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Ariel Scher y la previa de Argentina vs Inglaterra: "Malvinas hoy es memoria, no la misma herida del 86"

El periodista y escritor Ariel Scher dialogó con Entretiempo por AM550 en la previa de la semifinal del Mundial 2026. Habló de la memoria de Malvinas, del significado histórico del cruce entre Argentina e Inglaterra, del presente de la Selección de Scaloni y de cómo el fútbol sigue siendo un escenario donde conviven la política, el poder, la cultura y las emociones colectivas.

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"Nunca sabemos qué es lo que toca la pelota cuando se mueve": Ariel Scher analizó el Argentina-Inglaterra del Mundial 2026.

Hay periodistas que hablan de fútbol y hay otros que utilizan el fútbol para hablar de la sociedad. El periodista y escritor Ariel Scher pertenece claramente a este último grupo. Cada respuesta durante su paso por Entretiempo, el programa de AM550, fue mucho más que un análisis de la semifinal que jugarán este miércoles Argentina e Inglaterra. Uno de los referentes del periodismo deportivo argentino fue enlazando conceptos sobre historia, memoria, política, poder, identidad y cultura popular, sin perder nunca de vista que, antes que nada, el partido sigue siendo un juego.

Para Scher, el cruce con Inglaterra ya no tiene el mismo peso emocional que en México 1986, cuando la Guerra de Malvinas era una herida abierta. Hoy, afirma, aquella herida se transformó en memoria. Pero eso no significa que desaparezcan las resonancias históricas. "Nunca sabemos qué es lo que toca la pelota cuando se mueve", resume.

En esta entrevista también analiza el momento futbolístico de la Selección Argentina, el trabajo de Lionel Scaloni, el Mundial organizado entre Estados Unidos, México y Canadá y el lugar que ocupa el deporte en una época atravesada por disputas de poder, intereses económicos y tensiones políticas.

En tiempos donde casi todo parece reducirse a estadísticas, pronósticos o discusiones tácticas, Scher propone volver a mirar el fútbol como un fenómeno cultural capaz de condensar historia, memoria, política y emociones. Argentina e Inglaterra volverán a enfrentarse por un lugar en la final del Mundial 2026. El resultado quedará en el marcador. Lo demás, como sugiere Scher, seguirá latiendo mucho después del pitazo final

"No soy especialista en medir exactamente qué disparadores aparecen en una sociedad frente a un encuentro de estas características. Lo que sí sé es que hay una enorme historia detrás de este partido y que esa historia forma parte de su riqueza", explicó el periodista y escritor.

—¿Cómo estás viviendo la previa de esta semifinal entre Argentina e Inglaterra? ¿Sentís que tiene el mismo contexto que el partido de México 1986?

—En el fútbol y en todo lo que lo rodea siempre aparecen preguntas que no tienen respuestas definitivas. Es muy difícil medir qué fibras toca un partido como este. Lo terminaremos de entender dentro de unos días, no solamente cuando empiece a rodar la pelota. Como decía Jorge Valdano esta mañana, en 1986 la Guerra de Malvinas era una herida muy fresca; hoy es una memoria. Sigue estando todo lo que representa Malvinas y la relación con el Imperio Británico, pero el escenario no es el mismo. Nunca sabemos qué es lo que toca la pelota cuando se mueve. Centralmente es un partido de fútbol, pero también es el cruce de dos tradiciones gigantescas, profundamente entrelazadas. El fútbol llegó a la Argentina a través de pies británicos, especialmente ingleses, y desde entonces existe un vínculo muy singular.

—Scaloni y los propios veteranos de Malvinas insisten en que no hay que mezclar las cosas. ¿Coincidís?

—No sé si la palabra es "mezclar". Lo que hay es, centralmente, un partido de fútbol. Ahora bien, no soy especialista en medir exactamente qué disparadores aparecen en una sociedad frente a un encuentro de estas características. Lo que sí sé es que hay una enorme historia detrás de este partido y que esa historia forma parte de su riqueza.

