¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

Felizmente soy zurdo: sobrevivir en un mundo diseñado para diestros

En el Día Internacional del Zurdo, una mirada en primera persona, con algo de humor, sobre las pequeñas batallas cotidianas de usar la mano “equivocada” y llevarla con orgullo.

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
PUBLICIDAD
Hoy, 13 de agosto, se celebra el Día Internacional del Zurdo.

Fui y sigo siendo un zurdo feliz. Lo digo con orgullo, aunque debo admitir que ser zurdo tiene sus pequeñas complicaciones. Sobre todo porque vivimos en un mundo que, desde tiempos inmemoriales, parece haber sido diseñado por y para diestros.

Somos minoría. Se calcula que alrededor del 10,6 por ciento de la población mundial (entre 800 y más de 810 millones) escribe, come, juega o hace buena parte de las cosas con la mano izquierda. Y entre nosotros hay nombres ilustres: Lionel Messi, Diego Maradona, Leonardo da Vinci, Beethoven y varios otros que, evidentemente, no necesitaron que nadie les explicara que estaban usando “la mano equivocada”.

Hoy, 13 de agosto, se celebra el Día Internacional del Zurdo. Una fecha que nació para llamar la atención sobre las dificultades cotidianas que tenemos quienes pertenecemos a esta curiosa minoría. Y también, por qué no, para reivindicar una forma de hacer las cosas que durante siglos fue vista con desconfianza.

Por suerte, nunca nadie intentó convertirme en diestro. Pero conozco historias de personas a las que sí les pasó. A algunos chicos zurdos los obligaban a escribir con la derecha, les ataban la mano izquierda o los retaban porque utilizaban “la mano mala”.

. Se calcula que alrededor del 10,6 por ciento de la población mundial (entre 800 y más de 810 millones) escribe, come, juega o hace buena parte de las cosas con la mano izquierda.

Por suerte, esos tiempos quedaron atrás. Aunque todavía hay algo de misterio alrededor de nosotros. Basta con recordar expresiones como “te levantaste con el pie izquierdo” para comprobar que la izquierda nunca tuvo demasiado buena prensa. Yo, por ejemplo, todos los días me levanto con el pie izquierdo. Y hasta ahora no he provocado ninguna catástrofe mundial.

Ser zurdo tampoco significa hacer absolutamente todo con la izquierda. En mi caso hay una contradicción que nunca nadie me explicó y que tampoco me preocupé demasiado por investigar: escribo con la izquierda, pero corto con la tijera con la derecha. Sí, soy un zurdo con una pequeña infidelidad manual.

Y ahí aparecen las verdaderas dificultades. Las tijeras fueron durante años un enemigo íntimo. Los cuadernos con espiral, otro. Porque escribir en ellos significaba apoyar la mano sobre ese alambre que parecía diseñado específicamente para incomodar al zurdo. Y después estaba la lapicera. Mientras el diestro escribía tranquilamente y veía cómo las palabras quedaban detrás de su mano, el zurdo avanzaba arrastrando la palma sobre lo que acababa de escribir. Resultado: tinta en la mano, tinta en el puño de la camisa y, en algunos casos, una obra de arte abstracto sobre la hoja de la carpeta.

Ser zurdo tampoco significa hacer absolutamente todo con la izquierda. En mi caso hay una contradicción que nunca nadie me explicó y que tampoco me preocupé demasiado por investigar: escribo con la izquierda, pero corto con la tijera con la derecha. Sí, soy un zurdo con una pequeña infidelidad manual.

Pensándolo bien, también usamos computadoras diseñadas por diestros. Los mouses siguen estando del lado derecho por una cuestión de costumbre. Los pupitres escolares fueron durante décadas una pequeña emboscada. Las latas, algunos utensilios de cocina y hasta ciertas herramientas parecen conspirar contra nosotros.

Los compositores y músicos zurdos son escasos, uno de ellos Ludwig van Beethoven.

Pero uno se acostumbra. El zurdo aprende desde chico que algunas cosas tendrá que hacerlas de otra manera. Aprende a acomodarse, a buscarle la vuelta, a transformar una dificultad en costumbre. Quizás por eso también desarrollamos una especie de paciencia que los diestros desconocen. 

Ser zurdo, después de todo, no es una rareza ni una virtud. Es simplemente una manera diferente de hacer algunas cosas.

Así que hoy, en nuestro día, vale la pena levantar la mano izquierda. Para saludar, para brindar o simplemente para recordar que, aunque seamos minoría, acá estamos. Y si alguien vuelve a decirme que me levanté con el pie izquierdo, le responderé lo mismo de siempre: Sí. ¿Y qué problema hay?

Después de todo, hace muchos años que lo hago y todavía no me fue tan mal. Felizmente soy zurdo.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD