina que reinterpreta sabores argentinos con frescura. Su chef ejecutivo, Julián Delpino, trabajó varios años en Bariloche y eso se nota en su carta: la trucha y el cordero patagónico siguen muy presentes. "En la cabeza y en el alma siempre está Bariloche, la Patagonia", contó. Un guiño que cualquier neuquino o rionegrino va a apreciar. Trufa Restaurante, dentro del Palacio Paz, es para una salida más especial, con cocina contemporánea en un edificio construido a comienzos del siglo XX que recrea la elegancia de la arquitectura francesa más refinada. Y La Torca, en Palermo Hollywood, es España en Buenos Aires: paellas, pescados frescos del día, langostinos, rabas, tortillas, tarta de la Viña y natilla. Los dueños son españoles y la decoración fue traída directamente de allá. Abre de martes a sábados al mediodía y a la noche, y los domingos solo al mediodía.

Hay otros tips que vale la pena tener en cuenta. Buenos Aires tiene una de las mayores cantidades de librerías per cápita del mundo, y la Avenida Corrientes, que nunca duerme, es la meca: ahí está El Ateneo Grand Splendid, de visita obligada aunque sea para tomar un café leyendo entre los estantes. También están los speakeasies, esos bares secretos detrás de puertas comunes, galpones o entradas falsas, con tragos de autor y escenografía estilo Ley Seca, sobre todo en Palermo y el centro. Los rooftops en las terrazas de edificios emblemáticos ofrecen vistas a Puerto Madero o al Río de la Plata, ideales para un sunset con trago en mano. Y Colón Fábrica, en La Boca, es el espacio donde se conserva toda la escenografía y vestuario del Teatro Colón, una visita poco conocida y maravillosa.

Buenos Aires se puede recorrer en tres días con un buen plan. La fórmula ideal: día uno, Bus Amarillo más Mirador del Obelisco más cena en alguna parrilla del centro. Día dos, La Boca por la mañana, ARA Uruguay en Puerto Madero al mediodía, y noche en Palermo. Día tres, dependiendo del clima y las ganas, Tigre o el cruce a Colonia. Para los que vienen desde Neuquén o Río Negro, conviene cerrar pasajes con anticipación (sobre todo en temporada de vacaciones de invierno o fines de semana largos), reservar el Mirador del Obelisco con varios días de antelación porque las entradas se agotan, y dejarse al menos una noche libre para perderse caminando sin agenda. Buenos Aires premia eso.

 Mirá el episodio completo de "Nos vamos" sobre Buenos Aires en el canal de YouTube de 24/7: 

 

Nuevo episodio todos los miércoles a las 21 hs por la pantalla de 24/7.

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