Hace ochenta y cinco años moría Natalio Botana, creador del diario Crítica en 1913, que se convirtió en uno de los medios más poderosos e influyentes del pais. Este uruguayo nacido en 1888, Botana entendió algo que para su época fue revolucionario: el periodismo no podía permanecer quieto mientras la sociedad cambiaba.
Cuando creó Crítica rompió con buena parte de las formas tradicionales de hacer diarios. Grandes titulares, lenguaje popular, policiales, política, literatura y una mirada puesta en las preocupaciones de la calle hicieron del diario un fenómeno de masas. Crítica llegó a superar los 800.000 ejemplares en sus mejores momentos.
Botana entendió que no alcanzaba con tener información. Había que saber cómo contarla. Y quizás allí esté la principal enseñanza que deja para el periodismo de hoy. Porque más de un siglo después la profesión vuelve a atravesar una transformación profunda.
El diario de papel dejó de ser el centro. La radio, la televisión y los portales digitales compiten ahora con Instagram, TikTok, YouTube, X y una infinidad de plataformas.Mientras los medios intentan adaptarse, aparece un nuevo protagonista: la inteligencia artificial. El problema ya no es solamente conseguir información. Información sobra. El verdadero desafío es conseguir que alguien se detenga a leerla.
La atención se convirtió en el recurso más escaso. Los algoritmos deciden buena parte de lo que vemos, muchas veces premiando aquello que provoca reacción antes que aquello que aporta información. Ahí aparece una paradoja. Botana utilizó las herramientas de su época para acercar el periodismo a las masas. Hoy, los periodistas tenemos más herramientas que nunca para llegar a millones de personas, pero compiten por segundos de atención. Además enfrentamos un problema todavía más profundo: la pérdida de confianza.
El periodismo ya no solamente debe informar rápido. Tiene que demostrar por qué merece ser creído. En ese escenario, la inteligencia artificial puede ayudar a buscar, ordenar, procesar y producir información. Pero también puede multiplicar la desinformación, fabricar contenidos falsos y hacer cada vez más difícil distinguir lo verdadero de lo inventado.
Por eso, cuanto más avanza la tecnología, más valor adquieren algunas de las herramientas más antiguas del oficio: preguntar, verificar, contrastar, investigar y estar ahí donde ocurren los hechos.
Quizás el futuro del periodismo consista en hacer aquello que una máquina todavía no puede hacer como un periodista comprometido con su comunidad: entender el contexto, detectar aquello que no cierra, hablar con las personas, conocer el territorio y hacerse responsable de lo que publica.
Botana revolucionó el periodismo porque entendió a los lectores de su tiempo. El desafío de los medios actuales es exactamente el mismo, aunque el escenario sea completamente diferente.
Ya no hay que esperar al canillita en la esquina. Hay que atravesar un océano de información para conseguir que alguien haga clic, mire, escuche o lea. Y después lograr algo todavía más difícil: que vuelva mañana.