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Trump y su acuerdo con Irán: ¿fracaso histórico o estrategia para ganar tiempo?

Trump firmará un acuerdo con Irán, pero nadie sabe todavía si es una capitulación histórica o el primer movimiento de una partida más larga.

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Trump anunció que el estrecho de Ormúz será liberado,

El acuerdo que Donald Trump anunció en las últimas horas corre el riesgo de transformarse en el peor legado que su presidencia le deje al mundo: un Irán que se siente ganador hará del planeta un lugar mucho más peligroso de lo que ya es. Sin embargo, hay elementos para creer —aunque de ninguna manera para asegurarlo— que esta decisión de Trump es parte de una estrategia para cumplir lo que prometió el día que decidió iniciar la guerra y que hoy parecen muy lejanas: que el régimen iraní iba a caer y con él todas sus amenazas, la militar y, sobre todo, la nuclear. Pero vayamos por partes.

Lo poco que se sabe sobre lo acordado muestra que Irán podría quedar más fortalecido que cuando comenzó la guerra. A partir del alto el fuego del 8 de abril, el régimen percibió debilidad en Trump. Se dio cuenta enseguida de que el presidente de la principal potencia militar del mundo no quería continuar la guerra. Irán demostró, con relativamente pocos recursos, que podía convertir el estrecho de Ormuz en un caos y arrastrar con ello a buena parte de la economía mundial. Le dejó en claro a Trump que para alcanzar sus objetivos necesitaría un despliegue militar sin precedentes —operaciones terrestres de envergadura, bombardeos masivos— y que aun así no se le garantizaba el triunfo. Por eso Trump nunca dio la orden de reanudar el conflicto. Su debilidad contrastaba con el mensaje de la teocracia fundamentalista iraní: nunca se rendirán.

Casi dos meses después del inicio de la guerra, el régimen no cayó. Aun debilitado en lo militar y en lo nuclear, primero demostró capacidad de adaptación al descabezamiento de su liderazgo. Después de mantenerse en pie frente al poderío de Estados Unidos y de haber atacado a casi todos los países de la región, ahora negocia de igual a igual con Trump. También le manda una señal clara a sus socios Hamas y Hezbolá: les demuestra que resistir puede garantizarles un mañana. Con muy poco, Irán vuelve además a proyectar poder militar sobre la región, en particular sobre los países del Golfo, que ahora saben bien que el régimen —con sus ataques sobre infraestructura sensible— ató su destino al de ellos.

Es verdad que Irán deberá liberar el estrecho de Ormuz, es decir, volver a la situación de preguerra. Pero no parece una concesión tan significativa si se tiene en cuenta que a cambio comenzará a recuperar parte de sus activos congelados y que se eliminarán sanciones. Además, Irán sabe ahora que no necesita mucho para volver a estrangular buena parte del comercio petrolero global.

Si finalmente se confirma, quizás lo más importante que Trump pueda mostrar de todo esto es que Irán habría aceptado renunciar a su reserva de uranio enriquecido de alto grado (mas de 400 kilos según la OIEA) como parte del acuerdo con Estados Unidos. Sería un alivio considerable para él y para Benjamin Netanyahu, aunque es difícil imaginar que el líder israelí esté satisfecho con el paso que ha dado Trump: Bibi no confía en los iraníes y está convencido de que, para que Irán deje de ser una amenaza, es imprescindible garantizar la destrucción total de su programa nuclear. ¿Cómo? Con la continuidad de la guerra a la que Trump acaba de renunciar.

Como respuesta a eso, Trump dirá que se abren 60 días de negociación en los cuales se garantizará que los iraníes no solo declaren que no aspiran al uso militar de la energía nuclear, sino que serán limitados como nunca antes para asegurar que eso se cumpla. También falta información sobre qué ocurrirá con el arsenal de misiles balísticos de largo alcance, que Irán siempre se ocupó de potenciar en los períodos de calma.

Todos estos temas son importantes, pero para Trump no son prioritarios como sí lo son, por ejemplo, para Israel. Con este acuerdo, Trump consiguió lo que más quería y lo que necesitaba de manera urgente: reabrir el estrecho de Ormuz. Por eso no debería sorprender que, al anunciar el acuerdo en su red social, se refiriera únicamente a que el pacto "prevé que se reabra el estrecho de Ormuz", y llamara a todo lo demás "otros elementos". Trump lo necesitaba ahora, y esa urgencia lo llevó a dejar abiertos, para futuras discusiones, demasiados temas sumamente delicados.

¿Hay algo detrás?

Quienes todavía creen que Trump es incapaz de cometer semejante error estratégico argumentan que el calendario le jugó una mala pasada y que volver a golpear a Irán ya no era políticamente viable en este momento. Pero todo podría volver a empezar en otro escenario internacional y doméstico.

Detrás de la decisión de Trump fue evidente la presión de Pakistán, Qatar y Arabia Saudita a la que Trump parece que no puede resistirse. El liderazgo árabe no quiere que se reanuden los ataques que volverían a incendiar la región. Despues dos meses muy difíciles, necesitan estabilidad. Sobre todo Arabia Saudita que en estos días concentra alrededor de un millón y medio de fieles para la peregrinación anual a La Meca que se extenderá hasta fin de mes. 

El inicio del Mundial de fútbol el 11 de junio también pudo haber pesado en la decisión: durante más de un mes, miles de personas y representaciones de los 48 países participantes inundarán las calles de Estados Unidos. Una guerra de la magnitud necesaria para intentar voltear al régimen iraní cubriría esos escenarios bajo la sombra de un posible ataque terrorista, ya sea de células durmientes o de lobos solitarios. Demasiado riesgo y demasiada responsabilidad en un contexto done la Casa Blanca volvió a ser escenario de un violento ataque que tenía como destinatario a Trump .

En el plano doméstico, el alto el fuego también le sirve a Trump para descomprimir su agenda interna y encarar las elecciones de medio término con el precio de la gasolina posiblemente en baja. Eso dejaría conformes, además de al ala de los republicanos que no quiere continuar la guerra, a votantes independientes cansados del conflicto. Trump necesita aliviar el frente interno.

Por último, el cese del fuego permitirá liberar a alrededor de 1.500 buques y a sus aproximadamente 22.000 marineros, retenidos como rehenes por la Guardia Revolucionaria en el Estrecho de Ormuz. El llamado "Proyecto Libertad" no logró hacerlo. Este nuevo escenario lo haría sin riesgo militar adicional.

La pregunta que queda abierta es si Trump tomó esta decisión para descomprimir la situación y dejar que los iraníes, durante estos 60 días de negociación, le demuestren al mundo que no tienen intención de cumplir el acuerdo. Si eso ocurre —y el tiempo lo dirá—, un Trump ya libre de los condicionamientos electorales y en otro escenario global podría actuar con una determinación que hoy no tiene. El tiempo dirá si lo que Trump acaba de acordar con Irán se transforma en uno de los mayores fracasos de la política exterior de Estados Unidos, o apenas en el preludio de un escenario donde nada ni nadie le impida cumplir sus amenazas.
 

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