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Messi y Maradona: dos ídolos, una camiseta y la historia de la Selección Argentina que los volvió eternos

El destino quiso que Maradona y Messi compartieran la camiseta argentina y que el Diez de México 1986 fuera entrenador de aquel joven rosarino en el Mundial de Sudáfrica 2010. Maradona fue quien abrió el camino y Messi, después de años de críticas y frustraciones, terminó escribiendo su propia página dorada.

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En el Mundial de Sudáfrica 2010.

Durante décadas, hubo una pregunta que parecía imposible de responder en el fútbol argentino: ¿quién es el mejor, Diego Maradona o Lionel Messi? La discusión atravesó generaciones, bares, tribunas, redacciones y millones de conversaciones. Pero quizá haya una manera más interesante de contar la historia: Maradona no fue simplemente el futbolista con el que compararon a Messi. También fue uno de los hombres que acompañó sus primeros pasos en la Selección mayor.

Y ahora, cuando Lionel Messi anunció su retiro definitivo del seleccionado argentino después de más de dos décadas, la historia entre ambos adquiere una nueva dimensión. Porque antes de convertirse en campeón del mundo, antes de levantar la Copa América y antes de transformar en realidad todo aquello que durante años pareció una deuda imposible de saldar, Messi tuvo que convivir con una sombra enorme. La sombra del Diego.

La historia detrás de los dos 10.

"Messi es mi Maradona"

En 2009, cuando Diego Maradona era el entrenador de la Selección, ya no tenía dudas sobre quién debía ser el protagonista de su equipo. “Messi es mi Maradona”, había dicho aquel año, dejando en claro que no pretendía convertir al joven rosarino en una copia suya, sino reconocer en él a un futbolista capaz de ocupar un lugar central en la historia argentina.

Maradona entendía perfectamente lo que significaba jugar con la camiseta argentina. Sabía de sus exigencias, de sus contradicciones y de esa particular relación entre un futbolista y un país que puede convertir a un ídolo en héroe en cuestión de minutos y, con la misma velocidad, transformarlo en objeto de críticas.

Messi todavía estaba construyendo su historia. Y Diego fue, durante un tiempo, su entrenador.

ahora, por primera vez en mucho tiempo, el fútbol argentino tendrá que imaginar a la Selección sin ninguno de los dos dentro de la cancha.

El Mundial que los unió

Sudáfrica 2010 fue el punto de encuentro más importante entre ambos. Maradona llegó al Mundial como técnico y Messi como la gran figura de una Selección que buscaba recuperar protagonismo. El vínculo entre ambos fue mucho más cercano que el de un entrenador y su máxima estrella. Maradona lo abrazaba, lo protegía y lo colocaba en el centro de su proyecto.

Después de la eliminación ante Alemania, Diego contó que Messi había sido uno de los jugadores que más había llorado. Dijo que no olvidaría jamás aquel llanto y sostuvo que, junto con Andrés Iniesta, había sido uno de los mejores jugadores del torneo.

Aquella imagen resulta especialmente significativa vista desde hoy. Porque Messi todavía no había ganado un título con la Selección mayor. Las críticas que llegarían después todavía no habían comenzado a construir uno de los capítulos más dolorosos de su carrera.

Sudáfrica 2010 fue el punto de encuentro más importante entre ambos. Maradona llegó al Mundial como técnico y Messi como la gran figura de una Selección que buscaba recuperar protagonismo. El vínculo entre ambos fue mucho más cercano que el de un entrenador y su máxima estrella. Maradona lo abrazaba, lo protegía y lo colocaba en el centro de su proyecto.

El peso de ser “el nuevo Maradona”

Messi no eligió ser comparado con Maradona. La comparación apareció desde el momento en que comenzó a deslumbrar en Barcelona y, especialmente, cuando empezó a vestir la camiseta argentina. Era zurdo, rosarino, llevaba la número 10 y tenía una capacidad extraordinaria para resolver partidos. Las coincidencias parecían demasiado evidentes.

Pero había una diferencia fundamental. Maradona había conseguido con Argentina lo que Messi todavía buscaba: la Copa del Mundo. Esa comparación terminó convirtiéndose durante años en una mochila.

