No es la primera vez que Neuquén puede mostrar diferencias relativas favorables comparándose con el resto de las provincias que integran este afligido país que es Argentina. Antes fue “la isla”, ahora es “el faro”, y, aunque esas metáforas suenen un poco a apocalipsis en marcha, no dejan de ser descriptivas de una realidad que puede demostrarse con números de la economía.
Así, Rolando Figueroa, que ha cumplido el rito de la temporada de aniversarios, recorriendo distintas localidades de la provincia, lo hizo este año con una renovada fe en las perspectivas favorables. Pudo anunciar que canceló hasta 43 por ciento de la deuda provincial, y que esa reducción terminó con créditos que se habían tomado para, en algunos casos, bancar gastos corrientes, casi un pecado para cualquier administración. Y también pudo enfatizar, con hechos, que tal cuestión se ha conseguido a la par de una obra pública importante, financiada con fondos propios o gestionados antes organismos internacionales.
El ministro de Economía de la gestión, Guillermo Koenig, se encargo de reforzar, con datos, el concepto de diferencia relativa que interesa plantar en escena. Dijo, entre otras cosas, que en Neuquén el consumo en los supermercados aumentó (2,8%) cuando en el país ha bajado (5,5%); que lo mismo ha sucedido con la venta de combustibles, que en la provincia trepó hasta 14 por ciento, contra 2,9 por ciento a nivel nacional. Señaló asimismo otra característica, la del empleo, pues Neuquén ha mostrado uno de los índices de desocupación más bajo (2,3%), frente al 7,5 % que se mide en general en el país.
“Las condiciones económicas nacionales y las macroeconómicas son las mismas para todas las provincias, pero el trabajo de los neuquinos, especialmente en la extracción de hidrocarburos y otras actividades, hace que algunos números acá sean distintos al resto del país”, remarcó Koenig en declaraciones recientes.
No es una novedad, porque ha sucedido antes en Neuquén. De hecho, palabras más o menos, lo dicho por Koenig se puede equiparar a discursos de Pedro Salvatori en los últimos años de la década del ’80 del siglo pasado, cuando fue popular la figura de “la isla” neuquina, mientras la economía del país se derrumbaba; y ocurrió otra vez apenas superada la gran crisis del principio de siglo, de la que Neuquén emergió fortalecida, con el gobierno de Jorge Sobisch, gracias, en buena medida, a los aportes extraordinarios de su rico subsuelo.
Estos ciclos, u “olas” de bonanza extractiva, han caracterizado a Neuquén, y la han diferenciado de las fases nacionales, también cíclicas, pero que nunca pudieron mostrar, en las buenas, avances sociales importantes; y sí mostraron, en las malas, retrocesos horrendos, muchas veces combinados con violencia y desesperanza.
Así las cosas, en cuanto al enfoque y el contexto, lo que está en marcha ahora, con el gobierno de Figueroa, implica un gran desafío, que es conseguir la durabilidad y sustentabilidad de la tendencia marcada por el subsuelo. En este caso, es Vaca Muerta, es la roca más profunda; y el sistema ya no es el extractivo clásico, sino que se caracteriza por las fracturas hidráulicas y la industrialización que significa en cada yacimiento; también es la “ola” más poderosa de la historia neuquina, pues nunca se había registrado esta magnitud de actividad; y, además, será la primera vez que este recurso de los hidrocarburos llegue a la exportación a otros continentes. En concreto: el “faro” es más luminoso y fuerte que “la isla”. Solo resta ver cómo se las arregla Neuquén para transformarse a sí misma, y conseguir un salto de calidad productivo general, que consolide una economía más allá de la roca que hoy le da el sustento.
Aquí es donde juega la importancia del anuncio que hizo Figueroa en uno de los aniversarios de la semana: la reducción de la deuda hasta 43 por ciento, en medio de una coyuntura en la que la coparticipación federal ha bajado. Este dato es valioso, porque implica un mejor control del gasto público, un enfoque afirmado en la inversión para infraestructura, y, a la vez, denuncia que hay una administración consciente de que “la ola” no durará para siempre, y, que, por ende, lo hay que hacer para garantizar sustentabilidad, hay que hacerlo ahora.
Este momento, pues, exige una concentración mayúscula, para no distraerse del factor futuro; pues, ese futuro, le pesa a Neuquén desde hace casi un siglo, sin que, hasta ahora, haya podido resolver el enigma: cómo aprovechar al máximo el trabajo que genera su valioso recurso, mientras convive con el país afligido, que comienza a ver insatisfacciones perpetuas en el reflejo casi obsceno que le muestran las escenas, rayanas con el disparate, surgidas de una Casa Rosada que erradica periodistas y acumula torpezas.