Los números explican una parte de la pelea, pero no toda. Cipolletti recibirá 319,4 millones de pesos mensuales y Roca apenas 50,7 millones, pese a que las dos ciudades crecieron casi lo mismo según el Censo 2022. Detrás de esa diferencia hay algo más profundo: Vaca Muerta cambió el eje económico del Alto Valle, Cipolletti ganó peso y Roca perdió centralidad. Ahora, la discusión por la coparticipación volvió a poner sobre la mesa una pelea que es mucho más grande que unos millones: quién ocupa el nuevo centro de poder de la región y quién llega mejor parado al 2027.
Roca, recibirá apenas el 16% de lo que cobrará Cipolletti. Y, sin embargo, según la polémica medición de 2022 que utilizó la propia Provincia, Roca creció 5,94% en población y Cipolletti 5,73%. Casi lo mismo.
Ese "casi" encendió la discusión. Y con ella volvió una vieja antinomia que nunca desapareció: la ciudad histórica del Alto Valle frente a la vecina que crece de la mano de Neuquén. Es que Cipolletti se subió a Vaca Muerta y Roca no.
La cercanía, la demanda de servicios, el movimiento comercial, las grandes construcciones y la llegada permanente de trabajadores vinculados al petróleo empujaron a la ciudad de Rodrigo Buteler hacia un lugar de poder que ya no disimula.
Los números oficiales muestran algo más: Cipolletti y Fernández Oro, juntas, se quedan con casi la mitad de los fondos que el Gobierno de Río Negro decidió repartir para compensar la coparticipación. Roca, en cambio, quedó en el medio del río. Demasiado grande para ser tratada como una localidad chica y bastante lejos del boom petrolero como para cosechar sus frutos.
Su economía frutícola, que hace décadas dejó de ser sinónimo automático de prosperidad, tiene además una particularidad que pesa en la discusión: está exenta de Ingresos Brutos, una de las tres patas utilizadas para medir la actividad económica de cada ciudad. Lo que no se cuenta, no pesa.
Ahí está el fondo técnico del reclamo roquense: darle más peso a la población -del 40 al 60%- y ampliar la medición económica, incorporando empleo registrado, habilitaciones comerciales y superficie productiva. Son propuestas razonables. También convenientes. Como casi todas las propuestas cuando la política mete la mano en una planilla.
Alberto Weretilneck cerró la puerta. Dijo que la discusión de fondo sobre una reforma de la ley de coparticipación es "para otro momento" y que el problema de origen es que nadie acepta los números del Censo. Su ministro de Gobierno, Agustín Ríos, fue en la misma dirección: no se toca la ley y la compensación sale del Tesoro provincial, sin quitarle recursos a ningún municipio.
El argumento tiene lógica. Si se mueve el cursor hacia la población, algunos ganan y otros pierden. La Provincia eligió no pagar el costo político de modificar una ley y pagar, en cambio, 12.347 millones de pesos al año para compensar las diferencias. Es una salida ingeniosa. También es transitoria.
Y ahí aparece el riesgo de siempre: que lo provisorio termine siendo permanente. O que dure, al menos, hasta que cambie el gobierno.
Pero hay una contradicción que el oficialismo todavía no termina de explicar: si el Censo es tan poco confiable, ¿por qué es la vara que define quién cobra y cuánto?
Los Soria, otra vez
Sería ingenuo leer esta pelea solamente en clave de planillas. La familia Soria manda en Roca desde 2003 y, quien esté en el gobierno provincial, el choque con la Casa de Gobierno forma parte de la historia política de la ciudad. Con sus intendentes de campaña permanente para llegar a Viedma.
María Emilia Soria acaba de lanzarse como candidata a gobernadora para 2027. Y no hay mejor escenario para una aspirante que instalar como bandera la defensa de su ciudad frente a un Gobierno provincial que, según su lectura, "la ningunea".
Tiene números en la mano. Tiene una tabla que muestra a Roca muy por detrás de su vecina. Y tiene una bandera fácil de explicar: una fórmula más equitativa. Además, el reclamo tiene algo que no siempre abunda en política: un punto genuino.
Pero el reverso también existe. La intendenta evalúa si firma un convenio que le trae fondos mientras cuestiona el diseño del reparto. Quedarse afuera sería un gesto político fuerte. También tendría un costo concreto para los roquenses. Firmar y protestar es incómodo. Pero, muchas veces, eso es gobernar. Aún no se saber si María Emilia Soria estará el lunes en Viedma para aceptar los 50 miloones por mes.
El mapa que se mueve
Más allá de esta pelea puntual, hay algo más profundo: el poder del Alto Valle se está reconfigurando. Roca fue el centro político y económico de la región y ve cómo el eje se desplaza hacia el oeste. Hacia el petróleo. Hacia la inversión. Hacia las ciudades que están más cerca del fenómeno Vaca Muerta. Y también hacia los intendentes que tienen mejor llegada al gobernador.
Puede que Soria tenga razón con la fórmula. Puede que Weretilneck tenga razón con el método. Pero hay algo que ya resulta difícil de discutir: Roca no ocupa hoy el mismo lugar que ocupaba hace veinte años. Y la pelea por esos millones, en el fondo, no es solamente por plata.
Es una pelea por el lugar que cada ciudad ocupará en el nuevo mapa del poder rionegrino. Cipolletti sube con Vaca Muerta. Roca reclama con sus frutas. Y el 2027 ya empezó.