Lionel Messi se despide este martes 6 de octubre de 2026 de la Selección Argentina, en un amistoso ante Benín en el Estadio Monumental. Será el partido número 208 del capitán con la Albiceleste y el cierre de una historia que comenzó hace más de dos décadas.
Para entender cuánto cambió esa historia hay que volver al principio.
El 17 de agosto de 2005, Messi tenía 18 años y debutaba ante Hungría en Budapest. José Pekerman lo hizo ingresar en el segundo tiempo y apenas 47 segundos después fue expulsado, en un estreno que terminó antes de empezar.
Aquel chico todavía no era campeón del mundo, no era capitán, no tenía una Copa América y ni siquiera era una de las grandes figuras económicas del deporte. Era un juvenil del Barcelona que acababa de ser campeón mundial Sub-20. El mundo que lo rodeaba tampoco era el de hoy.
Messi debutó antes de que existiera el fútbol de las redes
Cuando Messi jugó su primer partido con la Selección Mayor, Twitter, Instagram y WhatsApp todavía no existían. Facebook tenía poco más de un año y YouTube apenas seis meses. El primer tuit llegaría en 2006, Instagram en 2010 y WhatsApp en 2009.
El iPhone, que terminaría convirtiendo al teléfono en la principal cámara, pantalla y computadora de millones de personas, recién sería presentado en 2007.
Eso modificaba completamente la relación entre los futbolistas y el público. Si Messi hacía una gambeta espectacular en un entrenamiento, no había miles de teléfonos grabándola. Si daba una declaración, no aparecía inmediatamente recortada en TikTok. Si jugaba en Barcelona, los argentinos no podían seguir cada movimiento en tiempo real desde un celular.
Había que esperar a la televisión, a la radio, al diario o a una página web. La estrella todavía necesitaba de los medios tradicionales para llegar masivamente al público.
Messi fue, de alguna manera, uno de los grandes futbolistas que atravesó toda esa transformación.
En los cines estaban Batman, Star Wars y La guerra de los mundos
La fotografía de 2005 también puede reconstruirse mirando las películas que llenaban las salas. En los primeros meses de aquel año habían llegado Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith, Batman Begins, La guerra de los mundos, Madagascar, Sr. y Sra. Smith y Charlie y la fábrica de chocolate.
Star Wars había recaudado casi 850 millones de dólares a nivel mundial; La guerra de los mundos superaría los 600 millones y Batman Begins rondaría los 373 millones.
Había una película que todavía no existía para el público cuando Messi debutó. Harry Potter y el cáliz de fuego se estrenaría en noviembre de 2005. Terminó siendo la película más taquillera del año, con casi 896 millones de dólares de recaudación mundial.
Es una diferencia pequeña en apariencia, pero sirve para entender cómo funciona el paso del tiempo: cuando Messi debutó, una de las grandes películas que marcarían aquel año todavía estaba por estrenarse.
La música argentina tenía otros nombres en la cima
En la Argentina de 2005, el rock nacional conservaba una enorme presencia cultural. Una encuesta de lectores de Rolling Stone Argentina publicada en febrero de aquel año ubicaba a Babasónicos, Divididos, Bersuit Vergarabat, Los Piojos y La Renga entre las principales bandas del país. Entre los temas destacados aparecían “Una nueva noche fría”, de Callejeros, y “La argentinidad al palo”, de Bersuit Vergarabat.
Los premios Gardel de 2005 también muestran aquella fotografía musical: Bersuit Vergarabat ganó como Mejor Álbum Grupo de Rock por La argentinidad al palo, mientras que Miranda! fue reconocido como Mejor Álbum Grupo Pop por Sin Restricciones.
Era también una escena marcada por lo ocurrido pocos meses antes en Buenos Aires.
El incendio de República Cromañón, ocurrido el 30 de diciembre de 2004, había dejado 194 muertos y atravesaba profundamente la conversación sobre la música en vivo y la seguridad en los recitales.
Mientras tanto, el fenómeno de los festivales y del rock argentino seguía creciendo. El Cosquín Rock ya tenía como protagonistas a Los Piojos, Divididos, Las Pelotas y Bersuit, en una época en la que los festivales todavía se promocionaban sin redes sociales y gran parte de la convocatoria dependía de la radio, la televisión, los medios gráficos y el boca en boca.
Tiger Woods, Schumacher y Beckham eran las grandes fortunas del deporte
Messi tampoco pertenecía todavía al grupo de deportistas que movían fortunas. En 2005, según la lista de Sports Illustrated que combinó salarios, premios, patrocinios y apariciones, Tiger Woods encabezaba el ranking mundial con ingresos estimados en US$86,4 millones. Lo seguía Michael Schumacher, con US$81 millones. Después aparecían Andre Agassi, Shaquille O'Neal y Oscar De La Hoya.
El primer futbolista de aquella lista era David Beckham, octavo con unos US$30 millones. Forbes también ubicaba a Woods y Schumacher en la cima de sus rankings de deportistas mejor pagos, con Beckham entre las grandes figuras económicas del fútbol mundial.
