San Lorenzo puso primera a una nueva etapa y Gustavo Álvarez no perdió tiempo. En su llegada al club tras la salida de Damián Ayude, el entrenador dejó en claro que no hay margen para la espera: intensidad, compromiso y resultados inmediatos serán las bases de su ciclo.
El nuevo DT arrancó la jornada bien temprano en la Ciudad Deportiva, donde tomó contacto con las instalaciones y, sobre todo, con el plantel. Antes de cualquier presentación formal, eligió una charla a puertas cerradas con los jugadores en la que marcó tres pilares fundamentales: compromiso, respeto y pasión. Un mensaje claro para empezar a cambiar la cara del equipo.
Esa línea se trasladó rápidamente al campo. Álvarez dirigió una práctica intensa, con constantes interrupciones para corregir movimientos y ajustar conceptos tácticos. Con una postura activa y detallista, comenzó a imponer su idea de juego e incluso dejó entrever una posible línea de tres defensores como esquema base.
Por la tarde, el entrenador firmó su contrato y quedó oficialmente ligado al club, aunque ya había dado señales concretas de su impronta. Su debut será inmediato: este miércoles frente a Deportivo Riestra, en un contexto que exige respuestas urgentes.
En su presentación, el técnico de 53 años fue contundente. Remarcó que busca un equipo protagonista, con una identidad clara y capaz de representar al hincha dentro de la cancha. “El equipo los va a representar y será protagonista”, aseguró, en un mensaje directo a la gente azulgrana.
Además, dejó en claro que elevará la vara en el día a día, con la intención de implementar dobles turnos y sostener una exigencia constante. “Hay que ganar el próximo partido, no hay tiempo”, marcó, evidenciando el contexto de urgencia que atraviesa el club.
Más allá del entusiasmo que generaron sus primeras palabras, su llegada también despertó voces críticas en la interna dirigencial. Algunos sectores expresaron dudas sobre su elección, lo que suma un condimento extra a un ciclo que arranca bajo presión.
Con poco margen y mucho por reconstruir, Álvarez ya puso en marcha su idea. Ahora, el desafío será trasladar sus palabras al campo y devolverle a San Lorenzo la identidad que reclama su gente.