"En el fútbol y en todo lo que lo rodea siempre aparecen preguntas que no tienen respuestas definitivas. Es muy difícil medir qué fibras toca un partido como este. Lo terminaremos de entender dentro de unos días, no solamente cuando empiece a rodar la pelota", dijo Ariel Scher en la entrevista con Entretiempo.

—¿Cómo ves futbolísticamente a esta Selección Argentina?

—Argentina sigue teniendo una condición competitiva que parece muy difícil de demoler, aun cuando el funcionamiento no esté en su momento más brillante. Ellos mismos han reconocido que no están jugando como en buena parte del Mundial de Qatar o de la Copa América. Eso tiene una explicación física. La mayoría llega al Mundial después de una temporada europea muy larga. En Qatar fue distinto porque el torneo se jugó en la mitad del calendario. Además, algunos futbolistas llegaron con lesiones. Pero hay algo que sigue siendo muy fuerte: la convicción. Es un equipo que transmite la sensación de que van a tener que hacer muchísimo para sacarlo del torneo.

"Argentina sigue teniendo una condición competitiva que parece muy difícil de demoler, aun cuando el funcionamiento no esté en su momento más brillante", expresó Scher..

—¿Esa fortaleza también marca una diferencia con Inglaterra?

—Los dos equipos llegan con cansancio. Ambos sufrieron mucho en los cuartos de final. La diferencia está en otro lado. Argentina acumuló un proceso muy sólido. Ganó muchísimo durante un período que, para el fútbol, ya es largo. Eso genera seguridades distintas.

—¿Esperás cambios de Scaloni para la semifinal?

—No me sorprendería que no modificara demasiado. Puede aparecer algún retoque en la mitad de la cancha porque algún jugador no está atravesando su mejor nivel, pero la construcción de un equipo nunca depende únicamente de cómo jugó alguien durante dos o tres partidos. También pesa lo que propone el rival y, sobre todo, la confianza que el entrenador tiene en su grupo.

—Hoy parece que el análisis táctico está dominado por el Big Data y las estadísticas. ¿Hasta dónde alcanza eso?

—Vivimos una época donde parece que el Big Data pesa más que la construcción natural que hacen los chicos y las chicas cuando aprenden a jugar. Pero después aparece algo que ninguna estadística puede controlar. El fútbol tiene una dimensión salvaje, en el mejor sentido de la palabra. Una dimensión primitiva. Somos personas porque jugamos. Y cuando jugamos a veces estamos llenos de confianza y otras veces profundamente inseguros. Eso también les pasa a los equipos. Por eso un colectivo que pierde confianza puede quedar desdibujado, incluso teniendo jugadores extraordinarios.

—¿Qué balance hacés del Mundial 2026?

—Lo primero que pienso es en una frase de Michel Foucault: donde hay poder, el poder se disputa. Este Mundial también es una disputa de poder. No solamente participan los organismos deportivos. También intervienen enormes poderes económicos que muchas veces se muestran y otras veces permanecen invisibles. Durante décadas el deporte intentó instalar la idea de que era ajeno a la política. Pero el apoliticismo deportivo también es una posición política.

—¿En qué se nota eso en este Mundial?

—Creo que hay menos maquillaje que antes. Estados Unidos organiza esta Copa junto a Canadá y México, pero al mismo tiempo mantiene fuertes tensiones económicas con ambos países. Además aparecen liderazgos como el de Donald Trump, que ya no buscan ocultar su protagonismo dentro del espectáculo deportivo. Todo eso también forma parte del Mundial.

—Sin embargo, el fútbol sigue despertando emociones muy profundas...

—Claro. Mientras se disputan intereses económicos, políticos y culturales, también ocurre algo profundamente humano. Nos late el corazón porque se mueven equipos, porque se mueven identidades y porque la pelota está corriendo. Por eso yo no comparto la idea de que el fútbol sea simplemente un opio de los pueblos. Puede adormecerte, sí. Pero también puede despertarte. Es un fenómeno polisémico. Significa muchas cosas al mismo tiempo y cada persona descubre una distinta cuando empieza a rodar la pelota.

 

La entrevista a Ariel Scher en AM550

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