Antes de que Lionel Scaloni levantara títulos con la Selección argentina, hubo una historia familiar marcada por ruta, sacrificio y fútbol. Ángel “Chiche” Scaloni, su papá, fue una pieza fundamental para que aquel chico de Pujato pudiera sostener su sueño deportivo desde muy temprano.
La vida de Chiche Scaloni estuvo lejos de los lujos que después rodearon la carrera de su hijo. Durante años trabajó como camionero, transportando cereales, piedras y distintas cargas por las rutas, en jornadas extensas que muchas veces terminaban con muy poco margen para descansar antes de volver a cumplir otro rol clave: llevar a sus hijos a entrenar.
El recorrido familiar tenía un destino repetido: Rosario. Desde Pujato, Chiche hacía el esfuerzo de trasladar a Lionel Scaloni y a su hermano Mauro para que pudieran entrenarse en las divisiones inferiores, incluso después de haber pasado horas arriba del camión. El cansancio quedaba en segundo plano frente a la posibilidad de acompañarlos.
Esa rutina explica buena parte del origen del actual entrenador de la Selección argentina. Su formación no empezó únicamente dentro de una cancha, sino también en esos viajes, en la constancia de una familia que entendió que el talento necesitaba tiempo, presencia y una estructura diaria para poder crecer.
El vínculo de Ángel “Chiche” Scaloni con el fútbol también venía de antes. En Pujato fue arquero, entrenador, dirigente y colaborador del Club Matienzo, la institución donde Lionel dio sus primeros pasos con la pelota. Allí, el deporte no era solo una actividad: formaba parte de la vida cotidiana de la familia.
En ese esquema, Lali, la mamá de Lionel Scaloni, también cumplió un rol decisivo. Mientras Chiche repartía sus días entre el trabajo, la ruta y el club, ella sostenía la organización de la casa y acompañaba el crecimiento de sus hijos, en una dinámica familiar atravesada por esfuerzo, compromiso y discreción.
Con el paso del tiempo, la historia cambió de escala, pero no de esencia. Lionel Scaloni pasó de aquellos viajes entre Pujato y Rosario a convertirse en campeón del mundo como entrenador, aunque su relato familiar sigue explicando muchos de los valores que representa: humildad, trabajo y gratitud. Detrás del técnico que volvió a ilusionar a la Argentina aparece la figura silenciosa de Chiche, el padre que manejó kilómetros para que sus hijos pudieran perseguir una oportunidad.