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Cuando la máquina entra en la literatura: ¿quién escribe cuando escribe la IA?

Una polémica literaria en Francia expone una pregunta que será cada vez más difícil de esquivar: si una inteligencia artificial participa en la creación de un libro, ¿dónde termina la herramienta y comienza el autor?

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El canadiense Thélyson Orélien negó haber utilizado IA para escribir “C’était ça ou mourir”.

El escritor canadiense de origen haitiano Thélyson Orélien, una de las revelaciones de la temporada literaria francesa, quedó en el centro de una polémica luego de ser acusado de utilizar inteligencia artificial para escribir C’était ça ou mourir, su primera novela y uno de los libros que suenan como candidatos al prestigioso Premio Goncourt.

La polémica que rodea a Orélien abre una discusión que va mucho más allá de saber si utilizó o no inteligencia artificial para escribir su novela.

Orélien negó las acusaciones y la Academia Goncourt pidió prudencia. El escritor adelantó que prepara junto con sus editores un expediente para demostrar la autoría del libro. “Siempre me han gustado la creación y la escritura, no veo por qué recurriría a una máquina”, afirmó a un diario francés. 

Lo curioso es que una de las herramientas utilizadas para poner bajo sospecha su obra es, precisamente, una tecnología basada en inteligencia artificial.

Ahí aparece la verdadera pregunta: ¿qué significa ser autor en tiempos de IA?

El escritor canadiense de origen haitiano Thélyson Orélien.

Un escritor puede utilizar un corrector, un diccionario o un procesador de textos sin que nadie cuestione su autoría. Pero ¿qué sucede si una inteligencia artificial le propone una escena, le reescribe un párrafo o incluso desarrolla parte de una novela?

La frontera ya no parece tan clara.

La discusión tampoco debería reducirse a si la IA “escribe bien”. Puede hacerlo. El problema es qué valor le damos a la experiencia humana que existe detrás de una obra. Una máquina puede escribir sobre el exilio, el dolor o el amor, pero no los ha vivido.

La discusión tampoco debería reducirse a si la IA “escribe bien”. Puede hacerlo. El problema es qué valor le damos a la experiencia humana que existe detrás de una obra. Una máquina puede escribir sobre el exilio, el dolor o el amor, pero no los ha vivido.

Tal vez por eso la literatura enfrenta ahora una pregunta incómoda: ¿nos importa solamente lo que cuenta un libro o también quién está detrás de esas palabras?

La inteligencia artificial ya entró en la literatura. Prohibirla probablemente no sea la discusión central. El verdadero desafío será establecer qué usos son aceptables, cuáles deberían transparentarse y, sobre todo, qué seguiremos entendiendo por autoría.

Porque quizás en el futuro no alcance con preguntar si un libro es bueno. También tendremos que preguntar: ¿quién lo escribió?

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