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A 40 años de su muerte, Jorge Luis Borges sigue jugando su partido contra el fútbol

Mientras el Mundial 2026 concentra la atención de millones de personas en Estados Unidos, México y Canadá, este domingo se cumplieron cuatro décadas de la muerte de Jorge Luis Borges. El escritor argentino más universal mantuvo una relación tormentosa con el deporte más popular del planeta: lo consideró una expresión del nacionalismo y de las pasiones colectivas que tanto detestaba. Sin embargo, el fútbol terminó persiguiéndolo hasta el final de sus días.

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El fútbol es popular porque la estupidez es popular", dijo alguna vez el escritor argentino.

Por estos días, el planeta vuelve a detenerse frente a una pelota. El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá ocupa pantallas, conversaciones, redes sociales y portadas de diarios. Cada cuatro años el fútbol construye una geografía propia, una especie de idioma universal capaz de hermanar o enfrentar a millones de personas detrás de una camiseta. En medio de esa fiebre global, una fecha invita a mirar hacia otro escenario. Este 15 de junio se cumplieron 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges, ocurrida en Ginebra en 1986, cuando otro Mundial —el de México que coronaría a la Selección Argentina— acababa de comenzar.

La coincidencia tiene algo de ironía literaria. Pocos intelectuales argentinos fueron tan implacables con el fútbol como Borges. Y, sin embargo, pocos quedaron tan asociados a él a partir de sus críticas.

"El fútbol es popular porque la estupidez es popular", dijo alguna vez, en una de las frases más citadas de su repertorio. La sentencia recorrió décadas, provocó enojos, debates y respuestas de hinchas, periodistas y escritores. Pero detrás de la provocación había una idea más profunda: su rechazo a las manifestaciones masivas y a las formas de nacionalismo que, según entendía, el deporte potenciaba.

Borges veía en el fútbol una representación de aquello que más desconfiaba: la exaltación colectiva, la pertenencia tribal y la necesidad de vencer al otro. "El fútbol despierta las peores pasiones", sostuvo en otra entrevista. Le molestaba menos el juego que aquello que se construía alrededor del juego. Su mirada chocaba frontalmente con la cultura argentina.

Mientras la Selección debutaba frente a Hungría en el Mundial 1978, Borges brindaba una conferencia sobre la inmortalidad.

Mientras generaciones enteras organizaban sus recuerdos alrededor de goles, campeonatos y hazañas deportivas, Borges prefería los laberintos, los espejos, las bibliotecas y los tigres. Donde el país encontraba épica, él encontraba ruido. Donde millones descubrían belleza, él observaba una maquinaria de fervor colectivo que le resultaba ajena.

La anécdota más famosa ocurrió en 1978, pocos meses después de que Argentina conquistara su primera Copa del Mundo. César Luis Menotti, flamante campeón mundial, cumplió entonces uno de sus sueños: entrevistar a Borges.

La presentación fue inolvidable. "Usted debe ser muy famoso", le dijo el escritor. Menotti sonrió, sorprendido. "Porque mi empleada me pidió un autógrafo suyo", remató Borges. La respuesta condensaba su humor, su ironía y también su distancia respecto de un fenómeno que movilizaba al país entero.

Durante el Mundial de 1978 fue todavía más lejos. Mientras la Selección debutaba frente a Hungría, Borges decidió ofrecer una conferencia sobre la inmortalidad exactamente en el mismo horario del partido. Era una forma elegante —y también provocadora— de señalar su desacuerdo con la centralidad que el fútbol ocupaba en la vida pública.

El encuentro entre Borges y Menotti.

Sin embargo, como ocurre con casi todos los grandes escritores, Borges era mucho más complejo que sus frases célebres.

Nunca fue un aficionado al deporte, pero tampoco ignoró completamente el fenómeno. Junto a Adolfo Bioy Casares escribió "Esse est percipi" (Ser es ser percibido), un relato donde el fútbol aparece como metáfora de una sociedad dominada por los medios de comunicación y la construcción artificial de la realidad. Allí imaginó partidos inexistentes que sólo cobraban vida porque eran narrados por la radio y la televisión. El texto forma parte del libro "Crónicas de H. Bustos Domecq" que escribieron juntos Borges y Bioy Casares.

Leído desde 2026, en tiempos de transmisiones globales, redes sociales, inteligencia artificial y realidades digitales, aquel cuento parece una premonición. Borges, que desconfiaba del fútbol, terminó comprendiendo antes que muchos cómo funcionaban los mecanismos de representación que lo rodeaban.

Existe además una paradoja final. Borges murió el 14 de junio de 1986. Apenas ocho días después, Diego Maradona convirtió el Gol del Siglo y el de la Mano de Dios frente a Inglaterra en el estadio Azteca. Mientras el escritor desaparecía físicamente, el fútbol argentino comenzaba a escribir una de sus páginas más extraordinarias.

Existe además una paradoja final. Borges murió el 14 de junio de 1986. Apenas ocho días después, Diego Maradona convirtió el Gol del Siglo y el de la Mano de Dios frente a Inglaterra en el estadio Azteca. Mientras el escritor desaparecía físicamente, el fútbol argentino comenzaba a escribir una de sus páginas más extraordinarias.

Quizás Borges nunca habría entendido por qué millones de personas siguen emocionándose frente a un partido.

La literatura y la pelota, dos universos que parecían irreconciliables, quedaron unidos para siempre por una extraña coincidencia del destino.

Quizás Borges nunca habría entendido por qué millones de personas siguen emocionándose frente a un partido. Quizás tampoco habría cambiado una sola línea de sus críticas. Pero hay algo que seguramente habría apreciado: la capacidad del fútbol para generar relatos.

Porque si algo demostró el tiempo es que el fútbol no sólo produce goles y campeones. También fabrica mitologías, héroes, derrotas memorables y narraciones que atraviesan generaciones. Y en eso, curiosamente, se parece bastante a la literatura.

Tal vez por esa razón, cuarenta años después de su muerte, Borges sigue disputando su propio partido contra el fútbol. Un partido que, para fortuna de lectores e hinchas, todavía no terminó.

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