Una vez más, el fútbol llevó alegría a las calles de República Democrática del Congo. El país africano, que volvió a un Mundial luego de 52 años, sumó el primer punto de su historia al empatar 1-1 ante Portugal y sus hinchas no escatimaron en celebraciones. Las calles de Kinshasa, la capital, se vieron regadas de gente que salió a festejar el histórico resultado.
Si bien el duelo arrancó rápidamente 0-1 en Houston ante los lusos, los congoleños se repusieron y lograron empatar con el tanto de Yoanne Wissa, también primer tanto de la nación en un Mundial, para igualar las acciones. Luego de aguantar a una Portugal con pocos argumentos, RD Congo se sostuvo defensivamente para lograr un resultado histórico.
Cuando el árbitro dio el pitido final, el puñado de congoleños que se alojó en las tribunas del NRG Stadium deliró con el 1-1 final, pero el gran festejo se vivió en las calles de Kinshasa. Ya entrada la noche en el país, poco importó a los fanáticos que, luego de festejar el ingreso al Mundial hace un par de meses vía Repechaje Intercontinental, volvieron a abrazar al fútbol, el deporte que tanto los hizo sufrir, al arrancarle un empate a uno de los candidatos.
Zaire y la "jugada viral" de 1974
A pesar de tener una cultura muy emparentada con el fútbol, RD Congo solamente había participado una vez en la cita mundialista. Fue en 1974, bajo el nombre de Zaire. En aquel momento, el país se encontraba gobernado por Mobutu Sese Seko, un dictador que llegó con un sangriento golpe y consideraba que el deporte era el mejor medio propagandístico para vender al exterior su régimen. La orden era clara: había que hacer un buen papel en ese Mundial.
No obstante, Zaire perdió los tres partidos y se fue muy rápido. En medio de ese periplo, el plantel fue amenazado por el gobierno, tras perder contra Escocia por 2-0 y, sobre todo, por la humillante goleada 0-9 sufrida ante Yugoslavia. El último rival del grupo era Brasil y la bajada de línea era "no perder por más de tres goles", amenzas de por medio. Allí nació una jugada recordada y un protagonista llamado Mwepu Ilunga.
Ganaba Brasil por 3-0 y, a 15 minutos del cierre, llegó un tiro libre directo que ejecutaría Rivelino. En la desesperación por la orden, Ilunga atinó a salirse de la barrera y patear la pelota, lo que le valió una amarilla. La acción fue por mucho tiempo subestimada como un desconocimiento reglamentario, pero guardaba un turbio trasfondo: "Después del partido, envió a sus guardaespaldas presidenciales a amenazarnos. Cerraron el hotel a todos los periodistas y nos dijeron que si perdíamos por más de tres goles contra Brasil, ninguno de nosotros podría regresar a casa", recordaría Ilunga en un documental posterior.