La declaración de la emergencia meteorológica por seis meses en Neuquén, motivada por un temporal de magnitud histórica que desnudó la vulnerabilidad de gran parte de la provincia —con rutas destruidas, caminos anegados y poblaciones aisladas— abre un debate inevitable y urgente sobre la falta de prevención estructural.
Abordar esta medida desde un punto de vista crítico permite señalar varias cuentas pendientes de la gestión pública frente a fenómenos climáticos que, si bien son intensos, no son del todo imprevisibles: Reacción tardía y dependencia de la "emergencia". El colapso de la infraestructura vial y productiva, falta de obras hídricas de envergadura: los argumentos oficiales sobre cañadones secos que volvieron a correr después de décadas o lluvias "que no se veían hace 70 años.
La naturaleza tiene una manera implacable de mostrarnos nuestras debilidades y el temporal que golpeó a Neuquén dejó mucho más que caminos destruidos, rutas intransitables y poblaciones aisladas. Dejó al descubierto una deuda histórica. Una deuda que no nació con esta tormenta y que tampoco nació con este gobierno. Porque sería demasiado sencillo responsabilizar a las actuales autoridades provinciales por problemas de infraestructura que Neuquén arrastra desde hace muchos años.
No se trata de afirmar que todas las consecuencias de este temporal pudieron evitarse. Estamos hablando de un fenómeno meteorológico extraordinario pero tampoco podemos permitir que la excepcionalidad de la tormenta borre décadas de decisiones políticas. Las responsabilidades históricas no desaparecen porque haya cambiado el gobernador
Durante décadas, nuestra provincia recibió importantes recursos provenientes de la explotación de sus riquezas naturales. Hubo gobiernos que administraron períodos de extraordinarios ingresos. Hubo presupuestos millonarios. Hubo anuncios, proyectos y promesas. Y, sin embargo, muchas necesidades estructurales siguieron esperando. Por eso hoy corresponde mirar hacia atrás. Preguntar qué hicieron las anteriores administraciones provinciales para preparar a Neuquén frente a su crecimiento. Qué obras se planificaron, cuáles se ejecutaron, cuáles quedaron pendientes y por qué tantos caminos y accesos estratégicos continúan siendo vulnerables.
En ese contexto, también es justo reconocer que la actual gestión provincial ha comenzado a transitar un camino diferente, con una política de inversiones en infraestructura destinada a recuperar parte de ese atraso histórico. El gobierno de Rolando Figueroa recibió una provincia con numerosas obras pendientes y necesidades acumuladas durante décadas. Revertir esa situación no es una tarea que pueda completarse en dos o tres años, pero resulta importante destacar que hoy existen proyectos, obras en ejecución y una decisión de destinar recursos para mejorar una infraestructura que durante mucho tiempo no acompañó el crecimiento neuquino.
No se trata de afirmar que todas las consecuencias de este temporal pudieron evitarse. Estamos hablando de un fenómeno meteorológico extraordinario pero tampoco podemos permitir que la excepcionalidad de la tormenta borre décadas de decisiones políticas. Las responsabilidades históricas no desaparecen porque haya cambiado el gobernador. La gestión de Rolando Figueroa recibió una provincia con importantes necesidades de infraestructura y corresponde reconocer que está impulsando inversiones y obras para enfrentar parte de ese atraso.
También corresponde reconocer la respuesta de los organismos que trabajaron durante la emergencia. Pero una cosa es valorar lo que se está haciendo y otra muy distinta es renunciar a exigir resultados. Porque los gobiernos actuales no son responsables de haber originado todos los problemas heredados. Pero sí tienen la responsabilidad de trabajar para resolverlos y esta emergencia también puso sobre la mesa otra cuestión preocupante
Los gobiernos actuales no son responsables de haber originado todos los problemas heredados. Pero sí tienen la responsabilidad de trabajar para resolverlos y esta emergencia también puso sobre la mesa otra cuestión preocupante.
El secretario general del Sindicato Petrolero, Marcelo Rucci, advirtió que los trabajadores podrían dejar de ingresar a los yacimientos si las empresas no reparan los caminos y accesos afectados. Denunció situaciones de operarios que permanecieron hasta 36 horas en los campos petroleros, con dificultades para recibir relevos y asistencia. Son hechos denunciados que las empresas deben esclarecer y atender porque estamos hablando de Vaca Muerta. De una actividad que moviliza inversiones extraordinarias. De compañías que exhiben cifras de producción cada vez más importantes y de trabajadores que sostienen diariamente esa riqueza
¿Cómo puede ser que una industria de semejante magnitud tenga dificultades tan graves para garantizar accesos seguros a sus instalaciones? Aquí las responsabilidades también deben quedar claras. El Estado debe atender las rutas públicas y la infraestructura que le correspondE. Las empresas deben asumir sus obligaciones respecto de los caminos operativos y la seguridad de sus trabajadores. Y nadie debería pretender que una tormenta sirva como explicación permanente para justificar deficiencias que requieren inversiones y mantenimiento.
Durante demasiado tiempo, Neuquén creció más rápido que su infraestructura, Y esa diferencia tiene consecuencias. La vemos en rutas saturadas, en localidades que necesitan servicios, en accesos insuficientes y ahora también en los daños que dejó el temporal. Por eso sería saludable que las anteriores autoridades provinciales también respondieran por las decisiones que tomaron y por las obras que no llegaron a concretarse. No para buscar culpables de una tormenta sino para comprender por qué nuestra provincia llegó a esta emergencia con tantas vulnerabilidades. Y hay algo que debemos evitar. Que la discusión se transforme en una pelea entre el pasado y el presente. Porque mientras la política distribuye responsabilidades, hay vecinos que necesitan caminos, trabajadores que necesitan seguridad y localidades que esperan soluciones.
Durante demasiado tiempo, Neuquén creció más rápido que su infraestructura, Y esa diferencia tiene consecuencias. La vemos en rutas saturadas, en localidades que necesitan servicios, en accesos insuficientes y ahora también en los daños que dejó el temporal. Por eso sería saludable que las anteriores autoridades provinciales también respondieran por las decisiones que tomaron y por las obras que no llegaron a concretarse
La emergencia meteorológica declarada por seis meses puede ser una herramienta necesaria para actuar con rapidez. Pero esa rapidez debe ir acompañada de transparencia y controles. Y, sobre todo, de una planificación que no termine cuando mejore el tiempo. Neuquén necesita reconstruir lo que se dañó. Pero también necesita corregir lo que durante años no se hizo. Necesita infraestructura adecuada para su crecimiento, prevención y que las inversiones públicas y privadas acompañen la dimensión económica que está alcanzando.
No sería justo responsabilizar al gobierno actual por décadas de atraso. Pero tampoco sería responsable permitir que esa herencia se convierta en una excusa indefinida. A las anteriores gestiones hay que preguntarles qué hicieron con los recursos y las oportunidades que tuvieron. A las actuales autoridades hay que exigirles que continúen las obras, corrijan las deficiencias y preparen mejor a Neuquén para el futuro. A las empresas petroleras hay que recordarles que producir más nunca puede significar cuidar menos a sus trabajadores. Porque una provincia no se vuelve grande solamente por la riqueza que extrae de su subsuelo, se vuelve grande cuando transforma esa riqueza en seguridad, infraestructura y bienestar para su gente.
La tormenta fue extraordinaria pero la obligación de planificar no empezó con la tormenta, empezó hace décadas y quienes tuvieron la responsabilidad de gobernar Neuquén durante esos años también deben formar parte de esta discusión. Porque el temporal pasa pero las consecuencias de lo que no se hizo permanecen.