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Argentina aporta 23% de la producción regional de gas y busca nuevos mercados

Argentina ya representa el 23% de la producción de gas de América Latina y el Caribe. Un análisis plantea que el próximo desafío es integrar infraestructura, regulación y mercados.

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Miércoles, 02 de septiembre de 2026 a las 13:25
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El crecimiento del shale gas cambió la posición argentina dentro del mapa energético regional.

América Latina tiene cada vez más gas natural, importantes reservas convencionales y no convencionales y una extensa red de gasoductos, pero enfrenta un problema menos visible: lograr que esos recursos puedan circular entre los países de manera competitiva, confiable y con reglas que permitan sostener las inversiones.

En ese escenario, Argentina y particularmente Vaca Muerta aparecen como una de las principales piezas de una eventual integración energética regional. El planteo surge de un análisis elaborado por Rodrigo Senne, especialista en energía y estrategia, quien advierte en Energy Report sobre una brecha entre la disponibilidad de recursos y la capacidad de integrarlos comercial y regulatoriamente.

La región, sostiene, produce más gas, pero todavía no cuenta con una arquitectura suficiente para aprovecharlo plenamente.

Los datos más recientes muestran el cambio. En marzo de 2026, América Latina y el Caribe produjeron unos 22.000 millones de metros cúbicos de gas natural, un 5% más que en marzo de 2025 y también un 5% por encima de febrero. Argentina encabezó la producción regional con una participación del 23%, seguida por Trinidad y Tobago, con 21%, y Brasil, con 15%. Más atrás quedaron Bolivia y México, con 10% cada uno; Venezuela, con 9%; Perú, con 7%; Colombia, con 5%; y Ecuador, con 1%. Para Argentina, el dato refleja la transformación provocada por el desarrollo de los recursos no convencionales de Vaca Muerta, que permitió modificar el perfil de producción gasífera del país.

De la escasez al potencial exportador

El crecimiento del shale gas cambió la posición argentina dentro del mapa energético regional. Durante años, el país tuvo restricciones para abastecer su demanda interna y debió recurrir a importaciones en los períodos de mayor consumo. El desarrollo de Vaca Muerta permitió revertir parte de esa situación y generar excedentes con potencial para abastecer mercados externos.

Según el análisis, la experiencia argentina demuestra que la disponibilidad geológica no alcanza por sí sola. El salto productivo requirió inversiones, capacidad operativa, infraestructura y una estrategia comercial. La producción de gas convencional cayó durante la última década, mientras que el shale gas ganó participación hasta convertirse en uno de los principales motores del sector. Ese crecimiento abre una oportunidad para ampliar las exportaciones, pero también plantea la necesidad de contar con más capacidad de transporte y con acuerdos de largo plazo que permitan sostener la inversión.

Brasil aparece como el gran mercado

La posibilidad de profundizar la integración regional adquiere especial importancia por el vínculo entre Argentina y Brasil. El país vecino aparece como uno de los principales mercados potenciales para el gas argentino, impulsado por el crecimiento de su demanda industrial y por la necesidad de contar con generación firme en un sistema eléctrico que incorpora cada vez más fuentes renovables variables.

En paralelo, Brasil continúa desarrollando su producción offshore, particularmente en el Presal, por lo que una mayor integración regional dependerá también de la competitividad relativa de las distintas fuentes de abastecimiento. Un estudio de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLADE) y CAF proyectó que una mayor integración gasífera entre los países del Mercosur y Chile podría generar intercambios comerciales cercanos a US$5.000 millones anuales, respaldados por inversiones superiores a US$25.000 millones en infraestructura.

Más gasoductos para conectar la oferta

Las simulaciones realizadas por OLADE plantean que, bajo escenarios de mayor integración regulatoria, flexibilización tarifaria y crecimiento de la demanda, los intercambios regionales podrían alcanzar entre 60 y 70 millones de metros cúbicos diarios (MMm³/día). Actualmente, los flujos potenciales se ubican en torno de los 35 a 40 MMm³/día.

Para alcanzar ese escenario sería necesario desarrollar unos 6.000 kilómetros de nuevos gasoductos y más de un millón de HP de capacidad de compresión. Las inversiones estimadas varían según cada corredor, con montos que pueden ubicarse entre US$500 millones y US$5.000 millones. El desafío, por lo tanto, no pasa solamente por producir más moléculas. También implica construir la infraestructura necesaria para transportarlas y establecer reglas comerciales y regulatorias que permitan garantizar contratos, precios competitivos y financiamiento.

La oportunidad para Vaca Muerta

Para Neuquén, el proceso tiene una importancia directa. El crecimiento de Vaca Muerta convirtió a la provincia en el principal núcleo de la expansión gasífera argentina y le dio al país una nueva posición frente a los mercados regionales. La discusión que se abre ahora es cómo transformar ese crecimiento productivo en una plataforma exportadora de largo plazo.

La integración con los países vecinos aparece como una de las alternativas. Para concretarla, América Latina deberá resolver una paradoja: cuenta con recursos, demanda e infraestructura construida durante décadas, pero todavía necesita coordinar esos activos bajo un esquema común que haga posible mover el gas allí donde sea necesario. En ese escenario, Vaca Muerta no sólo representa una fuente de producción para Argentina, sino también uno de los recursos que podrían contribuir a modificar el mapa energético de toda la región.

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