El reciente operativo que desbarató un punto de venta de droga en San Martín de los Andes no puede leerse únicamente como un procedimiento exitoso. Lo que ocurrió este fin de semana en la localidad cordillerana es, en realidad, algo más profundo: la confirmación de que el narcotráfico también se mueve en estos territorios y, al mismo tiempo, una señal concreta de que el Estado empieza a llegar a tiempo.
El dato más contundente no es solo el volumen: cerca de 10 kilos de cocaína y marihuana, más de 12 millones de pesos en efectivo, armas y municiones. Es, sobre todo, el contexto en el que aparece. La investigación no comenzó por droga, sino por una causa menor vinculada a objetos robados. Y ese detalle no es menor: habla de un sistema que funciona, de controles que se cruzan y de una capacidad investigativa que permite descubrir lo que, a simple vista, no se buscaba.
Como definió el fiscal jefe Gastón Ávila, “esto parece ser la punta del iceberg”. Y probablemente lo sea. Porque cuando se habla de ese volumen de estupefacientes —con un valor estimado en el mercado ilegal que ronda los 350 millones de pesos— resulta difícil sostener la idea de un actor aislado. Detrás de ese nivel de logística hay organización, hay financiamiento y hay conexiones.
Cuando se habla de ese volumen de estupefacientes —con un valor estimado en el mercado ilegal que ronda los 350 millones de pesos— resulta difícil sostener la idea de un actor aislado. Detrás de ese nivel de logística hay organización, hay financiamiento y hay conexiones.
En este punto, el operativo deja de ser solo un decomiso para transformarse en una oportunidad. La verdadera dimensión del caso no está en lo que se encontró, sino en lo que puede descubrirse a partir de ahora: teléfonos celulares, dispositivos electrónicos, movimientos financieros, posibles proveedores y redes de distribución. Es ahí donde se juega la efectividad real de la lucha contra el narcotráfico.
Porque el desafío no es incautar droga —algo que, aunque complejo, sucede—, sino avanzar sobre las estructuras. Desarmar las cadenas que permiten que esa droga circule, se venda y genere ganancias millonarias. Y para eso se necesita tiempo, coordinación y decisión política y judicial.
El caso suma, además, un elemento que sacude aún más: la imputación de un abogado defensor, encontrado con droga, dinero y un arma pocas horas después de haber intervenido en la causa. Un dato que no solo agrava el expediente, sino que también expone los niveles de permeabilidad que pueden alcanzar estas redes.
Sin embargo, en medio de esa complejidad, hay un aspecto que merece ser destacado. El operativo fue posible gracias a un trabajo sostenido durante varios días, con allanamientos, seguimiento y articulación entre fuerzas de seguridad y el Ministerio Público Fiscal. No hubo improvisación. Hubo investigación.
Hay un aspecto que merece ser destacado. El operativo fue posible gracias a un trabajo sostenido durante varios días, con allanamientos, seguimiento y articulación entre fuerzas de seguridad y el Ministerio Público Fiscal. No hubo improvisación. Hubo investigación. También deja una señal alentadora: cuando el Estado investiga, coordina y actúa, los resultados aparecen.
En una provincia como Neuquén, atravesada por rutas clave y con un crecimiento sostenido en su dinámica económica y turística, el riesgo de convertirse en un punto de tránsito o distribución de droga es concreto. Por eso, cada intervención que logra frenar estas maniobras tiene un doble valor: corta una operación y, al mismo tiempo, envía un mensaje.
El mensaje es claro: hay controles, hay seguimiento y hay consecuencias.
Ahora bien, sería ingenuo pensar que con este operativo el problema está resuelto. El propio fiscal lo dejó en claro: la investigación recién empieza. Y es en esa continuidad donde se medirá el verdadero impacto. Si se logra avanzar sobre otros eslabones, identificar proveedores y desarticular la red, estaremos frente a un punto de inflexión.
Mientras tanto, lo ocurrido en San Martín de los Andes deja una certeza incómoda pero necesaria: el narcotráfico está presente, incluso donde muchos prefieren no verlo. Y también deja una señal alentadora: cuando el Estado investiga, coordina y actúa, los resultados aparecen.
En esa tensión —entre lo que preocupa y lo que empieza a funcionar mejor— se juega hoy la lucha contra el narcotráfico en la región. Y este operativo, sin dudas, marca un paso en ese camino.