De cara al duro encuentro de cuartos de final que se aproxima entre la Selección Argentina y Suiza el sábado, uno de los protagonistas en el equipo rival es sin dudas su capitán Granit Xhaka. Con una larguísima trayectoria en un seleccionado que lo vio debutar a los 17 años, el mediocampista con raíces albano-kosovares disputa su cuarto Mundial, es el jugador con más partidos en los helvéticos con 151 y buscará liderar a un equipo que va por las primeras semifinales mundialistas de su historia.
La familia de Xhaka fue una de las tantas que escapó de su tierra durante las Guerras de los Balcanes en la década de 1990. Su padre, Ragip, estuvo preso en Belgrado (hoy capital de Serbia) cuando era un universitario por manifestarse en contra del gobierno y pedir por el reconocimiento de Kosovo como país independiente. "Mi padre demostró una fuerza increíble y con Taulant (su hermano mayor) crecimos con su fortaleza mental. Él sufrió para que tuvieramos una vida mejor, ese era nuestro ídolo, y nos enseñó que hay que ser fuertes para lograr las cosas", expresó en una entrevista de en The Times.
Él mismo también dejó en claro su postura en favor de sus orígenes albano-kosovares: en 2018, le marcó un gol a Serbia en la victoria 2-1 de Suiza en fase de grupos y en el festejo realizó con las manos el águila bicéfala de la bandera de Albania. Luego de este gesto, la FIFA lo sancionó con 8600 euros por realizar gestos explícitamente políticos, sanción que también cayó para sus compañeros Xherdan Shaqiri (autor del otro tanto) y Stephan Lichtsteiner.
En su carrera en clubes, el salto de Basilea a la Bundesliga para jugar con Borussia Mönchengladbach permitió una transferencia posterior al Arsenal, donde llegó a ser capitán, ganó dos FA Cup y fue parte del proceso de transformación de Mikel Arteta que derivó en la conquista de la Premier League. Con el trabajo a medio consumar, se fue al Bayer Leverkusen llamado por Xabi Alonso, quien lo hizo uno de sus líderes para que las Aspirinas levantaran el primer título de liga alemana de su historia de manera invicta y llegaran a la final de UEFA Europa League. Hoy en Sunderland, fue clave en la llegada de los recién ascendidos a una competición europea al ser 7° en la Premier.
En lo que es su cuarto Mundial en ya 15 años de carrera con Suiza, el volante zurdo consiguió igualar a su compañero Shaqiri al convertir en tres ediciones de la Copa del Mundo diferentes (2014, 2018 y la actual). Pero más importante aún, consiguió sobrepasar por primera vez la barrera de los octavos de final con los helvéticos al superar a Colombia en los penales. "Estoy desde 2014 en Mundiales y habíamos jugado bien pero no habíamos tenido la suerte de pasar octavos. Podemos estar orgullosos de lo que hicimos", comentó luego del encuentro.
El antecedente entre Xhaka y Argentina
Ya hubo un cruce previo entre el capitán de Suiza y la Albiceleste y fue en el Mundial de Brasil 2014, el primero que disputó el volante. Con apenas 21 años, jugó los cuatro partidos de aquella selección que complicó hasta el final a la Argentina conducida por Alejandro Sabella, que tuvo que recurrir a un tanto de Ángel Di María en el alargue para ganar 1-0 y pasar de ronda. En aquel duelo, naturalmente, también estaba Lionel Messi, con el que se volverá a ver las caras el sábado.
De cara al encuentro, el mediocampista se mostró muy respetuoso del '10': "Para mí, y para nosotros que jugamos en la era de Messi, es un privilegio. Es un privilegio jugar contra él, es un privilegio ser parte de su historia. Es uno de los más grandes jugadores en la historia del fútbol", dijo, pero dejó en claro que Suiza va tras del objetivo de las semis. "Disfrutaremos de este partido con seguridad, pero también queremos mostrar la personalidad de Suiza, y hacerle la vida lo más difícil posible a él y a Argentina”.