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Brasil, entre la audacia de Lula y la paciencia de Bolsonaro

El presidente juega todas sus cartas antes de octubre; el bolsonarismo eligió esperar y capitalizar el desgaste.

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Lula encabeza las encuestas pero habrá balotaje
Milei espera un triunfo de Flavio Bolsonaro
Flavio Bolsonaro apuesta al desgaste de la gestión de Lula
Trump necesita un triunfo de Bolsonaro para sumar a Brasil como socio regional
Trump y Lula mantienen una relación tensa y pragmática
En los últimos días, Lula tomó audaces medidas para conseguir mas apoyo popular

Las elecciones de Brasil del próximo domingo 4 de octubre repiten un patrón que se ve en buena parte del mundo: sociedades polarizadas al extremo, economías con números macro positivos que no alcanzan para calmar a una ciudadanía cada vez más impaciente y menos dispuesta a sostener oficialismos que no le mejoran las condiciones de vida materiales, y la inseguridad como tema más sensible de la campaña.

Lula busca hacer historia

Lula, que busca su cuarto mandato, llega a la primera vuelta arriba pero sin holgura: según el promedio de encuestas de CNN Brasil actualizado al 25 de septiembre, mide 41% contra 31% de Flavio Bolsonaro. En un eventual balotaje la ventaja se diluye: Quaest y BTG Pactual/Nexus lo ubicaron en empate técnico con Bolsonaro el 21 de septiembre, mientras que Datafolha había dado 46% a 44% a favor de Lula pocos días antes. La macro está en orden y en crecimiento, pero eso no se siente ni cuando la gente carga nafta ni cuando hace las compras. A eso se suma un fenómeno que excede a Brasil: el sobreendeudamiento de las familias.

Ahí aparecen las dos jugadas más fuertes de Lula a nueve días de la elección. La primera es un plan para que el Estado compre deuda morosa de los bancos con descuentos de hasta el 90%: el ministro de Planificación, Bruno Moretti, anunció que el Gobierno comprará deudas de personas físicas —de hasta 10.000 reales cada una y con entre dos y cuatro años y medio de antigüedad— a través de subastas previstas para noviembre. Según Moretti, el mecanismo reemplaza la negociación individual de cada deudor con su banco por una operación centralizada, en la que el Estado compra las carteras y traslada el descuento directamente a las familias.

La segunda es la ofensiva contra las apuestas online. El Gobierno impulsa una medida provisional que prohíbe todas las formas de apuestas en el país, de aplicación inmediata aunque sujeta a que el Congreso la ratifique dentro de los 120 días. Ambas medidas son parte de una misma estrategia contra el endeudamiento de los hogares: el sector de las apuestas mueve, según la Confederación Nacional del Comercio, más de 30.000 millones de reales por mes. Las encuestas lo respaldan: mas del 75% de los brasileños considera que las apuestas son perjudiciales.

Se trata de una fuerte decisión de Lula para darle a su campaña electoral un último empujón. No es la primera: ya había aumentado el Bolsa Familia, uno de los pilares de su política social, y hoy tiene en danza un proyecto para bajar los días laborales por semana. Pero ese mismo Lula social convive con un Lula pragmático que no duda en incomodar a su propia base cuando el cálculo político lo pide. El caso más claro es el petróleo del Amazonas: el Ibama le había negado a Petrobras, en 2023, la licencia para perforar en la Foz do Amazonas por riesgos ambientales, y Lula presionó públicamente al organismo —al que llegó a acusar de actuar "como si fuera un órgano contra el gobierno"— hasta que la autorización terminó llegando. Lo mismo pasa puertas adentro del propio gobierno: para asegurarse gobernabilidad de cara a octubre, Lula profundizó la alianza con el Centrão, repartiendo ministerios entre PSD, MDB, PP y Republicanos, un guiño hacia el centro y la derecha del Congreso que convive, sin demasiado ruido, con su discurso de izquierda y con su posicionamiento frente a las embestidas de Trump.

Los Bolsonaro van por la revancha

Del otro lado, Flavio Bolsonaro busca devolverle el poder a la extrema derecha. Su padre no pudo hacerlo: cumple prisión domiciliaria por intentar un golpe de Estado. Pero sí logró instalar al bolsonarismo como una fuerza política que llegó para quedarse. La deuda pública, el costo de vida y la inseguridad ciudadana son los ejes de la campaña de Flavio, que hasta ahora eligió no pronunciarse sobre la ofensiva contra las apuestas.

Milei y Trump miran de cerca lo que pasa en Brasil, y los dos se metieron para ayudar a Bolsonaro: Trump, llegó a condicionar a suba de aranceles a que la Justicia libere a su amigo Jair; Milei, cada vez que tuvo un micrófono cerca, incluso en suelo brasileño. La pregunta es si un triunfo de Flavio le disputaría a Milei el liderazgo regional que busca ejercer por su cercanía con Trump: por peso propio, Brasil jugaría un rol mucho más relevante que la Argentina para que Estados Unidos cumpla sus objetivos en América Latina.

Pero más allá de Trump, Milei y la geopolítica, los 158 millones de brasileños habilitados para votar van a decidir según su propia realidad cotidiana: el bolsillo y la seguridad. Y en este contexto, si bien el resultado de la batalla final entre Lula y Bolsonaro lo sabremos en algunas semanas, lo que ya sabemos es que en Brasil la que seguro ganará es la polarización. 

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