Messi perdió la final del Mundial de Brasil 2014 y luego las finales de las Copas América 2015 y 2016. Después de perder ante Chile en Estados Unidos, anunció su primer retiro de la Selección. Aquella noche lloró y dijo que ya había hecho todo lo que podía.

Maradona y Mesi, un vínculo único.

Parecía que la historia terminaría allí. Pero no terminó. Messi volvió y cambió la historia. Comenzó otra historia.

En 2021 llegó la Copa América. Después, la Finalissima. Y finalmente, Qatar en 2022.

En diciembre de 2022, Messi consiguió aquello que durante tantos años había sido utilizado como argumento en las comparaciones con Maradona: ser campeón del mundo con la Selección argentina.

La imagen de Messi levantando la Copa en Lusail inevitablemente remitió a Maradona levantando el trofeo en México 1986. Dos capitanes. Dos números 10. Dos épocas. Dos títulos mundiales. Pero ya no hacía falta elegir. Messi había dejado de ser “el heredero de Maradona” para convertirse en Messi.

El propio Messi siempre intentó escapar de esa discusión. En 2026, después de llevar nuevamente a Argentina a una final mundialista, recordó su relación con Maradona y fue contundente: “Nunca me quise comparar con el Diego y nunca lo haré”. También recordó con cariño el Mundial de 2010 y aquellos días compartidos con el entrenador.

“Nunca me quise comparar con el Diego”

El propio Messi siempre intentó escapar de esa discusión. En 2026, después de llevar nuevamente a Argentina a una final mundialista, recordó su relación con Maradona y fue contundente: “Nunca me quise comparar con el Diego y nunca lo haré”. También recordó con cariño el Mundial de 2010 y aquellos días compartidos con el entrenador.

En esa misma reflexión apareció una frase que resume quizás mejor que ninguna otra la relación entre ambos: “Él marcó el camino y nosotros fuimos tras sus pasos.”

Maradona había mostrado el camino en 1986. Messi lo recorrió durante más de 20 años y terminó construyendo su propio camino.

Se va también Messi como el futbolista con más partidos y más goles en la historia de la Selección argentina, después de 207 encuentros y 125 tantos. El heredero que dejó de ser heredero Diego fue Diego. Lionel fue Lionel. Uno convirtió a la Selección argentina en campeón del mundo en México. El otro lo hizo en Qatar y además conquistó América en dos oportunidades.

Dos despedidas, una camiseta

Hay además una coincidencia que vuelve todavía más simbólico este momento. Maradona tuvo su último gran capítulo con la Selección en Estados Unidos, en el Mundial de 1994. Messi también acaba de cerrar su historia internacional en Estados Unidos, después de la final del Mundial 2026 ante España.

Los dos se despidieron de la Albiceleste en escenarios estadounidenses y después de haber cargado durante años con una responsabilidad que excedía al fútbol.

Pero hay una diferencia fundamental. Maradona dejó la Selección siendo todavía un mito cuya historia mundialista había quedado marcada por México 1986. Messi se va después de haber conseguido aquello que durante buena parte de su carrera le reclamaron: la Copa del Mundo, dos Copas América y una Finalissima.

Se va también como el futbolista con más partidos y más goles en la historia de la Selección argentina, después de 207 encuentros y 125 tantos.

El heredero que dejó de ser heredero Diego fue Diego. Lionel fue Lionel.

Uno convirtió a la Selección argentina en campeón del mundo en México. El otro lo hizo en Qatar y además conquistó América en dos oportunidades.

Uno fue el ídolo de una generación que necesitaba volver a creer. El otro fue el ídolo de una generación que durante años esperó verlo levantar una copa con la camiseta argentina.

La Selección tuvo a los dos. Los dos, cada uno a su manera, hicieron que la camiseta argentina fuera todavía más grande.

Maradona abrió el camino.

Messi lo recorrió hasta el final.

Así como aquella vez en 1994, ahora, los futboleros tendremos que imaginarnos sin Messi dentro de una cancha vistiendo la celeste y blanca. 

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