Boca tendrá una buena noticia antes de afrontar una de las paradas más exigentes de la fase de grupos de la Copa Libertadores. Este martes, cuando visite a Cruzeiro en el imponente estadio de Belo Horizonte, no tendrá enfrente a un viejo conocido que supo transformarse en pesadilla: Cássio no será de la partida por una lesión que lo mantiene fuera de las canchas.
El experimentado arquero brasileño arrastra una complicada lesión de rodilla desde comienzos de temporada, que incluso lo obligó a pasar por el quirófano. La dolencia lo marginó de la competencia y no sólo se perderá este cruce ante el conjunto de Claudio Úbeda, sino también gran parte del certamen continental.
Su ausencia no es un dato menor. A lo largo de los últimos años, el guardameta fue protagonista central en varios cruces entre equipos brasileños y Boca, con actuaciones determinantes que dejaron huella en el mundo xeneize. Enfrentó al club de La Ribera en múltiples oportunidades, con un saldo favorable y rendimientos que lo convirtieron en una especie de “cuco” cada vez que aparecía en el horizonte internacional.
Mientras tanto, Boca llega entonado. El equipo dirigido por Úbeda atraviesa un gran presente en la Copa, donde ganó sus dos primeros partidos con autoridad, mostrando carácter, buen juego y una identidad clara. Ese envión lo posiciona como uno de los animadores del grupo, aunque ahora deberá ratificarlo en un escenario siempre complejo como lo es Brasil.
Del otro lado, Cruzeiro no atraviesa su mejor momento en el Brasileirao, pero apuesta fuerte a la Copa para cambiar la cara. En su casa y con su gente, buscará hacerse fuerte ante un rival que llega en alza, pero que sabe que no puede relajarse.
La ausencia de Cássio le quita a Boca un rival incómodo, de esos que marcan épocas y condicionan antecedentes. Sin embargo, en la Copa Libertadores no hay margen para confiarse. El Xeneize tendrá un desafío de alto voltaje y una oportunidad ideal para demostrar que su buen presente no es casualidad.