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Entre derechas e izquierdas, Neuquén mantiene un rumbo cómodo

Lo que se perfila para el año electoral es una reafirmación de rumbos ya evidenciados. La visita del FMI. El acuerdo salarial con estatales.

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Kristalina Georgieva se fue de Neuquén y, a las pocas horas, escribió en el blog oficial del Fondo Monetario Internacional (FMI), un artículo en el que exaltó las bondades del desarrollo energético que evidencia Vaca Muerta, posible, dijo, entre otras cosas, por el “talento” y el “compromiso” del factor humano que lo construyó: abarcó desde quienes trabajan en los yacimientos, hasta quienes ejercen “el liderazgo público”.

Georgieva, repudiada aquí por el ala izquierda político-sindical, en la que no se puede escribir “FMI” sin puteadas en el manual de procedimientos, habló del ejemplo Messi, bailó tango, y, en definitiva, pasó por estos lares vestida del populismo que aquí se ejerce, sea de derecha o de izquierda; es decir, se mostró simpática, atenta, dura (al populismo argentino le gusta la autoridad) y, también, femenina, porque el género es importante, como se sabe, en todo el mundo.

En la misma semana, aquí, en Neuquén, el gobernador Rolando Figueroa, tras dedicarle unos párrafos orales a la directora gerente del FMI aludiendo al “derrame” de Vaca Muerta sobre beneficios para los neuquinos y los argentinos, puso la firma en el acuerdo salarial definitivo, con duración de un año, con el principal sindicato estatal, ATE, y, por ende, con el resto de los gremios del sector público, en una paritaria cuyo resultado fue destacado por las partes como “el mejor del país”, ya que otorga un total de 7 por ciento de incremento salarial además de la actualización trimestral por el índice de precios combinado entre la provincia y la nación: el primer aumento salarial “real” tras muchos años.

El gobierno neuquino no ha tenido problemas con los gremios estatales hasta aquí; y, se supone, no los tendrá, hasta, por lo menos, las elecciones del año próximo. El GPS de la gestión, clavado en la orientación que indica la conveniencia para la provincia, permite navegar estos rumbos, que, en los papeles, se oponen entre sí: Una buena relación con el gobierno de los hermanos Milei (liberal, de derecha), y, también, buenas relaciones con los sectores que representan la otra vereda de la grieta, llámese peronismo, socialismo, radicalismo, populismo, izquierda propiamente dicha.

Fue así desde el principio de la gestión, y lo sigue siendo, aunque en las redes digitales (ese otro mundo, virtual pero existente) se siembre continuamente semillas de la duda. Figueroa no se ha movido de su plan, ni un ápice. Solo ha corregido, con pragmatismo, cuando entendió que había que corregir. Así encara el último tramo de gestión, con rumbo a una candidatura a la reelección de la que todavía no habla.

Los gremios estatales, un sector social de poder político, que no puede menospreciarse en función de la alta representatividad que significan alrededor de 80 mil familias, más allá de que actúan específicamente solo dentro del microcosmos del Estado, tienen diseñado un plan político-electoral, del que todavía no se ha explicitado mucho, pero que, se presume, competirá el año próximo, al menos a nivel parlamentario. Aquí hay que poner atención, porque dudosamente confronten en la categoría ejecutiva: están muy cómodos con el gobierno que les ha otorgado el primer incremento salarial concreto, el que supera lo que indica la inflación, y, por ende, reconstruye algo del poder adquisitivo de los salarios de los empleados públicos.

Así, el proyecto político del gobierno neuquino sigue la traza diseñada al principio, con una alta eficacia constructiva. Se diferencia de los libertarios de moda, y también de los populistas con olor a nostalgia; y, al mismo tiempo, le dedica una sonrisa a cada uno mientras avanza, muy seguro de que la diferenciación solo favorece a su plan, mientras reduce el nivel de confrontación que los otros necesitan, para competir con algún éxito en la hora de las urnas.

La semana, pues, ha dejado una postal bastante clara respecto de cómo se prepara el escenario electoral. Para ello, el gobierno no necesitó hablar nada extraordinario, sino reforzar sus propias decisiones. Desde quienes tienen la obligación de competir contra este modelo, se escuchó la diatriba usual contra el FMI, desde la izquierda, o la retórica acerca de cómo gastar mejor los recursos que proporciona Vaca Muerta, desde la derecha. Si esto sigue así, en un rumbo tan previsible, también lo será el resultado de lo que pase en 2027.

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