En una noche cargada de tensión en Londres, no solo el Atlético de Madrid se quedó con las manos vacías en la semifinal de la Champions League. También hubo preocupación argentina. Julián Álvarez, una de las piezas clave de la Selección, volvió a ser protagonista por una situación que encendió las alarmas: salió reemplazado tras resentirse de su tobillo.
La Araña, que ya había llegado con lo justo desde lo físico, hizo un esfuerzo grande para estar presente en la revancha ante Arsenal. Incluso se infiltró para poder jugar un partido decisivo. Sin embargo, el plan duró lo que pudo: tras un nuevo golpe en la zona afectada, terminó rengueando y Diego Simeone no dudó en sacarlo para evitar riesgos mayores.
La imagen preocupó. No era una más. A poco más de un mes del Mundial, cualquier dolencia en los futbolistas de la Selección se analiza con lupa. Y más aún cuando se trata de un delantero que se ganó su lugar a base de goles, despliegue y personalidad.
De todos modos, con el correr de las horas, la tensión empezó a bajar. Desde el entorno de la Selección Argentina transmitieron calma: no se trata de una lesión de gravedad, aunque sí requerirá reposo para evitar complicaciones. La prioridad es clara: no arriesgar.
En Atlético de Madrid también pisan el freno. Con el objetivo de la clasificación a la próxima Champions prácticamente asegurado y sin grandes desafíos por delante, el cuerpo técnico optaría por no exigirlo en lo que resta de la temporada. Todo indica que Julián podría no volver a jugar hasta después del Mundial.
El golpe, producto de una caída sobre su tobillo, lo condicionó durante toda la serie, aunque igual dejó su sello: convirtió de penal el único gol del equipo de Simeone en la llave. Un detalle que reafirma su jerarquía incluso en condiciones adversas.