Todos los discursos políticos y sociales que se precien de “republicanos” y “democráticos” deben prestar especial atención al rol de los Poderes Judiciales en la organización y control del poder público. Se habla de división de poderes, de control ciudadano, de independencia judicial, de idoneidad para los cargos públicos. Se habla del perfil de las personas que la sociedad elige para cumplir la altísima función de decidir los conflictos de la gente, las necesidades de la gente. Hablo de los jueces y las juezas, por supuesto.
Está abierto hace años un debate público sobre las condiciones en las que el Poder Judicial ejerce su función, el conjunto de características que hacen al rol del juez. Se critica las formas de selección cuando no son transparentes, no son independientes o no son severas. Se critica la duración de los mandatos de los jueces que cuando son vitalicios parece que provocan sensaciones en algunos de inamovilidad a prueba de cualquier error. Se critica los elevados niveles salariales y las exenciones en impuestos que se perciben irritantes en un contexto social achatado y frente a un servicio de justicia lento, de baja calidad, de imposible comprensión para el ciudadano promedio. Y el Poder Judicial en lo institucional y una abrumadora mayoría de jueces y juezas de la Provincia creen que el problema de su desprestigio, mala imagen y desconfianza pública estaría en la información que difunden los medios de comunicación. Los jueces creen que el problema son las noticias que se difunden sobre la labor judicial. Eso es un grave error de percepción de parte de los jueces, pensar que la crisis profunda de imagen, confianza y prestigio del servicio de justicia es un producto periodístico. Es un error grosero que no mira la realidad diaria, cotidiana y humana de las cosas.
El problema de la Justicia no son los medios de comunicación ni algunos periodistas o portales. El problema de la Justicia son los malos Jueces. Los jueces que han bloqueado sus sentidos ante la necesidad y exigencia de la sociedad. Son los jueces que no ven, no oyen, no sienten, no huelen. Son los jueces insensibles y apáticos, desentendidos de las consecuencias humanas de sus decisiones. Esta semana que cerramos nos entrega dos actuaciones judiciales que suman en el deterioro de la imagen social, la confianza pública y el nivel de credibilidad de la Justicia.
El problema de la Justicia no son los medios de comunicación ni algunos periodistas o portales. El problema de la Justicia son los malos Jueces. Los jueces que han bloqueado sus sentidos ante la necesidad y exigencia de la sociedad. Son los jueces que no ven, no oyen, no sienten, no huelen. Son los jueces insensibles y apáticos, desentendidos de las consecuencias humanas de sus decisiones. Esta semana que cerramos nos entrega dos actuaciones judiciales que suman en el deterioro de la imagen social, la confianza pública y el nivel de credibilidad de la Justicia.
Por un lado, nos enteramos que en Junín de los Andes luego de una sentencia penal de condena de un Jurado Popular que encontró responsable penalmente a una persona por femicidio y luego de haberse decretado la extensión de la prisión preventiva que cumplía el condenado, un Tribunal de Revisión revocó ese criterio y dispuso que un condenado por femicidio recibiera el trato flexible y privilegiado de una detención domiciliaria. Me refiero a la situación de Jorge Octavio Linco que provocó la muerte de Corina Mabel Mena. Un hecho aberrante, con el imputado que intentó fugar y esconderse justo donde ahora le permiten esperar cómodamente finalmente declarado responsable penal por un Jurado Popular que recibe el beneficio por decisión de las juezas Carolina González y Laura Barbé. El Juez de Garantías Ignacio Piombo había decidido la prisión preventiva por riesgo de fuga, la otra Jueza del Tribunal de Revisión Leticia Lorenzo, estuvo de acuerdo en mantener esa medida. Pero las juezas Carolina González y Laura Barbé prefirieron que el femicida declarado mejore su situación después de la condena, pasando de prisión preventiva a detención domiciliaria. ¿El mundo del revés, no?
A mayor certeza sobre la comisión del delito menor severidad de las condiciones de detención. Inexplicable. Como inexplicable el dolor adicional que le provocan estas juezas a la familia de la Señora Mena que no pueden salir de su asombro y de su dolor, ahora irresponsablemente incrementado por una decisión judicial controversial. Si, es verdad que los medios han titulado “Polémica” y “Malestar”, entre muchos títulos similares pero el problema no son los medios de prensa, señoras juezas el problema es la forma en que ustedes ejercen su función, las decisiones que toman, el impacto de esas decisiones.