Messi todavía estaba muy lejos de ese universo. El futbolista que años después se convertiría en una de las marcas deportivas más importantes del planeta todavía estaba construyendo su nombre.
Argentina todavía tenía muy cerca la crisis de 2001
El debut de Messi ocurrió apenas tres años después del momento más dramático de la crisis argentina. Néstor Kirchner llevaba poco más de dos años como presidente y el país había comenzado una fuerte recuperación económica después del colapso de 2001-2002. Precisamente, ese día el dólar estaba $2,86 para la compra y $2,90 para la venta.
En 2002, el PIB argentino había caído alrededor de 10,9% y la pobreza urbana había alcanzado aproximadamente el 57,5%, mientras el desempleo había superado el 20%. Para 2003 y 2004, en cambio, la economía había vuelto a crecer con fuerza.
Cuando Messi debutó, Argentina ya estaba en otra etapa: todavía arrastraba las consecuencias de la crisis, pero el clima económico era de recuperación.
Ese mismo año, además, el kirchnerismo conseguiría una importante victoria en las elecciones legislativas de octubre. Es decir, Messi apareció en una Argentina que todavía estaba procesando el pasado mientras intentaba imaginar el futuro.
Riquelme era el dueño de la pelota y Brasil seguía siendo campeón
La Selección Argentina tampoco esperaba a Messi con un equipo vacío. Pekerman tenía a Juan Román Riquelme, Hernán Crespo, Javier Saviola, Pablo Aimar, Javier Zanetti, Juan Pablo Sorín, Roberto Ayala, Esteban Cambiasso, Javier Mascherano y Carlos Tévez.
Dos meses antes del debut de Messi, Argentina había derrotado 3-1 a Brasil en el Monumental y había asegurado su clasificación al Mundial de Alemania 2006. Brasil llegaba como campeón mundial y tenía figuras como Ronaldinho, Kaká, Cafú, Roberto Carlos, Adriano y Robinho. La realidad verdeamarela hoy es muy diferente.
En ese contexto, Messi era una promesa. No era el centro de la Selección y nadie podía saber todavía que terminaría siendo el futbolista que más veces vestiría la camiseta argentina.
En 2005 Messi todavía no era Messi
Hay una forma sencilla de dimensionar aquellos 21 años. Cuando debutó, tenía 18 años; no era goleador histórico de Argentina ni tampoco una de las grandes marcas comerciales del deporte.
Un mes y medio antes del debut, había sido la figura del Mundial Sub-20 de Países Bajos: marcó seis goles, convirtió los dos de Argentina en la final ante Nigeria y ganó el Balón de Oro y la Bota de Oro del torneo. Pekerman decidió llevarlo a la Mayor. Y aquel 17 de agosto ocurrió lo inesperado.
El debut duró 47 segundos
Messi ingresó a los 63 minutos por Lisandro López. Recibió una pelota, intentó escapar de la marca de Vilmos Vanczák y terminó expulsado por el árbitro alemán Markus Merk.
Habían pasado solamente 47 segundos. La imagen que quedó fue la de un adolescente desconsolado abandonando la cancha. Lo que vino después convirtió aquel episodio en una anécdota.
La Copa América 2021. La Finalissima 2022. Qatar 2022. La Copa América 2024. Y ahora, el Monumental.
De Budapest al Monumental: 21 años que cambiaron todo
El 17 de agosto de 2005, Messi jugó sus primeros segundos con Argentina en Budapest. Este 6 de octubre de 2026, 21 años después, se prepara para despedirse de la Albiceleste ante Benín en el Monumental.
La diferencia no está solamente en los títulos. Está en todo lo que ocurrió alrededor.
En 2005 se usaban SMS; hoy se mandan mensajes por WhatsApp. Se esperaba el diario deportivo; hoy una jugada puede ser viral en segundos. Aún se alquilaban películas; hoy se consumen plataformas de streaming.
Los artistas necesitaban radio y televisión para promocionar sus canciones; hoy pueden publicar directamente para millones de seguidores.
Los futbolistas dependían de los medios para construir su imagen; hoy pueden comunicarse directamente con sus audiencias. Y Messi estuvo presente durante toda esa transformación.
Una generación entera creció viendo jugar a Messi
Quizás esa sea la verdadera dimensión de la despedida. Un chico de 10 años en 2005 hoy tiene 31. Uno que tenía 18 hoy tiene 39. Alguien que nació el año del debut de Messi hoy tiene 21 años.
Para millones de personas, Messi no es solamente un futbolista. Es una referencia temporal.
Estaba Messi cuando empezaron a usar internet. Estaba Messi cuando llegó el primer celular. Estaba Messi cuando apareció Facebook. Estaba Messi cuando nacieron YouTube, Twitter, Instagram y WhatsApp. Estaba Messi cuando Argentina ganó en Qatar.
Ahora está Messi cuando esa historia llega a su último partido con la Selección.