No habrá minuto de silencio capaz de tapar semejante ruido. Porque Carlos "Indio" Solari murió este viernes a los 77 años, pero sus canciones seguirán sonando donde más cómodas se sentían: en las tribunas. Entre bombos, banderas, papelitos y gargantas rotas. Ahí donde el rock y el fútbol hace décadas decidieron jugar para el mismo equipo.
La noticia golpeó a la Argentina entera. Al mundo de la música, por supuesto. Pero también al del deporte. Porque el Indio nunca fue un espectador más. Fue uno de esos artistas que lograron algo extraordinario: transformar sus canciones en parte del lenguaje popular del fútbol.
Mientras el país despide al líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, miles de hinchas recuerdan que, mucho antes de convertirse en leyenda, ya había escrito una banda sonora que terminó apropiándose de las canchas. "Jijiji", "La Bestia Pop", "Un ángel para tu soledad", "Todo preso es político" o "Nuestro amo juega al esclavo" dejaron de ser solamente canciones para convertirse en rituales colectivos.
El fútbol argentino las adoptó como propias
No importaron los colores. Boca, River, Racing, Independiente, San Lorenzo, Central, Newell's o los clubes del Ascenso. Todos alguna vez cantaron al ritmo de Los Redondos. Porque el Indio logró lo que pocos artistas consiguen: atravesar fronteras, rivalidades y camisetas.
Y aunque las tribunas lo compartían, su corazón tenía dueño.
Era hincha de Boca.
Lo contó muchas veces. Sin vueltas. Sin marketing. Con la misma autenticidad con la que construyó su carrera. El partido del Xeneize podía detener cualquier otra actividad. Boca era una pasión tan importante como la música.
Por eso no sorprendió su cercanía con dos de los máximos ídolos de la historia azul y oro
Con Diego Armando Maradona existió una admiración mutua. Se enviaron mensajes, regalos y elogios. Cuando el Diez asumió en Gimnasia, el Indio le dedicó palabras de afecto. Cuando Diego murió, lo definió como "el vengador de los pobres", una frase que quedó grabada entre los homenajes más recordados.
Con Juan Román Riquelme el vínculo fue todavía más cercano. Compartieron encuentros privados, asados y largas charlas. El músico nunca ocultó la admiración que sentía por el actual presidente de Boca.
"Román tiene códigos", dijo alguna vez.
Y para el Indio, los códigos valían tanto como una buena canción.
Quizás por eso su figura encajó tan naturalmente en el universo futbolero. Porque sus letras siempre hablaron de héroes imperfectos, de rebeldes, de tipos que peleaban contra algo más grande. Personajes que bien podrían haber salido de una cancha de barrio un domingo por la tarde.
Hoy el rock nacional pierde a uno de sus gigantes. Pero las tribunas ganan una leyenda eterna.
Porque cada vez que una popular vuelva a explotar al ritmo de "Jijiji", cada vez que miles de personas salten al unísono como en una misa futbolera, el Indio seguirá ahí.