La escalada del conflicto en Medio Oriente ya empezó a sentirse en el mercado energético argentino. El aumento del precio internacional del petróleo, las restricciones logísticas en el Golfo Pérsico y la tensión sobre el suministro global obligaron al Gobierno y a las petroleras a cerrar un acuerdo transitorio para contener el impacto sobre los combustibles en surtidor.
Así lo señaló un informe de la consultora Economía y Energía, dirigida por Nicolás Arceo, que analizó cómo la guerra entre Estados Unidos e Irán alteró el equilibrio energético global y abrió un escenario de alta incertidumbre para productores, refinadoras y consumidores.
Según el reporte, el conflicto interrumpió parte del tránsito comercial en el Estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio mundial de hidrocarburos. La menor disponibilidad de crudo y gas natural licuado generó un fuerte incremento de precios internacionales y elevó los costos de transporte energético.
En ese contexto, Argentina activó un esquema de desacople parcial para amortiguar el traslado de la crisis internacional al mercado local. El acuerdo fijó una referencia interna para el barril de petróleo en torno a los 90 dólares durante 45 días, buscando moderar el impacto sobre naftas y gasoil.
El mecanismo fue negociado entre productores, refinadoras y compañías integradas, y funciona como una compensación diferida: las petroleras absorben parte del desfasaje entre el valor internacional y el doméstico, con la expectativa de recuperar márgenes más adelante.
“El acuerdo no implica un congelamiento de combustibles”, aclaró el informe. Los precios en surtidor seguirán ajustándose por variaciones del tipo de cambio, impuestos y biocombustibles, aunque el objetivo oficial es evitar un traslado inmediato del shock internacional.
La consultora advirtió, sin embargo, que cuanto más se prolongue el conflicto bélico, más difícil será sostener el esquema actual. El deterioro de márgenes en refinación y el aumento del pasivo entre empresas podría generar nuevas tensiones en toda la cadena energética.
El trabajo también puso el foco en el impacto social de la crisis. Aunque los precios de los combustibles en Argentina no se encuentran en máximos históricos en términos reales, la caída del poder adquisitivo amplificó el peso de la energía sobre los ingresos.
De acuerdo al informe, el salario registrado promedio de 2026 se ubica un 10% por debajo de su promedio histórico medido en litros de nafta, mientras que la canasta básica muestra una reducción más moderada del 3%.
En términos reales, el precio de las naftas y el gasoil todavía permanece por debajo de los niveles registrados entre 2010 y 2015, período en el que los combustibles alcanzaron sus máximos históricos tras la reestatización parcial de YPF.
Actualmente, los combustibles en Argentina se ubican cerca del promedio regional. Uruguay y Chile mantienen los precios más altos de Sudamérica, mientras que Brasil y Colombia muestran valores más bajos.
El reporte sostuvo además que el impacto global del conflicto es desigual. Asia aparece como la región más golpeada por las restricciones en Ormuz, ya que concentra entre el 85% y el 90% del petróleo que atraviesa ese corredor marítimo. China e India son los principales afectados por el encarecimiento energético.
En paralelo, la interrupción parcial de exportaciones de GNL desde Qatar obligó a varios compradores internacionales a redireccionar demanda hacia Estados Unidos y otros proveedores alternativos.
Para Argentina, el nuevo escenario abre oportunidades y riesgos. Por un lado, el fortalecimiento del precio internacional mejora las perspectivas exportadoras de Vaca Muerta y aumenta el atractivo del petróleo y gas argentino. Pero, al mismo tiempo, incrementa la presión interna sobre inflación, tarifas y combustibles.
El reporte consideró que el país atraviesa una etapa de transición delicada, donde la política energética busca sostener inversiones y producción sin generar un salto brusco en los precios domésticos. En ese marco, el Gobierno apuesta a extender o reformular acuerdos privados de precios para contener la volatilidad mientras persista la incertidumbre geopolítica internacional.