El Juez de Garantías Ignacio Piombo había decidido la prisión preventiva por riesgo de fuga, la otra Jueza del Tribunal de Revisión Leticia Lorenzo, estuvo de acuerdo en mantener esa medida. Pero las juezas Carolina González y Laura Barbé prefirieron que el femicida declarado mejore su situación después de la condena, pasando de prisión preventiva a detención domiciliaria. ¿El mundo del revés, no?
Una burla al dolor de la familia así lo ha calificado la hija de Mabel Mena. Una burla. Los jueces y las juezas se deben sacar las anteojeras y destapar sus oídos, vean y escuchen. Su función no puede limitarse a hacer aplicación de laboratorio de vaya a saber qué postura ideológica o principista que las aliente. Escuchen y vean el rechazo generalizado de la comunidad de Junín de los Andes que perdió en forma brutal a su integrante que la llora y la extraña. Ustedes provocan más dolor y más daño.
En forma casi simultánea conocimos que otro Juez de Garantías de Neuquén, el doctor Juan Manuel Kees decidió rechazar la formulación de nuevos cargos contra Gloria Ruiz y otras personas y de ampliar cargos contra otras personas además de señalados originales. El juez Kees, en este caso, determinó que el trabajo de presentación del caso de parte de la Fiscalía Penal de Delitos Económicos y la Fiscalía de Estado, estuvo mal hecho, incompleto, confuso, contra la ley y determinó que Gloria Ruiz, ex vicegobernadora de la Provincia, removida por la Legislatura provincial quedara eximida de un agravamiento de acusación penal por otros hechos y junto a otras personas.
¿Qué nos muestra la decisión del juez Juan Manuel Kees con ese rechazo? Un nuevo episodio de la pulseada entre jueces y fiscales que solamente perjudica a la sociedad. Una vez más asistimos a un hecho en el que un juez Penal corrige el trabajo de la Fiscalía Penal y de Estado, aplicando un criterio paternalista al marcar quién tiene la autoridad para tener o no tener por formulados los cargos.
El juez Kees determinó que el trabajo de presentación del caso de parte de la Fiscalía Penal de Delitos Económicos y la Fiscalía de Estado, estuvo mal hecho, incompleto, confuso, contra la ley y determinó que Gloria Ruiz, ex vicegobernadora de la Provincia, removida por la Legislatura provincial quedara eximida de un agravamiento de acusación penal por otros hechos y junto a otras personas.
Desde hace varios años escucho que en este sistema penal adversarial y acusatorio, el juez no es la figura central, no es el protagonista, sino que lo es el fiscal. ¿Será que el Juez Penal no tolera no ser el protagonista? ¿Será un problema de marquesinas? ¿De cartel? ¿De ubicación en los créditos de una obra teatralizada? En apariencia la sociedad en general y nosotros como ciudadanos en particular, tenemos más información y más claridad que muchos de los Jueces de Garantías de la provincia del Neuquén que hacen esfuerzos que parecen torpes para demorar las decisiones, desviarlas, complicarlas. ¿Por qué se obstruye una investigación en el marco de una causa que ya lleva años de trámite? ¿A quién perjudica y a quién beneficia? A la sociedad, a usted y a mi, seguro no. Ya no se trata de encasillar en Jueces Garantistas o no, se trata de estar desenfocado de la realidad, de los temas que son agenda diaria de la sociedad de los hechos de corrupción que la comunidad quiera conocer, sancionar y desterrar. Carolina González, Laura Barbé, Juan Manuel Kees, posiblemente pocas personas los conozcan de nombre o los ubiquen de cara pero sus decisiones provocan significativos impactos en la comunidad, en su confianza, en su tranquilidad, en su necesidad de seguridad.
Omitir el cumplimiento de lo debido es correrse del rol asignado por la sociedad, es cobardía, es aprovechar los privilegios, pero sin asumir las responsabilidades. Profundizar el daño y el dolor es provocar a la sociedad. El dolor y el daño deben ser respetados. Provocación, apatía y cobardía en la función, no son problemas de los medios de comunicación son malos productos de un servicio de justicia que necesita repensarse desde las bases y cimientos mismos. Actuar desde cómodas posiciones a distancia, sin compromiso, sin escuchar ni ver agrava el daño y el dolor de las familias perjudicadas por el delito, y es provocación pura.
La cobardía en la función judicial no puede ser tolerada ni callada. El problema no son los medios ni es la comunicación son las decisiones judiciales que toman personas que fueron seleccionadas para algo que habrá que controlar si está bien o mal hecho.