Hay algo distinto en Lionel Messi después de haberse consagrado en Qatar 2022. Y no me refiero solamente a su juego. Tampoco son los tres goles ante Argelia, en este comienzo brillante en la Copa del Mundo y que confirma (nunca estuvo en duda) por qué sigue siendo uno de los mejores jugadores del planeta. Lo diferente está en su rostro, en sus gestos, en la manera en que disfruta cada partido. .
Durante años, Messi cargó una pesada mochila que parecía imposible de llevar. Era la mochila de las comparaciones, de las exigencias desmedidas, de la necesidad permanente de demostrar algo que ya había demostrado cientos de veces. Pero que se le exigía siempre. No alcanzaban los Balones de Oro, los récords ni los títulos en clubes. Siempre faltaba algo. Y la respuesta -mejor dicho, la liberación- llegó en Qatar 2022.
Qatar fue mucho más que una copa. Fue el final de una discusión eterna y el comienzo de una etapa distinta. Desde que levantó el trofeo con esa capa negra y dorada llamada bisht, Messi parece haber recuperado algo que tal vez había perdido entre tantas finales, críticas y exigencias: el placer puro de jugar al fútbol.
Desde entonces, Messi juega como quien ya no tiene cuentas pendientes. Como quien entiende que el juicio de la historia está cerrado y el veredicto fue contundente: campeón del mundo.
Este martes contra Argelia volvió a ofrecer una función de lujo. Tres goles. Qué más pedirle. Pero más allá de las estadísticas, lo que impacta es verlo disfrutar. Celebra cada gol con una alegría genuina que se la contagia a sus compañeros y también a los hinchas.
Por eso sus actuaciones actuales tienen un valor especial. Ya no juega para demostrar sino porque le gusta jugar a la pelota. Así, lisa y llanamente. Y porque sigue sintiendo la emoción de ponerse la camiseta argentina, como si fuera la primera vez que se viste con la celeste y blanca. Esa tranquilidad, esa alegría, esa felicidad (contagiosa) se nota en cada jugada, en cada pase, en cada mirada con el compañero, en cada movimiento.
Este martes contra Argelia volvió a ofrecer una función de lujo. Tres goles. Qué más pedirle. Pero más allá de las estadísticas, lo que impacta es verlo disfrutar. Celebra cada gol con una alegría genuina que se la contagia a sus compañeros y también a los hinchas.
Messi parece haber encontrado esa convivencia perfecta entre el talento y la precisión. El pasado del tiempo es inexorable y acaso estamos viendo las últimas funciones de Messi, con la pelota a sus pies y feliz. Ya no está corriendo detrás de ninguna revancha. No tiene nada que probarle a nadie.
Un comentarista decía que no necesita correr detrás de cada jugada para demostrar compromiso. Elige mejor los momentos, administra los esfuerzos, entiende el ritmo de los partidos, entiende el lugar que debe ocupar y parece estar en otra cosa, distraído y aparecer en el espacio preciso para tomar la pelota y hacer lo que sabe. Si algo se convenció es que no necesita participar en cada jugada para ser determinante. Le alcanza con aparecer en el momento justo. Ahora, cuando aparece, sigue marcando diferencias, y el arquero rival tiene que ir a buscar la pelota dentro del arco.
Messi parece haber encontrado esa convivencia perfecta entre el talento y la precisión. El paso del tiempo es inexorable y acaso estamos viendo las últimas funciones de Messi, con la pelota a sus pies y feliz. Ya no está corriendo detrás de ninguna revancha. No tiene nada que probarle a nadie.
Es la leyenda disfrutando de aquello que más ama hacer en la vida: jugar a la pelota.