El domingo 2 de agosto de 1908, dos modestos equipos nacidos a orillas del Riachuelo ingresaron a una cancha de tierra sin imaginar que estaban comenzando una de las rivalidades deportivas más importantes del planeta. Boca Juniors y River Plate disputaron aquel día el primer enfrentamiento entre ambos del que se conservan registros completos. El partido se jugó en la vieja cancha de Boca, ubicada en la zona de la Dársena Sur, y terminó con una victoria del conjunto local por 2 a 1. Este domingo se cumplen 118 años de aquel encuentro que, con el paso del tiempo, sería reconocido como el origen del Superclásico argentino.
En aquel momento no existían la Bombonera, el Monumental, las transmisiones televisivas ni las multitudes que actualmente paralizan al país cada vez que se enfrentan. Tampoco se utilizaba la palabra “Superclásico” y ninguno de los dos clubes tenía todavía la dimensión nacional e internacional que alcanzaría décadas después. River había sido fundado en 1901 y Boca en 1905, y los dos compartían sus primeros años de vida en el mismo sector portuario de Buenos Aires. Eran, literalmente, vecinos de barrio.
Los dos equipos participaban durante 1908 en el campeonato de Segunda Liga, aunque integraban grupos diferentes. El calendario determinó que ambos quedaran libres durante la misma jornada y, en lugar de permanecer inactivos, sus dirigentes acordaron organizar un partido amistoso. En una época en la que las prácticas sistemáticas durante la semana todavía no eran habituales, el encuentro servía para mantener en movimiento a los jugadores mientras el resto de los participantes disputaba sus compromisos oficiales.
Boca se impuso por 2 a 1 y la gran figura de la tarde fue Rafael Pratts, quien convirtió los dos goles del vencedor. Los registros disponibles aportan el resultado, las formaciones y el escenario, pero conservan pocos detalles sobre el desarrollo del juego, el público presente o la manera en que se produjeron los tantos. Lo que seguramente se vivió como un amistoso entre dos clubes cercanos terminó convirtiéndose, con los años, en el capítulo inicial de una historia inagotable.
Existe una discusión entre los investigadores sobre si aquel encuentro fue realmente el primero entre ambos. Algunos archivos sostienen que pudieron haberse cruzado informalmente desde 1906, aunque no aparecieron documentos suficientes para comprobar los resultados, las fechas ni las formaciones de esos posibles antecedentes. Por esa razón, el choque del 2 de agosto de 1908 es considerado generalmente el primer Boca-River con registros completos y el punto de partida reconocido de la rivalidad.
Las formaciones del histórico partido
Según las reconstrucciones conservadas, Boca salió a la cancha con Juan Antonio de los Santos; Marcelino Vergara, Luis Cerezo, Guillermo Ryan y Arturo Penney; Juan Bautista Prianno, José María Farenga y Juan Manuel Eloiso; Rafael Pratts, Pedro Moltedo y Alberto Penney. River, por su parte, formó con Juan Alejandro Luraschi; Francisco Prianno, Arturo Chiappe, Franco y R. Cambón; Dino Pierotti, Pascual Griffero y Arce; Julio Abaca Gómez, Devitt y Casella.
Aquel 1908 también resultaría decisivo para la historia de River. Meses después del amistoso, el equipo de la banda se consagró campeón de la Segunda División y obtuvo el ascenso a la máxima categoría. Boca debería esperar hasta 1913 para llegar a Primera, circunstancia que permitió que ambos clubes comenzaran a enfrentarse oficialmente en el nivel superior.
Antes de ese primer encuentro oficial hubo, al menos, otro amistoso registrado. Se disputó en 1912, también en la Dársena Sur, y terminó igualado 1 a 1. El primer partido por los puntos llegó finalmente el 24 de agosto de 1913, en la cancha de Racing, donde Boca actuó como local. River se impuso por 2 a 1 con goles de Cándido García y Antonio Ameal Pereyra, mientras que Marcos Mayer descontó para Boca.
El primer Superclásico de la era profesional se disputó mucho después, el 20 de septiembre de 1931, y terminó rodeado por un escándalo. River se puso en ventaja mediante Carlos Peucelle y Francisco Varallo consiguió el empate para Boca en una polémica jugada. Las protestas derivaron en la expulsión de tres futbolistas de River que se negaron a abandonar el campo, por lo que el árbitro suspendió el partido. Semanas después, el Tribunal de Honor le otorgó la victoria a Boca por 1 a 0.
Desde aquellos campos precarios de la Dársena Sur, Boca y River siguieron caminos diferentes. River dejó definitivamente el barrio, pasó por Recoleta y finalmente se instaló en Núñez, mientras Boca consolidó su identidad en La Ribera y levantó la Bombonera. La distancia geográfica creció, pero la rivalidad se volvió cada vez más intensa y atravesó generaciones, campeonatos, finales nacionales, eliminaciones internacionales y partidos que quedaron grabados en la memoria colectiva.
El contraste entre aquel comienzo y el presente explica parte de la dimensión alcanzada por el Superclásico. El 2 de agosto de 1908 no hubo una multitud, una copa en juego ni grandes figuras conocidas. Solamente se encontraron dos equipos jóvenes, integrados por muchachos del mismo barrio, que buscaban aprovechar una fecha libre del campeonato. Sin embargo, ese modesto amistoso terminó inaugurando una rivalidad capaz de dividir familias, transformar jugadores en ídolos y convertir cada nuevo enfrentamiento en un acontecimiento seguido mucho más allá de las fronteras argentinas.
Boca ganó aquel primer partido registrado por 2 a 1, pero la verdadera historia recién comenzaba. Cinco años después, River se quedaría con el primer duelo oficial; en 1931, Boca recibiría en los tribunales la victoria del estreno profesional. Esa alternancia, iniciada cuando ambos todavía eran vecinos de La Boca, anticipó una rivalidad marcada por triunfos inolvidables, derrotas dolorosas y discusiones que continúan más de un siglo después.