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La reasunción del símbolo Ruca Che en los nuevos tiempos de la política

La concretización de un acontecimiento deportivo en la provincia se celebra como un hecho positivo, muy a tono con una coyuntura de fuerte crecimiento.

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La fecha de la Copa Davis que se juega en Neuquén es, sin duda, un hecho importante, no solo por lo que implica en sí misma, como capítulo deportivo de relevancia internacional, sino por su significación general, expandida a todos los rubros, desde el turismo a cualquier otra actividad económica que se beneficia, directa o indirectamente, en razón de esa importancia.

Para dimensionar lo que Neuquén ha conseguido con su Ruca Che, hay que viajar un poco en el tiempo, cuando se organizó, en el mismo lugar -recién inaugurado- el preolímpico de básquetbol, en 1995, cuando gobernaba la provincia Jorge Sobisch, en el último año de su primer mandato.

Sobisch designaría después como subsecretario de Juventud, después también de Deportes, en 2002, a quien es hoy el gobernador de la provincia, Rolando Figueroa, quien condujo la subsecretaría, después secretaría de Estado, hasta el 2006. Antes, en 2001, en el Ruca Che también se había jugado el premundial de básquetbol, con el germen de lo que después sería nombrada como la generación dorada en ese deporte, de Argentina al mundo.

El Ruca Che tuvo momentos muy relevantes, entonces, a fines del siglo pasado y principios de este. Después, entró en una zona gris y en un cierto abandono. Ahora, parece recuperar su lugar y su relevancia como emblema deportivo de la provincia. Estos contrastes tienen todo que ver con la política y sus cambios, con el enfoque que cada gobernador ha aplicado con el objetivo de mejorar Neuquén y su inserción en el país y en el mundo.

Ahora, Vaca Muerta

Con Figueroa, y en un contexto de país muy singular, marcado por la asunción al gobierno nacional de Javier Milei, en 2023, Neuquén ha acrecentado significativamente su singularidad, evidentemente muy potenciada por el fuerte desarrollo de Vaca Muerta, que la ha posicionado como principal productora de hidrocarburos, a punto de comenzar una inédita etapa de exportación.

Los indicadores que se utilizan desde la estadística económica, le dan muy bien a Neuquén. El último de estos datos, el de ocupación y desocupación laboral, mostró a Neuquén con el desempleo más bajo (3,2 por ciento) de la región patagónica (6,3 por ciento). Este rubro fue mostrado por el gobierno de Figueroa como una muestra concreta de qué es lo que se hace con los mayores recursos originados por Vaca Muerta.

En esa dirección, el gobierno destacará su línea de procurar al máximo que la producción de hidrocarburos deje señales concretas de mejoras en la vida de los ciudadanos neuquinos. No es menor esto, para una actividad que siempre se ha señalado como simplemente extractiva, productora de una riqueza que se va para otros lares.

Se llevaban todo

Esa era la denuncia permanente allá por los ’80, de aquella década en la que Marcelo Berbel escribió “El embudo”, décimas que después, en los ’90, grabara y proyectara fuertemente al mundo León Gieco, junto a Mercedes Sosa y otros artistas importantes de aquel tiempo: “Si nuestro sudor sirviera, harían un sudoructo”, escribió en aquella canción Berbel, el hombre que -especialmente este año- ha sido puesto en primer lugar de la valoración iconográfica neuquina.

Hoy parece solucionarse esa aparente contradicción entre producir mucho, y llevárselo a otros lugares, dejando muy poco acá. Vaca Muerta sigue extrayendo, ahora por el sistema de frácking y pozos horizontales, con otra tecnología, pero ya no hay un gobierno local que se queja por la riqueza que se va, sino una actitud, y una política, que, ayudada por cambios legales registrados a lo largo de las últimas décadas, destaca en números concretos la importancia de ser la propietaria del recurso que se está explotando.

Así, la multiplicación de obras de infraestructura, de servicios, particularmente en educación, se exhiben como resultado concreto de cada partícula de gas o petróleo que se extrae de las profundidades de la roca madre; y, lo más importante, se ha tomado consciencia plena de lo fugaz que será, medido en generaciones, este proceso, por lo que se enfatiza en la duración de la ventana productiva, y la necesidad de acelerar en un aprovechamiento económico general, en el que se apunta, y se avanza, en dos frentes fundamentales: el turismo, y el riego para ganar tierras productivas para la industria agropecuaria.

Todo esto se pondrá en valor político el año próximo. Se estima que, para esta altura del año, habrá elecciones en Neuquén; y cada pieza del gigantesco rompecabezas, va encajando en el plan para sostener cuatro años más el camino comenzado por la actual administración del Estado.

Todos saben esto, más allá de las formas que se eligen desde cada sector para ganar la tajadita propia, y proyectar chances futuras.

De ahí esta parábola político-deportiva, que conecta tiempos distintos y ambiciones semejantes, y que provocará realidades nuevas, se supone (o se desea) mejores que las que ya han pasado.

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