¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

Integrantes de una familia gitana condenados por estafas evitaron la prisión mediante un acuerdo con fiscalía

En una semana marcada por decisiones judiciales sobre dos de las causas de fraude más resonantes de Neuquén, vuelve a instalarse un debate de fondo: cómo responde la Justicia frente a las estafas que golpean tanto el patrimonio de las personas como los recursos del Estado. 

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
PUBLICIDAD

La Justicia volvió a cerrar una causa por estafas mediante acuerdos entre la fiscalía, los imputados y las víctimas. Las condenas alcanzan a integrantes de la familia Esteban, todos gitanos. Daniel Esteban recibió 3 años de prisión de ejecución condicional por 10 hechos de estafa, Facundo Gustavo Esteban 3 años de prisión condicional por 8 hechos de estafa y Gabriel Elías Esteban sentenciado a 2 años y 6 meses de prisión condicional por 6 hechos de estafa.

Los condenados admitieron su responsabilidad, reconocieron haber participado en maniobras fraudulentas y aceptaron la condena. Sin embargo, no irán a prisión efectiva. Como parte del acuerdo los integrantes de la familia zíngara entregaron 33 millones de pesos y una camioneta utilizada en una de las maniobras. Aquí no está en discusión la legalidad del acuerdo. La ley permite, en determinados casos, este tipo de soluciones. La verdadera discusión es otra: ¿qué mensaje recibe la sociedad? Porque mientras miles de ciudadanos trabajan todos los días para ganarse el sustento con esfuerzo y honestidad, otros organizan maniobras de estafa, perjudican a varias víctimas y terminan resolviendo su situación con penas condicionales, reglas de conducta y reparaciones económicas.

La fiscalía sostiene que estos acuerdos permiten obtener condenas rápidas, evitar juicios largos y garantizar algún tipo de reparación para las víctimas. Es un argumento válido pero también es válido preguntarse si ese camino alcanza para desalentar a quienes hacen del engaño una forma de vida. Porque cuando las estafas se repiten, cuando aparecen nuevas víctimas y cuando los expedientes muestran un mismo mecanismo delictivo una y otra vez, la sociedad espera algo más que una condena escrita en un papel. Espera una señal clara de que delinquir tiene consecuencias. No se trata de pedir castigos ejemplares por impulso, se trata de proteger la confianza pública. Porque el patrimonio de una familia no es un número. Muchas veces son los ahorros de toda una vida.

De acuerdo con la investigación del Ministerio Público Fiscal, los imputados desplegaron un esquema reiterado de estafas mediante la publicación de vehículos —principalmente camionetas— en redes sociales y plataformas de compraventa, utilizando identidades falsas o perfiles de terceros. Tras contactar a las víctimas, las convocaban a viajar a Neuquén para concretar la compra. En ese contexto, exhibían vehículos y documentación para generar confianza, recibían el dinero y luego alegaban supuestos inconvenientes administrativos vinculados a la AFIP o al Registro del Automotor para justificar la falta de transferencia. Con ese argumento postergaban la entrega de los vehículos hasta interrumpir completamente el contacto, dejando a las víctimas sin las unidades adquiridas. E l dinero para comprar un vehículo, el esfuerzo de años de trabajo y cuando ese esfuerzo desaparece por una estafa, el daño no se mide solamente en pesos, se mide en angustia, frustración y desconfianza.

Si el objetivo del sistema penal es prevenir nuevos delitos, ¿qué efecto producen estas decisiones? Porque la Justicia no sólo debe resolver expedientes también debe transmitir un mensaje. Y ese mensaje debería ser claro para todos que quien elige vivir del engaño sepa que tarde o temprano responderá por sus actos, y que las víctimas nunca sientan que el sistema fue más rápido para cerrar una causa que para reparar el daño que sufrieron. 

Las condenas condicionales a integrantes de la familia Esteban y la revisión de la absolución por asociación ilícita en la causa de los planes sociales reavivan una misma pregunta: ¿alcanzan estas respuestas para reparar el daño, desalentar nuevos delitos y devolverle a la sociedad la confianza en las instituciones?

 

Planes Sociales la batalla que todavía no terminó

El Ministerio Público Fiscal y la Fiscalía de Estado, en una audiencia que comenzó este viernes, buscarán revertir la absolución por asociación ilícita en las estafas con Planes Sociales. Un tribunal de impugnación revisará la sentencia dictada en la causa.  La causa por la millonaria estafa con los planes sociales en Neuquén todavía tiene capítulos por escribir. Ahora, el Ministerio Público Fiscal y la Fiscalía de Estado decidieron avanzar para intentar revertir la absolución por el delito de asociación ilícita.

Y la pregunta que vuelve a instalarse es inevitable. ¿Puede una maniobra de semejante magnitud haber sido solamente la suma de delitos individuales? ¿O existió una organización con roles definidos, coordinación y permanencia en el tiempo? Ese es el verdadero debate. No se trata solamente de una discusión jurídica, se trata de comprender cómo fue posible que durante tanto tiempo se desviaran fondos públicos destinados a quienes más los necesitaban… Porque el dinero de los planes sociales no era de ningún funcionario. No era de ningún gobierno, era dinero de todos los neuquinos. Y cada peso desviado significó menos recursos para quienes realmente dependían de esa ayuda.

La Fiscalía sostiene que existen elementos para insistir con la figura de asociación ilícita. Será la Justicia la que deba resolver si esa calificación corresponde o no. Pero más allá de la decisión judicial, hay una realidad que nadie puede discutir. La estafa existió. El Estado fue defraudado y la confianza de la sociedad quedó profundamente golpeada. También hay otra discusión que no puede evitarse, las responsabilidades institucionales. Porque una maniobra de semejante dimensión obliga a preguntarse quién controlaba, quién debía detectar las irregularidades, quién permitió que el sistema siguiera funcionando sin advertir —o sin impedir— el fraude.

La corrupción no aparece de un día para otro, crece cuando fallan los controles, cuando desaparece la transparencia y cuando el Estado deja de vigilar el destino de los recursos públicos. Por eso esta nueva etapa de la causa es mucho más que una apelación, es la oportunidad de responder una pregunta que todavía sigue abierta. ¿Estamos frente a hechos aislados o frente a una estructura organizada para defraudar al Estado? La sociedad merece una respuesta clara porque uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia de Neuquén no puede terminar dejando más interrogantes que certezas.

La corrupción no solamente roba dinero, roba confianza, roba credibilidad y roba oportunidades. Mientras no se conozca toda la verdad, con todas las responsabilidades que correspondan, la herida institucional seguirá abierta… Porque cuando se defrauda al Estado, no pierde un gobierno pierden los ciudadanos. Y ellos tienen derecho a conocer toda la verdad, caiga quien caiga.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD