La imagen pegó fuerte entre los hinchas de Rosario Central porque reunió pasado, afecto y memoria en una misma escena. En la previa del partido ante Independiente del Valle por la Copa Libertadores, parte del plantel canalla visitó a Edgardo Bauza en Quito y compartió un encuentro cargado de emoción con el entrenador que llevó al club a cortar una larga sequía.
La comitiva no llegó con las manos vacías. Ángel Di María, Marco Ruben, Jorge Broun y Jeremías Ledesma estuvieron en la casa del Patón Bauza junto al presidente Gonzalo Belloso y la vicepresidenta Carolina Cristinziano. Entre todos le acercaron camisetas, una plaqueta conmemorativa y la Copa Argentina 2018, el título que el propio técnico consiguió al frente del equipo rosarino.
Ese trofeo ocupa un lugar muy especial en la historia reciente de Rosario Central. No solo representó una consagración después de años de frustraciones, sino que también quedó asociado para siempre al nombre de Edgardo Bauza, un hombre que ya tenía una marca profunda en Arroyito por su etapa como futbolista y que luego volvió para escribir otro capítulo desde el banco.
El club eligió compartir el momento en sus redes con un mensaje que conmovió a los hinchas: “Qué hermoso volver a verte, Patón. Tras nuestra llegada a Ecuador nos abrió las puertas de su casa y, junto a su familia, compartimos un momento muy especial. Le llevamos la Copa Argentina, una plaqueta y camisetas de Central. Te amamos para siempre, Patón”.
Más allá de la visita, el presente del exentrenador también explica la sensibilidad que generó la escena. A los 68 años, Bauza vive en Ecuador, lejos de la exposición pública y acompañado de cerca por su familia. Su vida cambió después de que en 2021 fuera diagnosticado con demencia frontotemporal, una enfermedad que afectó progresivamente su memoria y su capacidad de comunicación.
Su historia con Rosario Central, sin embargo, sigue intacta para los hinchas. Como jugador, fue campeón del Torneo Nacional de 1980 y del campeonato de Primera División 1986/87. Como entrenador, volvió a quedar en la memoria grande del club con aquella Copa Argentina que esta vez viajó hasta su casa, como una manera de devolverle parte del cariño que sembró.
Por eso, la visita no funcionó solo como un gesto institucional antes de un compromiso internacional. Fue una postal de reconocimiento para el Patón Bauza, rodeado por su familia y por representantes de un club que todavía lo abraza desde la distancia. En medio de la rutina competitiva, Rosario Central hizo una pausa para llevarle al técnico un pedazo vivo de su propia historia.